viernes, 13 de julio de 2012

Goya coco, la Feria de Málaga y Don Miguel



Siempre me ha gustado el coco, y siempre he tenido que esperar a comprarlo en los tenderetes de la Feria de Málaga, hasta que empezaron a aparecer en las fruterías. Entonces, el problema pasó a ser cómo demonios abría el coco. Con el primero, me pasé un buen rato dándole martillazos por toda la casa y aquéllo no se abría ni a la de tres. Empecé en el suelo de la cocina, lo perseguí por el lavadero, luego por el pasillo y tuve que rendirme después de dar un espectáculo lamentable con el martillo en la mano y cara de psicópata. Al día siguiente la frutera me dijo que antes había que hundirle los ojos con un destornillador porque si no, imposible. Me dio grima...

De modo que asocio los cocos con la Feria, y la Feria con Don Miguel, el párroco de La Malagueta en los años 60. Era Don Miguel un cura antiguo, de los de sotana y beso en la mano por parte de la chiquillería cuando lo veíamos por la calle. Un hombre particular, sus misas eran de todo menos aburridas y eso que las decía en latín hasta que llegó El Vaticano II y le quitó misterio a la cosa. Sus sermones eran peculiares, porque hablaba de lo que le venía en gana pero sobre todo de política, que para aquellos tiempos ya había que tener valor.


Sus opiniones y ocurrencias eran muy comentadas. Una vez que tocaba hablar de la Anunciación de María, dijo que lo de que se quedara embarazada - del Espíritu Santo, claro - seguro que fue un escándalo, porque La Virgen y San José todavía no se habían casado por la Iglesia. Otra vez, fue a comulgar una madre con su niño pequeño en brazos y, cosa de los nenes, quiso agarrar la Sagrada Forma, así que le dijo ¡Nene, caca!, que era lo que se le decía a los niños cuando iban a tocar algo que no debían.
 Un día estaba confesando en el confesionario, como debe ser, y el parroquiano de turno no se enteraba de lo que le decía y, ya cansado, le dijo gritando: hijo mío, ¿tú no serás un 'Fulanitez', verdad? Era de dominio público que los 'Fulanitez' tenían tendencia familiar a la sordera, de modo y manera que a partir de ahí, toda la iglesia se enteró de qué iba la cosa.


Hasta finales de los 60, teníamos que ir a misa a la capilla de las monjitas de El Hospital Noble, estábamos de prestado mientras se construía la parroquia. Era y es una capilla pequeña y como no cabíamos todos, mucha gente oía misa desde el jardín y a los niños nos gustaba subir al coro, desde allí se veía mejor. Más de una vez, Don Miguel, en mitad de la consagración se dirigía a los parroquianos: los de la puerta, que se aparten que no ven los del jardín. No era un liturgo precisamente, la solemnidad no era lo suyo. Pero era muy buena persona y todos lo queríamos mucho.

Imagen tomada del diario SUR


El verano del 67 se montó la Feria en el parque y los cacharritos estaban justo delante de la capilla del Hospital Noble. Era domingo y estábamos en misa de once, hacía calor, los niños bullíamos en el coro, los del jardín con el cuello estirado como siempre, llegó el momento de la consagración y se escuchó a grito pelado:

I... wonder if one day that, you'll say that, you care
If you say you love me madly, I'll gladly, be there
Like a puppet on a striiiiing...

Unos feriantes habían puesto la megafonía a todo meter y Sandie Show nos cantó de cabo a rabo su Marionetas en la cuerda, con la que había ganado el Festival de Eurovisión de aquel año. Don Miguel miró a las alturas, no se sabe si con desesperación o con santa devoción y los demás seguíamos la musiquilla con entusiasmo. Fue mucho mejor que lo de las guitarras y cánticos que invadieron las iglesias tiempo después.

El coco me lleva a la Feria, la Feria me lleva a aquel domingo en que Sandie Show amenizó una misa y de ahí, a Don Miguel y sus ocurrencias, esto técnicamente se conoce como cadena de pensamientos pero para mí son recuerdos que me hacen sonreír.

Ingredientes.
1/2 litro de helado de vainilla. Si puede ser de vainilla de Jamaica, mejor. En caso contrario, unas gotas de esencia de vainilla solucionan el problema, pero tiene que ser esencia, no aroma.
1 botella de 1 litro de cava de buena calidad. Yo prefiero el Brut.
1 lata de leche de coco de la marca Goya.

