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miércoles, 1 de junio de 2016

Tocino de cielo


Mi tía Pili era buena cocinera, lo que no dejaba de tener su mérito en el tiempo en que ella aprendió a guisar. No había casi libros de cocina, los cocineros profesionales estaban atrincherados en sus restaurantes, las amas de casa se pasaban las recetas de madres a hijas, y no había más remedio que aplicar la técnica de ensayo y error para dominar el tema. Las medidas no iban por tazas y cucharadas como ahora. Todo se arreglaba con "un puñaíto"; "le vas echando harina hasta que se haga una pasta así o asá"; "un poquito de ésto o de lo otro"; "lo cubres de agua, caldo o vino"... en fin, que a ojo de buen cubero te las tenías que arreglar. Nadie usaba las tablas de madera para cortar, lo hacían al aire y sobre las sartenes, ollas y pucheros. Las verduras no se pochaban, se rehogaban. Se cortaban en cuadritos pequeños o en tiras, no se habían popularizado los términos brunoise o en juliana. No había robots de cocina, todo lo más la Turmix que era como se llamaba a las batidoras de vaso. Luego vino la Minipimer, término genérico para las batidoras de mano. Las claras se montaban a mano, la mayonesa también. El horno se usaba poco, a no ser que tocara repostería. En resumen, la cocina era el alma de la casa, y supongo que de ahí me viene el gusto por tener cocinas grandes donde me siento acompañada mientras preparo la comida diaria.

Preparar el almíbar
Debe alcanzar entre los 105º C y los 110º C










Pues la tía Pili, hermana menor de mi madre, aprendió a hacer de todo. Y cada vez que se reunían con los amigos - los compadres -, tenía ocasión de lucirse con una receta nueva y distinta. De su cocina doméstica salieron calamares rellenos en su tinta, cangrejos de río con tomate y taquitos de jamón, caracoles en salsa, arroces al horno y en paella, solomillos de ternera en salsa, aves guisadas, y hasta chuletitas de cordero a la Villeroy que llamábamos chuletitas de cordero lechal con bechamel, sin más.




Separar las claras
Disponer en un cuenco las yemas
 y los 2 huevos enteros










El 19 de marzo, era el santo de mi tío Pepe, su marido y día grande en casa de los tíos. A media tarde se celebraba el santo del primo Manuel - mi dulce Manuel con el que me casé -, porque se llamaba como su padre, José Manuel. Para no confundirlos, a él le llamábamos Manuel, excepto mi hermana Rosa que siempre le ha llamado José Manuel y hasta Josemanuelito. En casa nos ponían a todos de punta en blanco, y allí que nos íbamos a la merienda con los amigos y primos. Medias noches, picoteo, refrescos y pasteles. Al caer la noche, nos llevaban de nuevo a casa y era cuando llegaban los compadres y amigos de los mayores, los niños no pintábamos nada en esas reuniones.

Batir en la velocidad más baja
añadiendo el almíbar tibio
Caramelizar las flaneras











Un año, los Reyes Magos le dejaron en casa a mi madre un tapicero, se llamaba Luis. Apareció en enero y se quedó tapizando el salón y el comedor con el género de moda en los años sesenta, el skay, hasta la Primavera. Ya era como de la familia, le ponían su cervecita de aperitivo, tomaba café por las tardes, asistía a las sesiones de música los días que venía D. Juan Ramón, y hasta opinaba en las cuestiones del servicio con la cocinera, la niñera y el cuerpo de casa. Cuando ya parecía que iba a terminar, a mi hermana Rosa se le cayó una lentilla en el sillón de mi padre y Luis lo desarmó entero hasta que la encontró. Porque ya era mayor y tenía su propia familia, si no yo creo que lo habríamos adoptado. Era muy entrañable Luis.

Colar a través de un tamiz de
malla fina
Llenar las flaneras












Al final resultó que sobró skay, y como no se tiraba nada, mi madre que era muy imaginativa, decidió que Charo la costurera nos hiciera algo con aquéllo que no podía ser más tieso, por cierto. A Pili y a mí nos hicieron sendas faldas, y a Paloma y a Conchi les tocó en suerte un pichi para cada una. Estrenamos en el santo del tío Pepe. Las falditas todavía eran soportables, pero las pobres de los pichis, iban rígidas como bacalaos. Eso sí, nos sentábamos perfectamente rectas, mi madre encantada.

