domingo, 5 de julio de 2015

Gazpachuelo, comida de duelo, ay...

Decía mi suegra que a ella el gazpachuelo le daba repelús, porque era una comida de duelo. Como en sus tiempos se velaba a los difuntos en sus casas, siempre había alguien que se ocupaba de llevar algo de comer para los dolientes que, en esos momentos no estaban para ponerse a guisotear, como es natural. De modo que con una mayonesa disuelta en agua caliente con sal y donde se había cuajado la clara del huevo empleado para hacer la mayonesa, estaba todo arreglado: fácil, asequible y barato. De ahí la asociación pavloviana de este guiso con los duelos o velatorios.

Ahora, cuando alguien muere, nos vamos a los tanatorios donde hay duelos de mucha gente, tenemos que localizar la tanato-sala, mirar a quién conocemos... ninguna intimidad, la verdad. No es plan de presentarse con un perol de gazpachuelo, pocos iban a entenderlo...

De todas maneras, a mí me gusta el gazpachuelo, es una comida que tiene muchas posibilidades. Desde su elaboración más sencilla, según se van añadiendo ingredientes, aumenta su categoría. Se puede hacer en el caldo de cocer patatas, es el gazpachuelo de patatas, lógicamente. Se puede añadir arroz blanco cocido al gazpachuelo de patata. Se puede hacer con pan en vez de patata. Si se hace partiendo de un caldo de pescado blanco, tenemos el gazpachuelo de pescado. Si además se añade marisco: gambas, almejas, mejillones... y un chorreón de vino amontillado, guisantes, huevo cocido y troceado... tenemos la sopa Viña AB que es todo un clásico de la gastronomía malagueña y está buenísima.

Ingredientes.
Patatas.
Salsa mayonesa, mahonesa o "bayonesa" como he oído llamarla a mucha gente por aquí.
Sal.
1 hoja de laurel (opcional)

Elaboración.
Cocer las patatas peladas y troceadas en abundante agua con sal. Yo le añado una hoja de laurel porque me gusta el sabor que da, pero no es obligatorio. Dejar enfriar.
Mientras tanto, hacer un mayonesa firme con un huevo, aceite de oliva, sal y limón o vinagre. Colocarla en un cuenco grande.
Cuando el líquido de cocer las patatas está templado, añadirlo poco a poco sobre la mayonesa y batir con las varillas para que se integre bien. Una vez está todo unido a la mayonesa, volcar sobre la cazuela donde hemos reservado las patatas cocidas y calentar a fuego suave, removiendo muy a menudo para que el compuesto no hierva. Esto es importante: si hierve, se cortará la mayonesa y adiós gazpachuelo. Aunque hay una última oportunidad si esto sucede. Sacar las patatas y batir el caldo con la batidora, pero no es lo mismo.
Una vez que el gazpachuelo humee pero sin hervir, se coloca en la sopera y se sirve.
Esta sopa no es muy caliente, no quema. Yo creo que tampoco le gustaba mucho a mi suegra porque ella prefería las sopas ardiendo, siempre he pensado que tenía la lengua y el esófago de amianto, terminaba la sopa y ¡el plato aún humeaba vacío!

El vídeo dura 2:30 pero no se hace largo, la música acompaña.



Como manojitos de boquerones, así tienen mis niñas las pestañas



María, la chica que me ayudaba con las niñas cuando eran pequeñas, decía con toda su gracia malagueña: nooo véee... ¡como manojito de boquerone tienen las niñas las pestañas! Y es absolutamente cierto, no puedo remediar el presumir de mis hijas...

De modo que, cada vez que hago manojitos de boquerones fritos, me acuerdo de María, de cuando mis hijas eran pequeñas y todo eso. Es un plato que hago con una sonrisa dibujada en la cara, ya ves tú.


Ingredientes.

Boquerones de la bahía de Málaga, que son blancos como la plata.

Harina especial para freir pescado.

Aceite de oliva.

Sal.


Elaboración.

Limpiar de vísceras los boquerones, lavarlos y ponerlos a escurrir en un colador para que suelten el agua del lavado. Salarlos, y dejarlos ahí como mínimo media hora, para que tomen la sal.

A continuación, pasarlos por la harina de freir pescado y hacer los manojitos (explico cómo en la página "¿Cómo lo hago? trucos y recursos de guisandera" que acabo de adjuntar al blog).

Freirlos y ponerlos sobre papel de cocina para que suelten el exceso de aceite.