Elaboración.
Tener el helado en el congelador hasta el último momento.
Enfriar bien la botella de cava.
Colocar todos los ingredientes en la batidora de vaso y batir hasta que se integre el conjunto.
Servir inmediatamente en copas de boca ancha.






viernes, 6 de julio de 2012

Pipirrana de huevas y las vocaciones infantiles


Cuando yo era pequeña, nos traían a todos fritos con la famosa preguntita: Y tú, ¿Qué quieres ser de mayor? Porque había días que lo tenías claro pero en cambio otros, preferías que te dejaran más rato antes de ir a la cama, por ejemplo y no tenías ganas de complicarte la vida. Siendo ocho hermanos, siempre había alguno en edad de soportar el interrogatorio. Una de las pequeñas tuvo un tiempo la duda existencial de ser o artista o monja, yo tuve mi época de bailarina de ballet, pero quien se definió desde muy pronto,  era otro de los peques: quería ser torero. Tanto, que con cinco o seis añitos le pidió a los Reyes Magos un kit completo:  capote de paseo, montera, capote de briega, banderillas, muleta y estoque. Toreaba divinamente de salón y se sabía la lidia entera, lo hacía él todo, lo que no deja de tener su mérito.

Pasábamos los veranos en la finca de Alhaurín El Grande, porque mi madre quería que cambiáramos de aires ya que vivíamos a pie de playa. Allí nos íbamos a corretear por la huerta, nos bañábamos en la alberca y por las tardes después de la merienda jugábamos a juegos de mesa, adivinanzas, contábamos cuentos, leíamos... no había tele. Los días eran largos y las noches oscuras como debe ser, nada de farolas ni luces en mitad del campo, era un descanso para la vista.




Una tarde estábamos en el rancho de los colonos Antonio y Frasquita, y apareció el futuro rival de El Cordobés que estaba en su mejor momento por aquellos años: mi hermano envuelto en el capote de paseo, con su montera puesta, pinturero y rubio.  Sonriente, guapísimo y muy torero, hizo el paseíllo, saludó a la concurrencia, se desmonteró, cambió la seda por el percal y empezó la lidia. Recibió al toro imaginario con unas verónicas muy bonitas, terminando con una larga que fue muy aplaudida. Luego el tercio de banderillas, que también salió a la perfección. Brindó al público que aplaudimos a rabiar, agarró la muleta y la espada, y comenzó la faena al primero de la tarde.

Empezó con unos naturales, siguió con unos derechazos y terminó la serie con el pase de pecho.
- ¡Ole, ole y ole! To-re-ro, to-re-ro, jaleábamos todos encantados de disfrutar una vez más del arte del niño. Al dar la vuelta para instrumentar unas chicuelinas, se topó cara a cara con el  becerrito que criaba todos los años Antonio el colono, que se había levantado sin hacer ruido, lo había traído desde el comedero y lo sujetaba con una cuerda. El animal no abultaba más que un perro gran danés, era muy pequeñito. La promesa del toreo se puso pálido, saltaron los trebejos por los aires y pies para qué os quiero. Salió pitando cuesta arriba hasta la casa principal donde estaba nuestra hermana mayor con una amiga que pasaba unos días con nosotros y entró como un rayo.

- El toro, el toro,¡Antonio ha soltado al toro!
- ¿Pero qué toro? ¿Qué dice este niño?

Por si sí o por si no, cerraron la puerta, la atrancaron, subieron a la planta de arriba y se asomaron al balcón a ver si se enteraban de algo. Se oían las carcajadas desde el rancho, y a mi madre que decía.
- Antonio, pero qué ocurrencias tiene usted, mire el susto que se ha llevado mi niño, hombre...
- Señora, ji el animalito no jace ná, que eh mu chico...
A partir de ahí, decidió que lo que quería ser era bombero para tocar los tambores en Semana Santa.


La pipirrana es una comida de verano, refrescante y liviana. Admite casi de todo: atún en conserva, gambas cocidas, restos de carne asada, o huevas de merluza cocidas como esta de hoy. Siempre le pongo huevos cocidos, que le dan un buen sabor y textura al mezclarse con el aliño de la vinagreta.

Ingredientes.
400 gr de huevas de merluza cocidas.
1/2 kg de tomates de ensalada, maduros y rojos.
1/4 de pimientos verdes de freír.
300 gr de cebolla o cebolleta.
2 huevos duros.
Aceite de oliva virgen.
Vinagre de vino blanco. También se puede usar vinagre aromatizado.
Sal.

Elaboración.
Cocer las huevas:
Llevar a ebullición agua con sal, unos granos de pimienta, una hoja de laurel y un chorrito de vinagre. Es importante que se pongan en el agua justo cuando empieza a hervir, así no revientan.
Lavar los tomates, quitarles las pepitas (yo los pelo, pero no es imprescindible) y cortarlos en cuadraditos muy pequeños, o sea en brunoise.
Hacer lo mismo con los pimientos y las cebollas o cebolletas.
Picar muy menudos los huevos.
Disponerlo todo en un cuenco grande y aliñar con la vinagreta.
Mezclar muy bien.
Entrar al frigo y servir bien fría.





viernes, 22 de junio de 2012

Mermelada de cerezas, las tres preguntas y el deshuesador


Cada vez que compraba algo para la casa, desde que nos casamos, Manuel y yo teníamos el mismo diálogo que consistía básicamente en contestar tres preguntas, a las que seguía una conclusión.
1º. Éso... ¿Qué es?
2º. ¿Para qué sirve?
3º. ¿Dónde lo vas a poner?
4º. Conclusión: no cabe.