Cocer al horno al baño maría, sin tapar
A los 30 min. aprox., estarán listos











Este tocino de cielo era una de las exquisiteces de mi tía Pili y nos lo fue enseñando por turnos a mis hermanas y a mí. Yo lo he tuneado, su receta era como un suplicio. Primero, el almíbar a punto de hebra que había que probarlo entre dos dedos y te quemabas que daba gusto hasta que se hacía la hebra al separar los deditos. Luego, que tenías que verterlo muy despacio sobre las yemas, moviendo como para hacer una mayonesa. Muy despacio, quería decir muy despacio: que tardes media hora por lo menos. O sea, las yemas de los dedos quemadas y el brazo que terminaba acalambrado  de tanto dar vueltas despacito y sin parar. La cocción era sobre la hornilla, al vapor. En una olla o cazuela, con dos dedos o tres de agua hirviendo, la tartera donde se volcaba la preparación sobre una lata de leche condensada, por ejemplo, vacía y sin las dos tapas, y que no tocara el agua. La tartera bien cerrada que no le entrara vapor y mucho menos agua y todo a su vez bien tapado. Vigilando que no se quedara sin agua y que no perdiera el hervor. Al final, había veces que aparecía una costra dura en el fondo al darle la vuelta una vez hecho porque no pasaba la mezcla por un colador de malla fina y claro, si quedaban impurezas o pequeños grumos de los huevos con el almíbar, ahí se amontonaba todo.


Así es como yo lo parto









Entrar al frigo para que tome
  cuerpo y se desmolde bien


Tocino de cielo

Ingredientes.
12 yemas de huevo
2 huevos enteros
14 cucharadas de azúcar blanquilla
14 cucharadas de agua
Azúcar para caramelizar el molde o caramelo líquido

Elaboración.

Hacer el almíbar poniendo en un cazo el azúcar y el agua. Cocer a fuego medio hasta que alcance los 105ºC o los 110ºC. Dejar entibiar.
Mientras tanto, separar las claras de las yemas. Yo las guardo en el frigo y preparo los días siguientes un bizcocho de claras o angel food cake.
Disponer en un cuenco amplio o en el vaso de un robot de cocina las yemas y los dos huevos. Batir a la velocidad más baja e ir añadiendo el almíbar poco a poco.
Caramelizar las flaneras y volcar la preparación a través de un colador de malla fina. 
Cocer al horno precalentado al baño maría, calor arriba y abajo, a 180º durante 30 minutos aproximadamente. Probar con una brocheta si está cuajado. 
Sacar, dejar enfriar un poco y meter en el frigo, mejor hasta el día siguiente.
Para desmoldar, sólo hay que sumergir el fondo en agua caliente unos minutos y se dará la vuelta fácilmente.

Aclaraciones.

  • Merece la pena comprar un termómetro de cocción, las yemas de los dedos lo agradecen. A partir de 10 € ya los hay que funcionan bien.
  • No es imprescindible tapar los moldes para cocerlos al horno. Si se cuecen en olla exprés o en otra normal sobre la hornilla, es necesario taparlos.
  • Para cortarlos cómodamente cuando el molde es redondo, marco un círculo en el centro con un aro o con un vaso. Así se hacen las porciones sin tener que preocuparse de cómo saldrán, sobre todo la primera, que suele romperse.
  • Es mejor hacer el caramelo para los moldes, yo he usado esta vez caramelo líquido ya hecho, y aunque es de buena calidad, y puse demasiado, se ha infiltrado durante la cocción, dando apariencia de tocino "marmolado". 






viernes, 11 de marzo de 2016

Piyayos. Rafael Flores, la peña flamenca y mi Manuel.


¿Tú conoces al Piyayo, 
un viejecillo renegro, reseco y chicuelo;
la mirada de gallo pendenciero,
y hocico de raposo tiñoso..."

Así comienza un famoso poema de José Carlos de Luna, escritor malagueño costumbrista que dándose licencias poéticas describió un personaje que poco o nada tenía que ver con Rafael Flores Nieto - El Piyayo -, pero que todo el mundo conocíamos gracias a su pluma. La verdad, es que cada vez que escuchaba de pequeña a Diego Gómez recitar en Radio Juventud este poema, me daba una pena, penita, pena...