Algunas aclaraciones:

El pescaíto frito, se come con la mano. Resulta ridículo ver cómo hay gente batallando con el cuchillo y el tenedor, no encuentro yo el motivo. Si es por no mancharte, luego vas y te lavas que para eso están los lavabos.

El limón, para adornar está bien. Pero si el pescado es fresco, y más vale que así sea, regar con limón un producto que tiene un delicado sabor a mar, es un crimen.


En este vídeo va un paso a paso, que en la página de "¿Cómo lo hago...?" no me deja el Sr. Blogger.






viernes, 19 de junio de 2015

Bacalao al pil-pil y Monsieur Montignac.


Estoy pensando en comprarme unos crocs, esos zapatos de goma, para mis paseos a la orilla del mar, que por ahora voy con unas sandalias veraniegas en la mano para que no se mojen, ya mismo me veo como El Pequeño Saltamontes, con los zapatos al cuello atados con una cuerda mientras camino por la arena.
Esto viene porque estoy a dieta, no por la operación bikini, sino porque he decidido pasarme a la vida sana: slow food, slow way of life - siento decirlo en inglés-, o sea vivir despacio, saboreando cada momento sin ser esclava del reloj ni de las prisas. Volver a la calma, que se disfruta más. Como lo de la plancha a mí me pone de un mal humor espantoso, me he adherido al Método Montignac. Una maravilla, todo un descubrimiento. No se cuentan calorías, no se pesan alimentos, no hay que tomar batidos que, a saber qué llevarán, ni barritas de no-se-sabe-qué, ni los litros y litros de agua entre comidas que te hacen buscar un baño incluso en mitad de la autopista. Nada de nada. Además, Monsieur Montignac te lo explica tan bien, que te preguntas dónde estaba ese hombre 10 kilos antes, que me habría ahorrado la firme determinación de dejarme matar antes que confesar mi peso.

Desalar el bacalao
Secar con cuidado










Pues parece ser que antiguamente no se consumían los productos refinados, todo iba integral: el azúcar no era blanco, la harina se molturaba con el salvado y el germen, con lo que no había tanto estreñimiento. La gente se movía más, sólo los pudientes tenían medios de transporte, el resto iba caminando a todas partes con lo que, una vez más, no había tanto estreñimiento, esa plaga de hoy en día, y sospecho que tampoco habría tantas hemorroides ni gente sufriéndolas en silencio. En resumen, habría menos gordos y menos gimnasios.
Te cuenta lo de los hidratos de carbono, las proteínas y las grasas o lípidos, lo del Índice Glucémico y lo de la Carga Glucémica, que da gusto. No hay que buscar un profesor de Química, vas mirando las tablas de índice glucémico en Internet y tienes en cuenta la carga glucémica de cada plato que preparas, por si comes descompensado, y esto no es nada recomendable, ya que puedes engordar y encima, tener carencias de determinados nutrientes, que eso es no-no.

Freír los ajos y la guindilla y reservar


Yo he adelgazado siete kilos en tres meses, y ahí me he plantado. Algo fallaba, y creo que es la actividad física. Por eso nos vamos mi Manuel y yo todas las mañanas temprano a la playa y caminamos por la orilla, hasta llegar a la escollera de Levante. El primer día fue todo estupendo. El segundo, apareció por allí una pareja que empezó a hacerse arrumacos tres rocas más allá. Cuando llegaron al nivel pre-pornográfico, nos volvimos por la misma orilla por la que habíamos llegado. El tercer día, un treintañero había sentado plaza en la escollera con su pastor alemán, que no dejaba de ladrar y escarbar en la arena. Tras suplicarle en vano que hiciera lo posible para que el animal dejara de rompernos los tímpanos y antes de que sacara a la luz el cadáver que, seguro estaba desenterrando, nos fuimos antes de que nos acusaran del asesinato. El cuarto día, cuando llegamos al filo de las ocho de la mañana, había una señora más que madura, con sólo la parte de abajo del bikini metida en el agua hasta la cintura, que se inclinaba, sacaba piedras del fondo del mar y las lanzaba contra nuestras rocas, donde solíamos sentarnos mi Manuel y yo a disfrutar del sol y la brisa.