Como el día que llegué con una mesita velador, que seguimos el guión acostumbrado:
- Manuel, ¡mira lo que he comprado!
- Éso, ¿qué es?
- Hijo, por Dios, una mesita velador... Yo diría que un tablero redondo de madera con taracea, sobre un pie, también de madera que acaba en tres patas pequeñitas, no tiene misterio ninguno.
- Y ¿Para qué sirve?
- Pues para poner una lamparita de lectura, o un jarrón pequeño con flores, o el libro que estés leyendo... yo qué sé.
- Uhmm... y ¿Dónde lo vas a poner?
- En esa esquina, justo al lado de la butaca orejera.
- No cabe. 
Era divertido, porque con el tiempo ya me sabía el protocolo, casi podía anticipar la conversación. Hasta que el día que aparecí con el deshuesador, que me ganó por la mano.
- Mira lo que traigo.
- No me digas más: ¡es un abridor antiguo, sirve para abrir las latas de una manera extraña, lo vas a colocar en el cajón de los cachivaches de la cocina, y sí cabe! 

Menos en lo de qué era y para qué servía, acertó en lo demás ¿Es listo o no es listo mi Manuel? De esto hace ya más de 20 años, y contra todo pronóstico, el deshuesador no se ha perdido en ninguna de las mudanzas que hemos hecho, ahí sigue en la cocina, que cada vez está más llena de aparatos, instrumentos y moldes, y todavía siguen cabiendo.



Si yo me pierdo, que me busquen en las ferreterías antiguas de Málaga, que allí estaré mirando embobada los escaparates, que me gustan hasta las hileras de llaves Allen o las llaves combinadas, ordenadas por tamaños, a quien se le diga... Y los muestrarios de tiradores de puertas, o los llamadores de esos que son una manita que agarra una bola, o la cabeza de un león, que yo no me he comprado ninguno porque eso sí que no le iba a hacer gracia a mi Manuel; o los taladros que en Málaga llamamos guarritos, porque los primeros que tuvimos aquí eran de la marca Warrington y claro, como la fiebre de los idiomas no había llegado se quedó en guarrito, de manera que si un malagueño te dice que va a por el guarrito para hacer un agujero en la pared, no hay que creer que se va a liar a dar golpes con el cerdito Babe, es que va a por el taladro, cosas nuestras.

Y es que en las ferreterías no me importa esperar mi turno, sobre todo si hay algún fontanero comprando esas cosas que piden ellos: codos, tuberías de tanto y cuanto de diámetro, latiguillos, sifones...  que no sé cómo tengo valor, porque todavía recuerdo el primer fontanero que vino a casa, y cuando llegó Manuel le dije tan tranquila que había tenido que cambiar el bote sinfónico, no podía parar de reír y se tiró una temporada diciendo: oye... ¿Y cómo dices que se llamaba éso que tuvo que cambiar el fontanero? Pues por lo que me cobró, bien podía tener música.

El deshuesador viene muy bien para vaciar las aceitunas y las cerezas que, si os gustan tanto como a mí y hacéis mermelada, ahorra mucho trabajo. 




Ingredientes.
Cerezas en su punto de madurez.
El mismo peso de fruta limpia y deshuesada, de azúcar.
El zumo de un limón.
Un chorrito de Kirsch (opcional).

Elaboración.
Lavar, quitar el rabillo y deshuesar las cerezas. Pesarlas.
Pesar la misma cantidad de azúcar blanquilla normal. También se puede poner mitad y mitad de azúcar blanquilla y azúcar moreno, pero entonces el color no queda tan brillante, se oscurece un poco.
Colocar en una cazuela amplia el azúcar y las cerezas por capas, empezando y terminando con azúcar. Dejar reposar unas horas, yo lo dejo toda la noche en el frigo.
Añadir el zumo del limón, y llevar a fuego medio. Remover a menudo.
No es necesario espumar.
A los 30 minutos, aproximadamente, estará lista. Se comprueba echando unas gotas sobre un plato limpio, poner el plato vertical, y deben resbalar muy lentamente.
Apartar del fuego y triturar con la batidora de mano hasta conseguir la textura que queramos.
Por último, verter el Kirsch.
Llenar los tarros en caliente, tapar y dejar enfriar boca abajo para que hagan el vacío.






lunes, 11 de junio de 2012

El taller de pan de pipirrana, no sólo de pan vive el hombre.