Según se cuenta, El Piyayo era renegro, reseco y gitano pero no chicuelo, era más alto que la mayoría. Se ganaba la vida cantando por los colmaos y tabernas de la Málaga de finales del XIX y principios del XX. Era pendenciero, estuvo en prisión y parece ser que al ser reclutado para el servicio militar, acabó en Cuba cuando la Guerra de Independencia y allí también visitó algún penal. Por eso su cante era particular, dándose en llamar "cantes del Piyayo" o "tangos del Piyayo". Son más cadenciosos que los tangos flamencos y tienen resabios de guajiras, recuerdan a los cantes de ida y vuelta, los que surgieron del mestizaje latinoamericano y españoles que iban y volvían distintos, enriquecidos con nuevos aires.

Cortar el hojaldre por la mitad a lo ancho
Trocear las avellanas











Llevó mala vida El Piyayo, como casi todos los que se dedicaban a esos menesteres en aquellos tiempos. El cante flamenco no subió a los escenarios hasta que Silverio Franconetti, sevillano por más señas aunque hijo de italiano y sevillana, después de oficiar los más extraños trabajos - llegó a ser picador de toros -, fundó el Café de Silverio en Sevilla. Fue un cantaor que dominaba todos los palos  aunque lo suyo fueron las seguidillas, y puso en marcha la edad de oro del cante flamenco, llevándolo a la categoría de arte. Habían nacido los espectáculos flamencos, los certámenes, y los flamencólogos con sus peroratas, diatribas y sapiencia. Y ahí ya se lía todo: que si Fulanito es más "jondo"; Menganito el que mejor canta esto o lo otro; que si Perenganito fue el que inventó tal palo o tal otro... En fin, un jaleo del que todavía no hemos salido.

Disponer el cabello de ángel y pintar de huevo
Doblar haciendo un rulo










No soy docta en la materia aunque sí conocedora gracias a mi Manuel que se aficionó al flamenco en Madrid cuando fue a estudiar a la Escuela de Caminos, Canales y Puertos. No pasó del segundo curso, se le fue el santo al cielo en la peña flamenca Silverio Franconetti que fundaron unos cuantos andaluces en el colegio mayor, entre ellos su amigo del alma Pedro - El Perico -, sevillano como Silverio. Estudiar, lo que se dice estudiar, no estudiaron. Ahora, que de flamenco, juergas y conversaciones hasta las tantas acerca de lo divino y lo humano, ahí echaron el resto. 

En este punto, debo hacer una aclaración. Mi Manuel y yo somos primos hermanos. Mi madre y la suya eran hermanas, así que nos conocemos de toda la vida. Sus padres y los míos estaban muy unidos, de manera que mis tíos cenaban los sábados en mi casa y mis padres hacían lo propio en la suya los domingos por la noche. Mi tío Pepe andaba un poco mosca porque el niño no aprobaba ni a la de tres, cuando mi Manuel era inteligente de verdad, todo sobresaliente y matrículas de honor hasta entonces. Pero al mismo tiempo, era un alma cándida. Un día llamó a su casa.

- Que nos han hecho una entrevista los de la tele por lo de la Peña Flamenca del colegio mayor, que pongáis el telediario del sábado que viene por la noche, que salimos.

Sellar bien los bordes
Cortar lo que sobre










El sábado estaban allí mis tíos con mis padres y yo, que no recuerdo bien por qué estábamos solos los cinco, con todos los que éramos en casa. Mi Manuel todavía no era mi Manuel. Después de cenar, café, copa y cigarrito en mano, nos dispusimos a ver el reportaje. Todo muy interesante, hasta que salieron las imágenes tomadas en una de las actuaciones flamencas de la peña. Se pasaron un rato enfocando a mi Manuel, porque era el más guapo y porque era el único que marcaba el compás con los dedos de una mano en un catavinos que sujetaba muy elegantemente con la otra. Ese fue el momento en que mi tío ya no pudo más y se puso a jurar en arameo, eso no era un hombre, era una hidra marina.