Hacer el bacalao con la piel hacia arriba
Dar la vuelta, hacerlo y retirar










- Hay muchas piedras ahí abajo, ¿eh?
- Sí, y me molestan mucho, ¿sabe usted?
- Ya, claro.
No dije nada más porque no parecía alguien de fiar, no quería morir de un cantazo salino. Nos tuvimos que ir, una vez más, que esa escollera parecía el meeting point de todos los excéntricos.
 A todo esto, al terminar el paseo, íbamos a quitarnos la arena de los pies a una ducha con salida de agua para lavapies, y allí nos encontramos el primer día con una señora que ya había terminado de enjuagarse y nada más ver que poníamos los pies bajo el grifo, volvió a todo correr y abrió la ducha, que está en la misma columna pero más arriba. Nos empapó.
- Perdone, pero ¿usted no había terminado ya?
- Pues no, y además tardo mucho, así que...-, y venga a espurrear agua.
- Si tarda tanto, ahí cerca hay otra ducha,que estará más tranquila.
- Ah, pues váyase usted.

Hacer el pil-pil agitando el aceite templado con un colador
Hasta que emulsione y tome cuerpo










Me dejó con la boca abierta, que cerré enseguida porque se me llenaba del agua que caía a torrentes.
No nos fuimos, aguantamos a pie firme todo el ritual del lavatorio, la otra ducha no tenía grifo para los pies, pero cualquiera decía nada, con semejante hidra marina. Todos los días, lo mismo. Nada más vernos llegar a la ducha, allí se colocaba ella venga a mojarse por aquí, por allí, por delante, por detrás, los pies, el cogote, la espalda..., y vuelta a empezar. Yo aguantaba el tipo, mirando atentamente y mi Manuel descompuestito, acabó por susurrarme al oído:
- Ésta nos pega un día, que tiene pinta de tener muy malas pulgas.
- A lo mejor por eso se moja tanto, para quitárselas; aunque se ve que no...
Hace una semana, después de que por poco nos ahogamos con un levantazo tremendo, Manuel se ha negado a bajar a la playa. Demasiado arriesgado para su gusto. He sacado la bicicleta estática a la terraza, que tampoco está tan mal, me refresca la brisa marina, veo el espectáculo de manera segura y es menos problemático. Sólo espero que las gaviotas no se den cuenta de que estoy ahí.

Bacalao al pil-pil

1  kg de bacalao remojado durante 48 horas, en el frigorífico y cambiando el agua tres veces.
5 ó 6 dientes de ajo pelado y laminado.
1 ó 2 guindillas secas.
150 gr de aceite de oliva virgen extra.

Elaboración.
Disponer el aceite de oliva en una cazuela de barro. Calentar y dorar los ajos procurando que no se quemen, y las guindillas. Retirar y reservar los ajos. Las guindillas se pueden tirar.
Secar las tajadas de bacalao con papel absorbente y colocar en el mismo aceite de la cazuela a fuego medio, con la piel hacia arriba. Dejar hacer unos minutos y dar la vuelta. 
A continuación, hacemos el pil-pil: dejamos templar el aceite y mantenemos a fuego bajo. Con un colador pequeño de malla fina, vamos haciendo agitando y a los pocos minutos la salsa empezará a tomar cuerpo. Podemos ir añadiendo el jugo que, seguramente habrá soltado el bacalao reservado; esto agregará más gelatina al guiso, nos conviene.
El  resultado final tendrá la textura de una salsa parecida a la mayonesa. 
Se puede hacer con antelación, y al momento de servir se calentará a fuego muy lento o en el microondas con cuidado. 






Nota: A partir de ahora, y en cuanto averigüe cómo se pone un índice alfabético para las recetas en el blog, habrá una sección dedicada a recetas aptas para el método Montignac. Palabrita.




miércoles, 20 de mayo de 2015

Mermelada de fresas. Aquí nada es normal.



Esas Navidades yo no estaba bien; demasiado cansada. Pero dado el tren de vida que solemos llevar todos últimamente, pensé que era lógico: mucho trabajo, poco descanso. Para mediados de enero, ya estaba arrastrándome como un gusano a punto de convertirse en crisálida. Ingresé por urgencias en el hospital con una bronco-neumonía y allí estuve dos semanas a base de antibióticos, aerosoles, oxígeno y mucho descanso.

Retirar el pedúnculo
Enjuagar bajo el grifo











Mi primera compañera de habitación se llamaba Pepa y era adicta a la tele, a charlar mucho y a dormir poco. La primera tarde se estropeó la tele que funcionaba con monedas.Yo, tan contenta; Pepa, descompuesta, llamó al timbre del puesto de enfermería y se oyó una voz que preguntaba entre crujidos de interfono.
- ¿Sí?
- Oiga, que no funciona la tele -, dijo Pepa con la voz más angustiada que si anunciara un infarto de miocardio, clamando al techo.
- Ah, pues llamen ustedes al número de teléfono que hay en el cartelito de la pared justo debajo del aparato-. A Pepa se le cambió la cara y mirándonos a mí y a mi cuñada Marisa que estaba de visita, declaró.
- Es que yo no sé leer, no fui a la escuela.
- Pues yo no puedo leer esto, con mis problemas de mácula, dijo Marisa.