Estaba yo tan tranquila en mis asuntos, cuando recibí un correo de Canal Cocina, que me invitaban a una comida de blogueros cocineros andaluces en La Reserva del Pastor.  Aquí está la entrada que publiqué, en la que cuento cómo conocí a un grupo que se llama Pipirrana. Me invitaron a formar parte de ellos, o no recuerdo muy bien si fui yo quien se invitó y me aceptaron, el caso es que ¡ya soy pipirranera! 


El sábado pasado fuimos a un taller de pan artesano, a casa de Conchi Paniagua, un ático precioso donde vive con su marido Carlos y su hija Paula, encantadores los tres, y un vecino que vive en el ático de al lado, claro,  pero que parece de la familia. Se llama Antonio y es gallego. Estaba hablando con nosotras y Laurita le dijo:
- ¿Usted tiene horno?
- Uhmm... creo que sí; es más, a veces lo abro a ver si sale algo de allí pero nada...
Aparte de hacernos reír,  dejó que usáramos su horno y ya puestos, invadimos su frigo con parte de la comida que llevábamos para todo el día.


Conchi y su marido Carlos nos contaron que Antonio es un entendido en gastronomía y que guisa muy bien.


Esto son sólo parte de los postres, las tapas y los platos principales eran muchos más.




Laura Piñero lo organizó todo a la perfección, hizo un cuadernillo para cada uno con las recetas de pan que íbamos a preparar.
Con fotos y todo...

Llegamos, lo preparamos todo, nos lavamos las manos porque somos muy limpios y nos pusimos los delantales. Todo el mundo se colocó el paño de cocina como los cocineros, a la cintura, menos yo que todavía no he aprendido cómo se hace y se me caía a cada rato, así que le dije a alguien que estaba junto a mí: bueno, pues ya me secaré yo las manos en el paño de cualquiera que pase por mi lado, no hay problema.


Laura explicó la técnica, el material básico que es una barbaridad de cosas. Tengo que comprarme una rasqueta y una cuchilla de greñado, para  hacer cortes a los panes, lo demás ya lo tengo. Luego nos dijo los panes que íbamos a hacer:

  • Pan cateto.
  • Pan de cerveza negra y avena.
  • Pan integral con pasas y nueces.
Éramos tres grupos que a tres panes por grupo, hacían nueve panes de más de kilo y medio. Gracias a que el vecino nos prestó su horno, terminamos de hornear alrededor de las seis y media de la tarde, si no a lo mejor todavía estamos allí con la faena.

Me apunté al grupo de Ceci, Olimpia y Mari Carmen que empezábamos con el pan cateto para nuestra comida. Fue el único que amasé un poco, el resto como eran de masa húmeda, me daban mucha angustia, la masa húmeda se pega a todos lados y parece que nunca se va a poder manejar.


Esta es la masa húmeda, que se hace con masa madre líquida, que es esta de aquí. Hace años usé esta masa madre, pero le tomé manía porque me dijeron que había que refrescarla cada tres días y era como tener un Tamagochi, venga a refrescar, una esclavitud.




Menos mal que Reme me dijo que no era para tanto, que la refrescara el día anterior a amasar, qué descanso. Ella me dio ésta que ya tengo en el frigo y la pienso usar y todo.

Entre amasados y levados, nos encajamos en las doce del mediodía, hacía una temperatura agradable en ese precioso ático. Empezamos a tapear y para cuando se puso la mesa con la comida ya estábamos todos llenos pero seguimos comiendo porque allí había maravillas de platos, los pipirraneros son maestros en el arte culinaria, de verdad.


Estas son dos composiciones de los platos, que he cogido del blog de Ana, Aquí está su blog. Hizo unas fotos preciosas. Todo el mundo hace fotos preciosas, los blogueros tiramos de cámara nada más ver algo de comer, es algo compulsivo. Mi Manuel a veces me dice con mucha guasa Qué, ¿hoy comemos sin tener que esperar a las fotos? Yo me río...



En resumen, fue un día para recordar, aprendí mucho, me divertí, compartí tiempo con personas increíbles y acogedoras... y no tengo más remedio que hacerme amiga del Tamagochi que guardo en el frigo. Comprobé una vez más, que no sólo de pan vive el hombre, lo que importa son las personas que te rodean, eso sí que es alimento del bueno: dibuja sonrisas en la cara, da brillo a los ojos y rejuvenece más que cualquier tratamiento de colágeno ¿Es o no? Pues eso.

 Mi cariño y besos a los pipirraneros malagueños ¡sois los mejores!

Estos son los blogs de los pipirraneros, visitadlos que os van a encantar.