Cortar los flecos y dar forma de medio círculo
Hornear a 200º 20 min aprox.










- ¡Será cabrón el niño! ¿Pero vosotros estáis viendo al niño? Si parece que ha estado toda su vida de juerga con el flamenquito, el compás y los golpecitos en la copa. ¿Así cómo va a aprobar el hijo de su madre del niño este? Y nosotros aquí, venga a pagar el colegio mayor, la carrera y todo lo demás... Es que, vamos, ¡yo lo mato!-.
- Ay, Pepe por dios, déjalo que tampoco... que te vas a poner malo, que no es para tanto... Decía mi tía Pili en un vano intento por aplacar las iras del parter familias.
- ¿Que lo deje? ¿Yo cómo voy a dejar esto, Pili? Si es que el niño... mira el niño lo contento que está el cabrón,  y venga a suspender...

Levantar bien la masa del rulo
Quitar de la bandeja en caliente










Mi padre miraba con cara de circunstancias a un punto indefinido detrás del televisor, mi madre aparentó que no pasaba nada, y yo me puse a reír a carcajadas, para variar.
- ¡Niña! ¿Y tú de qué te ríes? - dijo mi madre -, que siempre tienes que dar la nota hija mía. ¿No estás viendo el disgusto que tiene tu tío? ¡Hala, a tu cuarto! Y me echó sin más.

Años más tarde, mi Manuel ya fue mi Manuel, terminó una ingeniería en Málaga, y me aficioné como él al cante flamenco. Sé historias, anécdotas, vida y milagros de los cantaores y cantaoras antiguos. Actuaron en la peña, José Meneses, Bernarda y Fernanda de Utrera,  Don Antonio Mairena...  Es un mundo muy curioso, tanto como el nombre de estos dulces llamados Piyayo, en honor a este personaje malagueño. Murió en 1940 y no tuvo hijos, por lo tanto, tampoco nietos como cuenta José Carlos de Luna.  Ya nadie llama a estos pasteles de hojaldre Piyayos, ahora los llaman herraduras de hojaldre. Los Piyayo que yo conocí tenían avellanas troceadas por encima, no iban glaseados ni estaban cubiertos de azúcar glass. Yo los hago así.











Piyayos

Ingredientes.
Dos láminas de hojaldre ya extendidas.
300 gr aproximadamente de cabello de ángel casero, o ya hecho bien escurrido.
100 gr de avellanas ligeramente tostadas y sin sal. Ya las venden así.
Huevo batido.

Elaboración.
Calentar el horno a 200º.
Picar groseramente las avellanas.
Cortar cada lámina de hojaldre en dos por la parte horizontal. Saldrán cuatro rectángulos.
Disponer un cordón de cabello de ángel en el medio de cada rectángulo.
Pincelar uno de los bordes con el huevo batido y doblar sobre el cabello de ángel. Apretar con cuidado sobre el cabello de ángel para dar forma de rulo. Sellar bien los lados y cortar la masa sobrante. 
Cortar los flecos de la masa que no lleva relleno y pincelar todo con el huevo batido. Dar forma con cuidado, de semicírculo.
Colocar en la bandeja de horno, sobre una hoja de papel parafinado y esparcir las avellanas troceadas.
No pinchar el hojaldre, queremos que suba.
Hornear con calor arriba y abajo y sin aire, durante 20 minutos aproximadamente. Vigilar que no se queme.
Retirar de la placa nada más salir del horno, con una espátula. Si dejamos que se enfríe, cuesta mucho trabajo despegarlos, el cabello de ángel aunque esté seco, tiende a "sudar" con el calor formándose un caramelo.


sábado, 18 de julio de 2015

Rosas de manzana y hojaldre, oh là là!




Llevaba Mari Carmen largo tiempo queriendo ir de vacaciones ella sola, alquilar una casita en Francia durante dos meses y relajarse. Ella, que tiene una gran vida social no está a su aire nunca y pensaba que yéndose al quinto pino francés lo iba a conseguir, pero no. Ya se fue con ella hasta allí Tina, las dos en el coche que aprovechó para quedarse sin aire acondicionado así que lo primero que tuvieron que hacer al llegar al pueblecito de destino, fue llevarlo al taller... del pueblo de al lado.