Añadir dos cucharadas de zumo de naranja
Y el mismo peso de azúcar que de fresas
 Yo, con voz gangosa hice ver a través de la mascarilla del aerosol que no podía salir de la cama con la vía puesta para la medicación. Teníamos un problema absurdo: tres mujeres y no éramos capaces de enterarnos del número al que había que llamar. Estábamos listas, así que me dio la risa floja. Cuanto más me reía, más se mosqueaba Pepa, cosas del mono de tele, supongo.
- Marisa, mujer, mira a ver si puede venir alguien de alguna habitación a leernos el número de teléfono, anda...
Salió a dar una batida por los alrededores, y vino con un señor muy amable en cuya habitación tampoco se veía la televisión pero no habían dado la voz de alarma. Así que lo hicimos nosotras y devolvimos favor por favor.

Durante 40 min. aprox.


Cocer a fuego medio-bajo, chafando con un prensador

Pasaron con el carrito de la merienda y dijo Marisa.
- Hoy es martes, ¿no? Entonces, hay unas magdalenas buenísimas.
- ¡Qué suerte!-, exclamé yo, que me animo enseguida, y si es por una magdalena, más todavía. No hubo suerte, trajeron galletas tipo maría.
- Los martes y los jueves hay magdalenas -, puntualizó Marisa.
- Uhmm... voy a ver -, dijo la auxiliar.
- Yo prefiero magdalenas -, volví a gangosear a través de la mascarilla. Vino la auxiliar con una magdalena.
- ¿Y yo, qué? -, protestó Pepa francamente disgustada con tanto inconveniente.
- Usted no puede porque es diabética.
- ¿Yo diabética? ¡Si en mi vida he tenido azúcar, yo!...-, berreaba ya la pobre Pepa, atrapada en una tarde aciaga.
- Yo, eso es lo que tengo aquí puesto, así que...
 Pepa se tuvo que merendar las galletas y el descafeinado por las malas, refunfuñando a todo meter. 
Dice Marisa, que debe ser que hay pocas magdalenas y como están tan buenas, si no las pides, no te las dan. 

Espumar al final

A pesar de todo, la comida era apetitosa. Venía una dietista todas las mañanas a leerme el menú del día siguiente, para que eligiera. Luego se quejan de la Sanidad pública. A Pepa no le daban esa posibilidad, todavía no sabemos porqué. Dos días más tarde se fue de alta médica, lo mismo pidió el alta voluntaria, no le iba nada bien en aquel hospital, que lo último fue que se le ocurrió preguntar a una enfermera si era normal el color de su orina, y le contestó mirándola seriamente y moviendo la cabeza de arriba abajo: 'aquí nada es normal'. Nos quedamos... chof.
 El único inconveniente, es que en esa planta, todo el mundo tenía dieta sin sal. Cuando me trajeron la comida por primera vez, me quería morir.
- ¿Cómo que sin sal? ¿ Y eso por qué?

Comprobar que está lista
Embotar enseguida
- Porque en esta planta nadie toma sal, por la tensión y eso. 
Claro, en la planta de pulmón y corazón, es lógico pero hay que reconocer que la comida sin sal está malísima.
- Pues vaya -, contesté con cara de resignación. Aunque eso fue pura apariencia porque monté lo que podríamos llamar, un tráfico ilegal de sal. Pedí un salero a una de mis hijas, que me lo trajo a regañadientes, y se lo presté al de la habitación de enfrente cuando me pilló sazonando el estofado. El día siguiente, ya éramos unos cuantos pasándonos la sal, con lo que se armaba un revuelo y unas risas contenidas en cuanto aparecía el carrito de las comidas que no sé yo cómo no se dieron cuenta.
- Hay que ver qué jaleo se forma cuando venimos con la comida -, comentaban las del carrito, encantadas. Si lo llegan a saber... Bueno, pues ya lo he confesado. Ahora sólo espero que el delito haya prescrito, después de todo a nadie le dio un subidón de tensión. Las carreritas y risas son sanas, no tienen efectos secundarios adversos y son gratis. ¿Alguien da mas?


Mermelada de fresas

Ingredientes.
Fresas maduras.
El mismo peso de azúcar que de fruta limpia.
2 cucharadas de zumo de naranja.