Reme
Laurita
Elisa
Ana
Rafa
Ceci
Mª Ángeles
Mari Carmen
Maribel
Lidia
Leo
Olimpia





lunes, 4 de junio de 2012

Zarzuela de mariscos, el Mediterráneo y el ojo de Horus


Yo tengo un amigo, hermano de Mediterráneo porque los que vivimos en las costas del Mare Nostrum, somos así: hermanos y amigos. Se llama José Soler, es médico analista, culto, divertido y tiene una web que es una maravilla Aquí.  Estoy en deuda con él, me dedicó una entrada y yo - Noblesse oblige - le dedico ésta porque se lo merece, y porque tengo mucho gusto y fina voluntad en hacerlo.

En el Mediterráneo, que literalmente significa  Mar rodeado de tierra, es donde se fraguó todo lo que conocemos como civilización occidental. A los fenicios, los griegos los llamaron phoinix, o sea Púrpura - la manía de poner motes al personal - porque elaboraban el tinte púrpura  a partir de los Murex brandaris, las cañaíllas que comemos por aquí y que tanto nos gustan. Los fenicios eran cananeos, de Canaán la tierra que Yahvéh prometió a Abraham y con esta excusa, los invadieron por la cara y pagaron ellos las promesas divinas. Ya podía haberle prometido salud, dinero y amor, que es lo que quiere todo el mundo y dejar que importunar a los fenicios que no tenían la culpa de nada, que siempre pasa lo mismo.

Los Fenicios fueron los primeros viajantes de comercio o agentes comerciales que  se llaman ahora. Y de paso, también fueron las primeras compañías mineras, llegando hasta Río Tinto en Huelva, donde extraían plata que entonces había por allí. Iban de acá para allá comerciando y vendiendo cada fraude que ríete tú de las falsificaciones de los chinos, porque hasta vendían productos egipcios con jeroglíficos falsos al resto de los mediterráneos, listos que eran. No es de extrañar que más tarde, en los s. III - II a.C. los romanos se liaran a guerra limpia con ellos, por mor de los dineros, que es por eso que se montan las guerras de toda la vida.


Son fundaciones fenicias en España, Gadir (Cádiz), Abdera (Adra) y Malaka (Málaga), con razón a los malagueños nos gustan tanto las cañaíllas, lo llevamos en la sangre o ADN, que queda mucho más fino. De aquel tiempo son los ojos que todavía se ven pintados en las bandas de proa de las barcas malagueñas, las jábegas los llevan. Dicen  que son el ojo de Horus de los egipcios, un amuleto que protege a los navegantes y que los fenicios también copiaron y más tarde los griegos hicieron una adaptación: los Ophtalmoi que ya suena más a médico especialista.



La historia de Horus es otro relío de familia, como todos los mitos. Osiris era un dios, y su esposa  Isis era una diosa.  Osiris reinaba en el Egipto Antiguo y era bueno para reventar, y todo iba de maravilla. Un día tuvo que ir de viaje y dejó al cargo del reino a su esposa Isis, que también era muy buena. Y aquí aparece el villano de la historia: Seth, que era un envidioso y se ofendió porque su hermano no lo dejó a él como gobernador, así que lo mató a la vuelta, lo metió en un cofre y lo tiró al Nilo. Isis buscó a su marido y lo encontró pero Seth, como la envidia no descansa, robó el cadáver y lo partió en catorce pedazos, más que nada,  para seguir molestando a su hermano y a su cuñada. Pues Isis, fue rebuscando los trozos, encontró todos menos el pene, vaya faena, pero le dio lo mismo, porque le insufló vida de todas maneras y tuvieron relaciones póstumas, lo que ya es el remate de los tomates. Según Plutarco que lo cuenta así, dice que se impregnó de él. Una fecundación osmótica en toda regla, como eran dioses, se lo podían permitir.

Total, que nació Horus y como buen hijo, quiso vengar a su padre, retó a su tío Seth, el de la envidia y de resultas de la bronca, perdió el ojo izquierdo, y de ahí viene la explicación de cuando todo empieza a salir mal que decimos: parece que me ha mirado un tuerto. El ojo se lo reconstruyó al final Thot, el dios tres veces sanador, el Hermes trimegisto griego, primer neurocirujano plástico de la historia. Desde entonces, el ojo de Horus era capaz de ver toda la maldad y proteger a los que lleven su amuleto, un ojo azul que todavía lleva mucha gente para conjurar el mal de ojo, la pobreza, la enfermedad... todo eso. Yo tenía uno que me trajo de regalo una amiga que viajó a Egipto, pero lo perdí y últimamente no veo bien de cerca, no sé yo...