- Ay Maricruz, no veas, tengo 'la voiture' rota-, me dice hablando por whatsapp, que se habla muy bien y es gratis, aunque se oye regular y lo que yo digo tarda mucho en llegarle, con lo que la conversación resulta extraña porque hasta que me oye, parece que no le hago ni caso. A propósito,  también se corta y entonces nos tiramos un rato hablando solas como voces que claman en el desierto ciberespacial.
- Perdona, que se ha cortado.
- Ya decía yo que tardaba demasiado en oirte.
- Bueno, íbamos por lo de 'la voiture'.
- Ah sí, que hemos pasado un calor... El pueblo es muy bonito y pequeño, los vecinos hablan muy rápido y tengo que decirles que no me entero.
- Pues hija, no sé para qué has estado todo un año con Jerôme, dando clases de conversación en francés.
- Es que no es lo mismo.

Descorazonar las manzanas
Cortar en láminas finas










Por lo pronto, Mari Carmen me habla en 'francesgnol', y nos tiramos de risa. 
- He comprado unos sobrecitos que ponen 'crème patissiere', y digo yo que eso será como las natillas, ¿no?
- Supongo, ¿allí no tendrán Flan Chino Mandarín, que es casi lo mismo y sirve también?
- Eso, para preguntar cosas así que estoy yo. Voy a hacer 'poulet en pepitoria' y quiero poner natillas de postre. 
- Mira guapa, entre mi Pepe que me habla mitad en español y mitad en inglés como los llanitos de El Campo de Gribaltar, y tú ahora con este galimatías, la que va a terminar yéndose, pero a una casa de reposo, voy a ser yo, no te digo más.


Cocer en agua con zumo de limón
Comprobar que están flexibles











Una semana más tarde, me cuenta que se le va la luz muy a menudo, y que llamó a su casera.
- Que pasa algo con la luz, debe haber un cortocircuito por algún sitio porque de repente me quedo sin luz en toda la casa y tengo que dar otra vez al interruptor general.
- Oiga, yo no puedo ir a visitarla cada vez que a usted se le antoja - Mari Carmen llamaba a la casera al más mínimo problema, claro.
- No, si yo no quiero que venga, lo que quiero es que venga un electricista.
Parece ser que no eran problemas de comunicación o idioma, la casera no quería molestarse con cuestiones banales.


Laminar el hojaldre y cortar en tiras de 6 cm aprox.
Untar con la mermelada 











A partir de ahí, le ha estado contando sus cuitas a todos los del pueblo. Ya es de dominio público que Marianne, la presidenta de la comunidad de paseantes del lugar no quiere que ella entre en el grupo, porque no ha pagado la cuota durante el año. En consecuencia, pasea sola y aprovecha para coger las rosas que hay por los caminos para alegrar su casita rural. 
- 'Je vole toutes les fleurs' -, dice orgullosa de su hazaña.
- Dí que sí, tú esquilma la flora del pueblo, a ver si es posible que te declaren persona non grata.


Colocar encima la manzana y espolvorear canela
Doblar por la mitad











Al final, no ha estado sola, ha ido media Sevilla a visitarla, y gran parte de Barcelona que está más cerca. Lo han hecho por turnos, organizados sí que son. Tuvo que comprar en Carrefour (ellos dicen Caggg-fuggg, aclara) un colchón hinchable que ha inflado con el secador de pelo porque no tiene bomba, ha cocinado mucho y ha 'nettoyé beaucoup' es muy bien hecha Mari Carmen,  y hasta la han invitado los vecinos a una velada musical en el jardín.
Y aunque no ha conseguido ser eremita por un tiempo, la experiencia ha sido estupenda. Ha caído muy bien entre los paisanos, ella es muy sociable.
Yo creo que si vuelve el año que viene, la van a recibir con la banda del pueblo y todo. Persona gratísima, la van a nombrar, se lo ha ganado.


Enrollar desde un extremo
Y poner de pie











Mari Carmen, para que no añores las rosas de La Provence, aquí tienes estas rosas de manzana y hojaldre, que no están tiradas por los caminos, hay que hacerlas, tú las harás en menos que canta un 'coq', te saldrán estupendas y seguro que las tuneas.