Elaboración.
Retirar el pedúnculo a las fresas y lavar en un colador bajo el agua del grifo. No sumergirlas.
Disponerlas sobre papel de cocina y secarlas cuidadosamente.
Colocarlas en una cazuela, añadir el zumo de naranja y el azúcar. Llevar a fuego medio-bajo, moviendo con frecuencia para que no se pegue. 
Esta preparación hay que vigilarla continuamente, no es buena idea darse una vueltecita por la casa o charlar por teléfono mientras se hace.
Yo suelo ir chafando la fruta con un prensador de patatas, así quedan trocitos de fruta que, para mí, son agradables de encontrar.
A los 30 minutos, comprobar el grado de cocción poniendo una gota de mermelada en un plato limpio y seco, y ponerlo vertical. Debe resbalar muy lentamente. Apartar entonces. Si no está lista, seguir cociendo otros 5 ó 10 minutos más. 
El tiempo depende de la madurez de la fruta, de la fuerza del fuego... es orientativo.
Cuando esté lista, embotar en tarros de cristal esterilizados, tapar y poner boca abajo hasta que se enfríen. 






lunes, 4 de mayo de 2015

Torrijas de Lacrimae Christi (vino dulce de Málaga)


En Semana Santa, torrijas. Es la tradición. Y lo mismo de tradicional parece ser que llueva, de manera que los hermanos mayores de las cofradías se pasan toda la semana mirando al cielo y olisqueando el aire a ver si trae lluvia, no sea que se mojen los ajuares de sus sagrados titulares y la tengamos chica con grande. En honor a la verdad, últimamente no alzan sus miradas sino que las bajan mientras teclean en los teléfonos móviles para ver las previsiones del tiempo que, no es por quejarme, pero suelen seguir fallando. La meteorología no es una ciencia exacta.


Vino dulce, pan de baguette, huevos, aceite de oliva
Empapar el pan con el vino aligerado con agua











En Málaga, no llueve; en Málaga cuando dice de caer agua, diluvia. Y eso que llueve pocos días al año, en otoño y primavera, pero lo hace en condiciones. Y a mí me da por recordar cuando Yahvé se cansó de la maldad de los hombres - que era mucha -, porque sólo estaban maquinando acerca de cómo hacer el mal, y se arrepintió tanto de haberlos creado que hasta le dolía el corazón y todo. Además, los hijos de Dios tomaron para sí mujeres de entre las hijas de los hombres, que desde los tiempos de Eva tenemos la culpa-culpita de todo, lo que ya fue la gota que colmó el vaso de la divina paciencia, y entonces decidió que a partir de ahí, los hombres sólo vivirían ciento veinte años, nada de durar 969 años como Matusalén; o como el siguiente en longevidad que fue Noé quien murió a la temprana edad de 950 años. Que digo yo, que no sé qué tiene que ver lo del gusto por las hijas de los hombres con lo de acortar los años de vida de esa manera. Los designios de Yahvé, que son inescrutables.

Freír cáscara de limón para quitar el sabor al aceite
Pasar el pan por el huevo batido










Pues este Noé fue a quien Yahvé encargó que construyera un arca el día que resolvió dar carpetazo al asunto de una manera un tanto drástica: acabar con todo ser vivo y destruir la Tierra con un diluvio de aguas. Y como Noé era el único justo -ya es mala suerte crear toda una Humanidad y que sólo te salga uno en condiciones-, Yahvé le comunicó sus planes y de paso le mandó que construyera el arca con sus medidas exactas; que tenía que tener tres pisos y un tragaluz - por aquéllo de la ventilación -, y debían caber dentro su mujer, sus tres hijos, las mujeres de estos, siete parejas de todas las especies de animales puros y una pareja de las correspondientes de  animales impuros y alimentos suficientes para todos. Noé ya tenía seiscientos años y como no cobraba pensión ni nada, no tuvo más remedio que trabajar para cumplir los designios de Yahvé, que antes la vida era tan dura o más que ahora.

Freír por ambos lados hasta que estén doradas

Total, que se lió a llover durante cuarenta días con sus noches y menos los del arca, el resto se ahogó. Para que aprendan a tener maldad. A los ciento cincuenta días, Yahvé se acordó de Noé y todos los que estaban en el primer crucero turístico de la historia, hizo soplar un viento seco y las aguas empezaron a bajar hasta que el arca se posó en el monte Ararat, el de los crucigramas. Yahvé le dijo a Noé que ya podían salir y éste en agradecimiento, sacrificó unos cuantos animales, más que nada para no perder la costumbre y arriesgándose a dar muerte a los únicos ejemplares de vete tú a saber que especie, de esos que los zoólogos echan en falta en la cadena alimentaria. Los extinguió Noé, seguro. Yahvé se conformó y prometió que nunca más iba a maldecir la Tierra por culpa del hombre que, de todas maneras ya se resignaba a que eran malos desde chicos. Y que no volvería a castigar a todos los seres vivos de esa manera, que no servía para nada .