Después vinieron los griegos, los romanos, los godos, los árabes y los turistas que son los nuevos invasores. Pero lo que más nos une en este Mare Nostrum, son las hogueras de San Juan, fiesta antigua para celebrar el solsticio de verano. En la noche del 23 al 24 de junio, todas las playas se encienden de hogueras,  se hacen conjuros, se salta el fuego y la gente se baña en el mar entrando de espaldas. En Málaga quemamos los Júas y en Alicante - de donde es José - es fiesta grande. Cada noche de San Juan tomo conciencia de mi esencia mediterránea y este año con más razón, tengo un amigo en Levante.


Ingredientes. Para ocho personas.
2 kg de pescado blanco: rape, cabracho, gallineta, etc.
1 kg de calamares.
1 kg de almejas.
1 kg de gambas.
1 kg de cigalas.
2 kg de mejillones.
1 bogavante (opcional)
1 langosta (si se puede, y entonces ya es ópera de mariscos)
Salsa de tomate.
4 ó 5 dientes de ajo.
50 gr de almendras crudas peladas.
Azafrán (no colorante).
Aceite.
Sal.

Elaboración.
Limpiar y trocear los calamares en anillas.
Limpiar el pescado, trocearlo, pasarlo someramente por harina y freírlo. Reservar.
En el mismo aceite, hacer la salsa de tomate con cebolla, ajos y tomate triturado o tomate rallado.
Limpiar y cocer los mejillones al vapor, quitar una de las valvas y reservar. Colar el caldo que hayan soltado y añadir a la salsa de tomate. Tostar el azafrán y añadirlo también al tomate. Yo uso azafrán molido, que es muy cómodo.
Majar en el mortero las almendras y 2 ó 3 dientes de ajo y añadir la picada también al tomate.
En una paella o en una cazuela de barro el pescado frito, los calamares y el marisco crudo. Bañar con la salsa de tomate. Calentar a fuego medio.
En este momento, trocear el bogavante.
Cuando el marisco empiece a tomar color, añadir el bogavante troceado, a los pocos minutos las almejas y en cuanto se abran, apartar y servir.














viernes, 25 de mayo de 2012

Meat loaf y el extraño cuadro flamenco en Virginia


En los años 70 los estadounidenses no acostumbraban a viajar fuera de su país, excepto los de la Navy que, como cantaban los Village People eran los que podían surcar los siete mares, bucear, volar, aprender ciencia, tecnología, oceanografía y, en definitiva hacer sus sueños realidad, que ya es decir. El resto de ellos nos veían a los europeos en general como gente rara y a los españoles en particular como gente ya exótica y medio moros, que hasta uno me preguntó un día: España, ¿cae antes o después de la India?, y a mí se me puso una carita...

Un día llamaron a casa los de la tele del estado de Virginia, para invitar a mi hermana Rosa a un programa matinal, de esos que ve la gente mientras desayuna, para que bailara flamenco y de paso hablaban de la colonia de españoles de la zona. Rosa siempre ha bailado flamenco estupendamente, ella fue la que más aprovechó los años de clases de baile con el maestro Rosén en Málaga donde fuimos todas nosotras. Así que me dijo:
- ¿Te vienes a bailar conmigo a la tele?
- Pues bueno.
- Que dicen que si podemos ir unas cuantas, en plan cuadro flamenco.
- Pues bueno.

Avisamos a todas las españolas pero sólo se atrevió una amiga de Rosa, que era de Cádiz y estaba casada con un norteamericano, al resto le daba vergüenza, no sé porqué, las únicas que teníamos que bailar éramos Rosa y yo. Y me acordé de mi amiga Bernardette, una francesa que estaba allí de au pair y resulta que dijo que sí, total como le dije que era para hacer bulto, pues no le importó. Ya éramos cuatro y al final también llevamos a la hija de la amiga de Rosa, una preciosidad de cinco añitos.


Cuando ya se nos había olvidado el asunto, llamaron para decir que la semana siguiente grababan el programa. Elegimos la música, nos probamos los trajes de gitana, a Bernardette le pusimos uno de Rosa y el día convenido nos presentamos en la emisora. Llevábamos el disco con la música,  los trajes, cuatro sillas de enea con su mesita a juego, unos mantoncillos y hasta un botijo y un cántaro de barro para dar ambiente andaluz.

Ya preparadas, entramos en el plató y nos recibieron los presentadores que nos miraron y preguntaron si éramos las españolas, porque la única morena, morena, era Rosa. La gaditana, castaña clara y Bernardette, la nena y yo rubias con los ojos azules. Quedaba raro. Bernardette no dijo ni pío porque habíamos quedado en que no hablara, por si acaso. Encendieron los focos y ya no veíamos nada, vaya luz más fuerte.

 Hicieron las pruebas de sonido  con la música, nos dijeron que acompañáramos tocando las palmas y fue espantoso: las españolas íbamos cada una a nuestro aire, Bernardette parecía estar matando mosquitos entre las dos manos y la pequeña aplaudía con un entusiasmo digno de su corta edad.