Una vez horneadas y frías, espolvorear con azúcar glas

Rosas de manzana y hojaldre

Ingredientes.

3 manzanas rojas (pink lady, ambrosía...)
Mermelada. No importa el sabor, la que tengáis o la que más os guste.
500 gr de masa de hojaldre.
El zumo de 1/2 limón.
Canela molida.
Azúcar glas.

Elaboración.

Lavar y secar las manzanas. Quitarles el corazón (yo lo hago con un sacabolas, es lo más cómodo y fácil, quedan perfectas), y los extremos. 
Partirlas a láminas semicirculares finas y colocarlas en una cacerola cubiertas de agua con el zumo de limón. Cocer durante 15 minutos aproximadamente.
Pasarlas por agua y comprobar que están flexibles y no cuesta trabajo darles forma.
Estirar el hojaldre muy fino y hacer tiras de 6 cm más o menos. Saldrán 6 o 7.
Pincelar las tiras con la mermelada, colocar las medias lunas de manzana dejando la mitad inferior libre y espolvorear con la canela.
Doblar el hojaldre sobre la parte que está cubierta con las manzanas y enrollar partiendo de un extremo. Al poner de pie, ya tendremos una rosa. Terminar con todas y colocar en moldes de magdalenas.
Llevar al horno precalentado a 200º, calor arriba y abajo. Tardarán 35 minutos pero hay que vigilarlas. Si la manzana se tuesta demasiado, tapar con papel de aluminio.
Desmoldar y enfriar en una rejilla.
Espolvorear con azúcar glas antes de servir.





jueves, 17 de octubre de 2013

Peras al vapor al aroma de menta, el Máster en cuerpo de casa y Reinapor un Día




Estábamos Bere, Mari Carmen y yo tomando una infusión en el jardín después de la cena. La noche estaba templada y un grillo cantaba por allí. Mari Carmen que ya había dado más de una cabezada dijo que se acostaba, así que entró en casa. A los cinco minutos, apareció con el barreño de la ropa lavada y se puso a tender como una loca, era la 1:10 de la madrugada, lo sé porque miré el reloj.

- Tita, por favor, ¿Te vas a poner a tender ahora?, dijo Berenice con cara de espanto.

- Es un momento, que si no mañana la ropa va a estar muy arrugada.
- Mari Carmen, mujer, que estamos de vacaciones... dije yo, un poco nerviosa.
- Tú no puedes estar todo el día trabajando, que es que no paras, siguió Bere con el tema.
- Mira, somos muchos y las cosas hay que hacerlas. Y siguió tendiendo como si fuera lo más natural del mundo.


Aquí está en modo "anónimo"
Total, que se sentó otra vez con nosotras y me temo que Berenice y yo le echamos la bronca, por empeñarse en tener todo a punto, sea vacaciones o no. Se defendió como pudo.
- Es que yo soy así, no lo puedo remediar, soy 'Mariquilla La Primera'. Porque vamos a ver: ¿Quién se metió anoche en la cocina conmigo? Maite y no vosotras - dijo mirándonos de manera acusadora.
- Es que tú te pasas tres pueblos, con tanto detalle. Porque, vamos... mira que ayer, cuando te vi levantarte en pleno desayuno y aparecer con la sombrilla de la playa para que no le diera el sol a Odiseo, que sólo te faltó ir detrás de él como Picasso en la foto de Robert de Capa, cuando le quita el sol a Francoise... 



Se subió al dormitorio y Bere y yo nos quedamos reflexionando cómo habíamos llegado al lamentable estado de 'Mariquillas las últimas', qué vergüenza. Hasta el grillo se dio media vuelta y enmudeció.

Al día siguiente fuimos Mari Carmen y yo a comprar las cosas para la mariscada que hacemos todos los veranos, Bere se quedó diciendo que tenía algo que hacer. Cuando volvimos con mil y una bolsas ya había hecho casi todo el cuerpo de casa, estaba terminando de limpiar el baño de abajo. Ya era tarde y Mari Carmen dijo que se iba a la playa, así que se colocó el bañador, el pareo, la pamela y salió por la puerta dejándonos a las dos Mariquillas Las Últimas con todo empantanado, donde se demuestra que la venganza es un plato que se sirve frío.