Escurrir y pasar por azúcar y canela
En ese momento, quitar las 'barbas' del huevo










Desde entonces, y como señal de su promesa, después de las lluvias aparece el arco iris que, según los científicos, es el resultado de la refracción de la luz a través de las gotas de agua que hay en la atmósfera. Pero es que ellos no sufrieron lo del diluvio que a ver cómo se te queda el cuerpo después de aguantar el chaparrón, quiero decir, el aguacero. Que se lo cuenten a Noé y toda su parentela que, por cierto, somos todos nosotros, porque tuvieron que dedicarse a repoblar toda la Tierra de nuevo. Yavé, que mandaba unos trabajitos...




Torrijas de vino dulce de Málaga (Lacrimae Christi)

Ingredientes. No doy cantidades, lo dejo a criterio de cada cual.

  • Pan cortado a rebanadas. A mí me gusta la baguette, es suave pero firme.
  • Vino dulce de Málaga. En este caso, Lachrimae Christi. Es conveniente probarlo, y así sabremos cuánta agua hay que echarle. Yo lo rebajo con 1/4 de agua por 3/4 de vino.
  • 1 trocito de cáscara de limón, para quitarle 'fuerza'  al aceite de oliva de freír.
  • Aceite de oliva virgen extra para freír las torrijas. No me gusta el aceite de girasol para los fritos, una manía como otra cualquiera.
  • 2 ó 3 huevos batidos para rebozar las torrijas.
  • Azúcar blanquilla.
  • Canela molida.
Elaboración.

Disponer las rebanadas de pan en una o más bandejas, sin amontonarlas. Regar con la mezcla de vino y agua, y dejar el tiempo suficiente para que se empapen bien, sin llegar a romperse. Dar la vuelta al pan las veces que haga falta.
Pasar por huevo batido y freír por tandas en el aceite de oliva, en el que previamente habremos frito un trozo de piel de limón para quitar el sabor fuerte.
Escurrir en papel de cocina y pasar por una mezcla de azúcar y canela.
Colocar en una fuente de servir. 
Servir templadas o frías.












miércoles, 18 de marzo de 2015

Huevos al nido de casa, las familias felices y dedicatoria.




Cada vez que hago estos huevos al nido, regreso a mi infancia cuando en casa hacían huevos al nido y a mí, que era inapetente, me parecía una comida interminable. Recuerdo a mi familia como una familia feliz, de esas que se parecen todas como dijo Tolstoi. Más aun, éramos una familia de muchos: ocho hermanos, papá y mamá, amén de los cargos de libre designación, a saber: la cocinera, la niñera, la chica de cuerpo de casa y la costurera que venía casi todos los días.

Los ingredientes


Cortar la parte superior del bollito











Tengo la suerte de ser la hija del medio - la mayor nació ocho años antes, la pequeña ocho años después, y las tres en el mes de octubre -. No era la pequeña de los mayores, que iban por otros derroteros; tampoco fui la mayor de los pequeños que eran más afines, estilo los Tres Mosqueteros. Yo era independiente, iba a mi aire que es lo que más me gusta. Sí recuerdo jugar con los pequeños, especialmente en las tardes de invierno que no te dejaban salir a la calle porque estaba oscuro y el tiempo no era bueno.

Regar con leche el interior
Y también el exterior


Jugábamos, por ejemplo,  a 'Tinieblas en la noche', que consistía en que uno se 'quedaba' y los demás nos escondíamos en el dormitorio de las niñas, el más grande. Cualquier sitio era bueno: encima de un armario, debajo de las camas, debajo de los armarios que tenía patas, dentro de la cómoda que tenía una falda, dentro de los armarios que eran grandes... Apagábamos las luces y al grito de '¡Ya vale! entraba quien fuera. No se podía encender la luz, pero sí se podía hacer ruidos extraños, tocar el pelo de la víctima, agarrarle de un tobillo, hacerle cosquillas... todo por el gusto
de pasar miedo y reírnos a gritos.