- ¡Un momento, un momento! Este jaleo no queda nada bien, dijo alguien desde las alturas.
Entró al círculo de luz, uno con los cascos puestos.
- Podríamos quitar el sonido ambiente, pero lo necesitamos para el zapateado, dijo el muchacho.
- Ah, no hace falta, el disco ya tiene todo eso, dije yo porque era verdad, además, vamos a bailar algo que no es de taconeo, más bien es de contoneo. Era unos tangos de Cádiz de El Pericón de Cádiz, que los cantaba como nadie. Asunto arreglado.


Al terminar, reapareció de las tinieblas el de los cascos, esta vez con un señor alto y enjuto como una espingarda, vestido de negro con una camisa blanca abotonada hasta el cuello, gafas de pasta negra, un sombrero cordobés que le iba como a un Cristo dos pistolas y una guitarra eléctrica. Era uno de Oregon, aficionado a todo lo español que iba a tocar algo para poner el broche final al espectáculo. Se sentó, nos pusieron a todas a su alrededor para hacer bonito y se arrancó con La Cumparsita. No pude más, solté una carcajada y se oyó de nuevo la voz de las alturas.
- A ver, la que se ríe: un poco de seriedad, que no tenemos todo el día. 

Me disculpé, el de Oregon empezó otra vez con el tango y casi al final se equivocó pero nadie dijo nada. Ahora sí que habíamos acabado. Nos despedimos muy agradecidos todos, los de la tele porque habíamos ido, y nosotras porque nos habían invitado. El de Oregon desapareció en la oscuridad como tragado por un agujero negro y nunca más volvimos a verle. Al día siguiente pasaron la grabación y lo último que se vio fue a Rosa con los brazos en jarras, moviendo la flor de lo alto de la cabeza a los lados y mirando al techo con gesto de desesperación, justo al equivocarse el amante de todo lo español-argentino. La voz que hablaba desde las alturas estuvo una temporada a base de tranquilizantes, seguro.

Esta receta la aprendí allí, es un pan de carne o albondigón al horno, pero no me gusta demasiado esa traducción, siempre lo hemos llamado Meat loaf en casa y le encanta a todo el mundo.

Ingredientes.
1 kg y 1/2 de carne picada. Yo suelo poner 1 kg de ternera y 1/2 de cerdo, pero eso es a gusto de cada uno.
1 pimiento verde.
1 cebolla.
2 ó 3 dientes de ajo.
1 taza de pan rallado.
1 buen ramo de perejil.
2 huevos cocidos.
2 huevos crudos.
Salsa ketchup de buena calidad.
Sal.
Pimienta negra recién molida.

Elaboración.
Colocar la carne en un cuenco. Añadir el pimiento, la cebolla, los ajos y el perejil troceados muy pequeños. Salar.
Batir los dos huevos y mezclar bien con la carne.
Añadir el pan rallado y unirlo todo bien.
Darle forma de barra de pan en la fuente de horno. Abrir un hueco en cada extremo e introducir un huevo cocido en cada uno. Volver a cerrar.
Cubrir con el ketchup y entrar al horno precalentado a 180º durante hora y media o hasta que al pincharlo con una brocheta, salga el jugo claro.
Dejar enfriar, lonchear y servir.






domingo, 13 de mayo de 2012

Ensalada de lombarda, el mes de las flores y las Primeras Comuniones


Qué bonito es el mes de mayo, florido y hermoso como dice el refrán. Y además de eso, el mes de María cuando yo era niña. Porque yo he sido niña, palabrita de honor, no he tenido siempre esta edad.  Es más, yo nací de recién nacida, es decir, con cero días y tres kilos escasos de peso, que se dice pronto.

Pues cuando yo era niña, nada más empezar el mes de mayo, teníamos que llevar al colegio flores para la Virgen María porque para eso era su mes. Y cantábamos aquéllo de Veniiid y vaaaamos toooo-dos, con floooo-res a porfíiii-a, con floooores aa Maríiiii-a, que maaaadre nueeeestra es. Y aquí empezaban los problemas, porque ¿quién era porfía? Yo lo pregunté una vez, y me mandaron directamente al diccionario.

También era el mes de las Primeras Comuniones que, en mi época eran preconciliares, el Vaticano II vino después. Hacíamos la Primera Comunión a los siete años y no nos daban catequesis, eso que nos ahorrábamos, pero en cambio teníamos que aprendernos entero el Catecismo de El Padre Ripalda, un libro larguísimo a base de preguntas y respuestas, como el Trivial pero sin quesito.