- Ay, Bere, tenemos que darnos prisa, que ya es muy tarde, y está todo por medio, qué desastre.
- Venga, que termino con el salón y me vengo a la cocina contigo.
- ¡Qué barbaridad! ¿Para qué habremos comprado tanta cosa? Esta nevera está atiborrada, ahora tengo que entretenerme amontonando las cosas estilo 'Tetris' para hacer sitio, uff. No nos va a dar tiempo, como venga tu tía y vea todo manga por hombro, no veas...


Pelar las peras y frotarlas con limón
Añadir la menta al agua con azúcar












Me puse a sudar, entre las prisas, los nervios y el sol de justicia que entraba desde el jardín. Puse a cocer los bígaros, las cañaíllas y los langostinos. Las nécoras entraron la lista de espera. Guardé los berberechos. Me puse a limpiar un kg de boquerones para ponerlos al limón, que compramos a Miguelito porque le gustan mucho.

Mientras tanto, le contaba a Berenice que cuando yo era pequeña, había un programa en la tele que se llamaba 'Reina por un día'. Recuerdo que sonaba una cancioncilla que le canté:

Reina por un día, día de ilusión
Dulce melodía en tu corazón
Tus anhelos y deseos
Hoy se cumplirán
Y tus ansias y tus sueños
Realidad se volverán.

Y allí estaba la afortunada, sentada en un trono, con una corona de oropel y un manto de armiño de guardarropía, recibiendo regalos tan interesantes como una lavadora, una plancha o una aspiradora. Al final, lloraban todos mucho de alegría, de ilusión, de anhelos, ansias y deseos cumplidos. 


Cocer al vapor 20 minutos

- Oye, vamos a empezar la Operación Reina por un día, para tu tía. El asunto es que se colmen sus deseos de que dejemos de ser la vergüenza de las perfectas amas de casa, de las que ella es el vivo ejemplo.
- Maricruz, mujer... Dijo Bere ya riéndose.
- Que sí, que sí, que como no tenemos una corona, le podemos hacer una con un mocho de fregona bien bonito, y como cetro un plumero de esos estilosos con muchos colorines. Yo le canto la canción, que todavía me acuerdo ¿Vale?

Tuvimos que parar un rato, que con la risa no podíamos más. 
Y volvió Mari Carmen de la playa, más contenta que unas Pascuas y desde la puerta de la cocina nos dijo con mucha guasa que qué nos pasaba, que teníamos unas caritas de cansadas espantosas.


A partir de entonces estuvimos pendientes a más no poder de todo, tarea inútil porque Mari Carmen seguía siendo 'Mariquilla La Primera' en cuanto nos descuidábamos.
- No te muevas, no te muevas, que ahora mismo traemos la mantequilla...
- Tú tranquila, que ya ponemos la mesa nosotras...
- Ya cargamos nosotras el lavavajillas...
Unas carreras...
 Hemos tenido la casa de vacaciones más relimpia de Andalucía; Bere se ha pasado tendiendo y recogiendo a toda velocidad la ropa en cuanto estaba lista; yo tenía la cama hecha y el cuarto en estado de revista antes de las doce de la mañana; hemos refregado los baños una y otra vez, y todos han tenido una estancia de príncipes.
 Incluso Mari Carmen, cuando ya nos veníamos, nos dijo que nos habíamos esforzado bastante . Aun así, no hemos conseguido el diploma del Máster en cuerpo de casa, no hay quien llegue a su nivel. El próximo verano, Bere y yo hemos pensado incluir en el fondo común el presupuesto de una limpiadora, ya no queremos ser 'Mariquilla La Primera', que eso es un no parar. 

Peras al vapor al aroma de menta
Ingredientes.
1 kg de peras conferencia. 
Un buen manojo de menta fresca.
200 gr de azúcar.
200 gr de agua.
1 Limón.

Elaboración.
Pelar las peras conservando el rabillo. Frotarlas con el limón para evitar que ennegrezcan.
En una vaporera, colocar en el fondo el azúcar y el agua. Disolver bien.
Añadir la menta.
Disponer las peras en el cestillo, tapar y dejar cocer 20 minutos aproximadamente.
Colar el almíbar que se habrá hecho durante la cocción.
Servir frío o caliente, regando las peras con el almíbar.