Tapizar con el jamón troceado
Colocar en la sartén










 Quizá por eso, uno de los pequeños un día que ni siquiera estábamos jugando, quiso meterse debajo de un armario y se quedó atascado: la cabeza dentro y el cuerpo fuera. Empezamos a oír como desde el fondo de un pozo,
- Un voluntario, que venga un voluntarioooo...
Era el niño, al que costó mucho sacarlo porque tenía una buena cabeza, augurio de una alta estatura. Allí estaba, rubio, guapísimo con sus grandes y dulces ojos marrones, la sonrisa siempre asomando, arranado, ni para adentro ni para afuera.

Incorporar el huevo

Bañar con el aceite para cuajar la clara

Una mañana de las vacaciones de Navidad, parece ser que andábamos medio aburridos. Estábamos asomados al patio interior desde el patinillo de casa. La cocinera de los del primero, que también eran muchos y habían instalado la cocina en su patinillo, había puesto un puchero. Nos encontrábamos en los puntos extremos de la hipotenusa de un triángulo.
- ¿A que soy capaz de meter una papa en el puchero de los Maldonado? -, dije yo que siempre estaba pensando y no me aburría nunca.
- Anda ya... -, me retaron.

Dicho y hecho. Elegí una papa de tamaño adecuado, la sopesé lanzándola al aire varias veces, nos fuimos al cuarto de las muchachas desde donde teníamos mejor perspectiva y... ¡¡CHOF!! No me lo podía creer, dentro a la primera. La pobre mujer miró al cielo, luego a la olla del puchero, removió con el cucharón, volvió a mirar a las alturas... y nosotros riéndonos como locos agachados bajo la ventana, nos asomábamos por turnos como las marionetas de los teatrillos, para contar y ver qué hacía.

Esa vez no nos pillaron, menos mal, porque desde que un 28 de diciembre dejé en la puerta de Julia la portera un canastito con una docena de huevos vacíos de los que mi padre sorbía crudos por las mañanas por aquel entonces (no sé quién le había dicho que aquello era muy sano), y de manera inexplicable se supo inmediatamente que había sido yo, me culpaban de todo lo que pasaba. Cría mala fama...


Huevos al nido de casa

Ingredientes por persona.
1 panecillo redondo. Que no sea de los de hamburguesa, de panadería.
Leche a temperatura ambiente.
Jamón ibérico, de bellota si es posible. Si no, de recebo o de cebo que también están muy buenos.
1 huevo.
Aceite de oliva para freír.

Elaboración.
Quitar la parte superior del panecillo. Reservarla.
Retirar casi toda la miga. Mojar el panecillo con la leche por dentro y también por fuera, esto último para que al freírse, quede crujiente.
Escurrir unos minutos boca abajo en un colador de malla fina o similar.
Rellenar con el jamón cortado a trocitos.
Calentar el aceite en una sartén, colocar el panecillo e inmediatamente, volcar el huevo dentro.
Ayudándose de una cuchara, ir regando la clara del huevo para que se fría y quede la yema líquida (esto va en gustos). Si queremos la yema cocida, echamos el aceite por todo, obviamente.
Conseguido el punto deseado, apartar, emplatar y servir bien caliente.

Nota y dedicatoria.
Suelo anunciar en mi página de Facebook, con una foto, mis próximas entradas en este blog. Cuando subí la foto de este huevo al nido, un amigo virtual Raúl Martín Entero, madrileño, sospecho que castizo, buen gourmet y cocinero aficionado, la celebró tanto, que no tengo más remedio que dedicarle esta entrada con todo mi cariño y agradecimiento: ¡Va por ti, Raúl! A ver si es verdad que la haces y me envías la foto. Besitos.








jueves, 26 de febrero de 2015

Urta al horno y las estrellas Miguelín


A Mari Carmen y a mí, nos pasa algo muy curioso: cualquiera de las dos puede empezar a hacer una receta de cocina, que la otra la termina sin más problema. Un día que nos salió una cazuela de fideos potencialmente ganadora de un concurso de 'cuisine a deux', exclamé.

- ¡Esto se merece una estrella Miguelín!
- Una estrella... ¿Qué?
- Hija, mujer, una estrella Miguelín; yo tengo tres, sin ir más lejos.

Cosa que me inventé, claro está. Pero gracias a una broma en la cocina, y a que Miguel el hijo de Berenice, sobrina de Mari Carmen, se hizo notar aquel verano y a la semejanza fonética con las famosas estrellas Michelín, nacieron mis estrellas Miguelín para la cocina de andar por casa. Aquí no tenemos grandes pretensiones. Con tal de que las fotos no estén movidas y se sepa lo que hay, que las recetas se puedan hacer por cualquier persona a la que no hayan prohibido la entrada en una cocina por ser peligrosa para la salud, y sobre todo, que se disfrute guisando, ya es suficiente.
Miguel, al que llamamos cariñosamente Miguelito, es el moreno más gracioso, cariñoso y bueno que conozco. Si queréis saber más de Miguelito, pinchad Aquí y Aquí.