El día de la Primera Comunión, era el importante. Recién confesada del día anterior, procurabas portarte extrañamente bien por aquéllo de no pecar, por lo menos hasta después de ese día, que no era plan de buscar un confesor de urgencia de madrugada. Te levantaban tempranito, te daban un vaso de agua todo lo más porque había que guardar el ayuno desde la noche antes para estar limpia de alma y cuerpo. Menos mal que todavía no se había inventado la limpieza de colon, que si no...

A las niñas de los años 60 nos vestían de Sissi Emperatriz, aunque a mis hermanas y a mí nos vistieron al estilo de Eugenia de Montijo, llevábamos mantilla. Esta soy yo, el día de autos.


No nos faltaba un perejil: guantes de encaje, misal con tapas de nácar, rosario de nácar y eso que se ve  colgando de la cintura que parece un envase de Häagen Dazs pero de tul y encaje, era la limosnera, donde te metían dinerillo como regalo.

Era todo un ceremonial, que llevábamos angelitos y todo de acompañantes, yo fui angelito en la comunión de una hermana mía mayor que yo, me pusieron una túnica de raso de color celeste, con una coronita de flores y tuve que pasarme toda la misa con las manitas juntas que parecía que me las habían pegado con pegamento Imedio, el Superglú no existía.

También yo llevé un angelito, que era una niña tres o cuatro años más pequeña, se llamaba Antoñita pero ni parecía angelito ni nada, era morena y en aquel tiempo los angelitos se estilaban rubios por mucho que Antonio Machín pidiera al pintor-que-pintas-con-amor que pintara angelitos negros que también los quería Dios. Encima, la habían peinado con unas trenzas gordísimas y era pava, pava. Me pasé todo el camino al altar diciéndole niña... niña... anda un poquito más... Esa niña se movía a pasitos muy cortos, llegamos todas amontonadas detrás de ella, como en los atascos de tráfico.

La misa era entera en latín, llegaba el cura que ni nos miraba, y decía Introibo ad altarem Dei, que en traducción libre era algo así como vamos a empezar, que nos pilla el toro. Estaba todo el rato vuelto de espaldas, nos aburríamos de verle la tonsura o coronilla todo el tiempo; sólo se volvía para mandarnos rezar Orate frates, para saludarnos de vez en cuando con un Dominus vobiscum, y cuando acababa, Ite missa est, o dicho de otra forma eso ha sido todo, que era lo que más nos gustaba.

No nos dábamos la paz, lo de los besuqueos en la iglesia no estaba bien visto, formalidad era lo que había. En cambio, renunciábamos a Satanás, a sus pompas y a sus obras y prometíamos seguir a Jesucristo hasta la muerte. Lo de las pompas, otra indefinición que asociaba yo a las pompas de jabón, con lo que me gustaban, pero las de Satanás debían ser dañinas o algo así.

El momento de la Comunión era el más solemne de todos. Nada de estar de pie, tomar la ostia con las manos y masticarla, qué son esas confianzas. De rodillas en el reclinatorio, había que abrir bien la boca, sacar la lengua lo más que podías, el cura depositaba la Sagrada Forma en la lengua, entonces tú metías la lengua otra vez dentro de la boca, pero no se podía masticar, de modo que se pegaba al paladar superior y tenías que liarte a darle lengüetazos con la boca cerrada para despegarla, se nos ponía unas caras muy raras. Lo de comulgar entonces, era de lo menos decoroso, con tanto visaje desenfrenado.

Y para terminar tan glorioso momento, tuve que recitar en el altar una interminable poesía a Cristo Crucificado, que no sé yo de quién fue la idea porque éramos seis o siete comulgantes y me tuvo que tocar a mí. Me la aprendí de cabo a rabo, y ahí comencé a sospechar que mi destino era salir de artista invitada en todos los actos religiosos o laicos, siempre me pasa lo mismo, es que no aprendo.



Ingredientes.
1 col lombarda de tamaño medio.
3 manzanas, he usado bella doncella para darle un toque dulce.
Bacon ahumado en lonchas.
Nueces crudas peladas.
Aceite de oliva.
Vinagre de frambuesa.
Sal.

Elaboración.
Lavar la lombarda y trocearla en juliana fina. En la mandolina se hace rápido y cómodo, pero si no tenéis, a cuchillo como toda la vida.
Cocer la lombarda en agua hasta que esté tierna pero entera.
En una sartén dorar las lonchas de bacon hasta que estén crujientes. Reservar.
En la grasa que han soltado, cocer las manzanas troceadas hasta que estén tiernas, cuidando de que no se reblandezcan demasiado.
Añadir entonces la lombarda, salar y rociar con vinagre de frambuesa.
Colocar en la fuente de servir.

Nota. Si la vamos a comer caliente, añadir ahora el bacon troceado y las nueces. Si la queremos tomar fría, esperar al momento de servir y añadirlos entonces.