Berenice había decidido que el niño tenía que hacer deberes durante las vacaciones y el niño, pues no compartía las intenciones de la madre. Después de mucho tira y afloja, Miguel se negó. Lo supimos porque un día entró como un rayo en la cocina donde estábamos Mari Carmen y yo,  seguido de su madre que llevaba buen ritmo y Mari Carmen que se dio cuenta de lo que pasaba salio detrás a una velocidad encomiable. Pasaron el salón, llegaron al porche delantero, recorrieron el jardín, y volvieron al punto de partida. Así, varias veces. Yo me quedé en la cocina por si hacía falta alguien que cronometrara los tiempos. Ganó Miguelito y el premio fué un pescozón de su madre. Al final, la tita Mari ayudó al niño a ponerse al día con los deberes para alivio de todos.

De modo que, aparte de las carreras, ese verano fue el de las estrellas gastronómicas. Por cualquier cosa, nos quitábamos una a la otra una estrella o una punta de estrella si la cosa no era grave. Por ejemplo, las yemas de huevo duro con un color verdoso por fuera, costaba una estrella; estropear el corte del jamón, otra. En cambio, una comida sosa, sólo una punta de estrella porque tiene arreglo más o menos.











La Navidad de 2013, Bere nos regaló dos diplomas: uno para la tita Mari, que es como llaman a Mari Carmen en familia y otro para Guisadora Duncan, o sea yo misma. Berenice es restauradora de arte, que son los restauradores de toda la vida, lo que pasa es que cuando los cocineros empezaron a llamarse restauradores, ya nadie sabe quién restaura qué y me lío mucho.

Diploma que tiene Mari Carmen en su cocina

Diploma que tengo yo en la mía

Por lo pronto, Berenice tiene muy buen gusto, una tienda de manualidades en Sevilla especializada en patchwork y un blog que se llama Maldita canilla. Fue ella quien ideó las categorías.
 Mari Carmen tiene:
  •  'Mejor chef'. Si no, a santo de qué le íbamos a dar una estrella Miguelín.
  • 'Mejor sofrito' - antes de que te des cuenta, ya te ha hecho un sofrito para lo que sea-,  
  • 'Mejor vino', porque es una entendida en vinos, también llamados caldos aunque no tengan fideos ni tropezones ni costrones de pan frito, otra ocurrencia que tampoco entiendo. 



Mis categorías son: 
  • 'Mejor chef'. Por el mismo motivo que a Mari Carmen, alias Tita Mari.
  •  'Mejor humor', que no parece que tenga nada que ver con lo de guisar, pero si estás de mal humor se nota en la comida, que todos sabemos que hay que cocinar con cariño, amor y todo eso, que hasta los restauradores de la tele lo dicen. 
  •  'Mejor pan tostado'. Esto es broma porque mi batalla con las tostadas del desayuno, ya la doy por perdida. No acabo de cogerle el punto. Las de miga compacta tardan más; las de pan blanco tardan mucho menos que las integrales, las de pan de pueblo, tardan una barbaridad...
 En fin, que se me queman las tostadas tan a menudo, que he perfeccionado la técnica del raspado y pienso que con un poco de interés que tuviera, podría ponerlo de moda, que después de la tortilla desestructurada ya pienso que todo es posible. Y con los residuos quemados seguro que podría hacerse una 'tierra' comestible al aroma de mi casa por lo menos.




Urta al horno

Ingredientes.
1 urta de 2 kg aproximadamente.
1kg de patatas.
1/2 kg de cebollas.
1 pimiento verde.
1 pimiento rojo.
Aceite de oliva.
Limón.
Sal.

Elaboración.
Lavar, desescamar y eviscerar  el pescado. Hacer un corte en diagonal.
En una fuente de horno, disponer las patatas peladas y a ruedas, la cebolla y los pimientos, a ruedas igualmente. Salar, tapar y hornear a 229º C durante 30 minutos aproximadamente.
A continuación, colocar el pescado encima de las verduras, salar y regar con un generoso chorro de aceite de oliva virgen.
Meter rodajas de limón en la cavidad ventral, tapar y hornear a la misma temperatura otros 30 minutos aproximadamente.
Sólo queda emplatar limpio de piel y espinas, acompañado de las patatas y las verduras. 
Servir caliente.