lunes, 2 de septiembre de 2013

Ternera al vermú, las vacaciones en El Puerto y el jamón.


Había encargado este año Mari Carmen el jamón para las vacaciones en una fábrica de embutidos, secadero y bodega de jamones que hay en la provincia de Badajoz. El día 14 de agosto, todavía no había llegado y todos nos preguntábamos qué pasaba, así que llamó por teléfono y nos enteramos que había habido una confusión. Ellos esperando la transferencia y nosotros esperando que nos dijeran el precio para poder hacerla. Total, que unos por otros, la casa sin barrer.

Cuando parecía que estaba todo solucionado, el jamón seguía sin venir. Venga a llamar por teléfono y nada, que no había manera. Ya estábamos todos pendientes, sobre todo Berenice, su hijo Miguelito y yo, que cada vez que oíamos que alguien paraba una furgoneta al otro lado de la valla del jardín, nos volvíamos locos gritando: "¡el jamón! ¡el jamón!". A Mari Carmen le daba una vergüenza espantosa.

Atar la carne

Una tarde estábamos tan tranquilos y paró una furgoneta de reparto. Repetimos la algarabía. El repartidor se bajó con un paquete, entró en nuestra calle y pasó de largo, qué chasco.
- ¿Mira que si es el jamón y se está equivocando de casa?
- Tita, tita -, dijo Miguelito -, ¡corre que se lleva el jamón!
- Oiga, oiga, ¿Para quién trae usted ese paquete?, escuchábamos que decía Mari Carmen al de reparto mientras corría como un gamo detrás de él. Se había contagiado de nuestras tonterías, la pobre. Era un paquete para dos casas más abajo, que no había nadie. Mala suerte. Volvió a entrar en casa y allí nos encontró a los tres a carcajada limpia, llorando de risa.
- Desde luego, qué vergüenza, la que estáis liando con el dichoso jamón. Y yo, corriendo detrás del pobre hombre, espero que no me haya visto nadie.

Entrar al horno, todo en crudo

Al día siguiente, volvió el mismo repartidor. Seguía sin haber nadie y le oímos hablar por el móvil con su jefe, que a ver qué hacía con el paquete, que no podía estar viniendo todos los días con el calor y todo eso. Le dijo a Mari Carmen que si quería quedarse ella con el paquete y dárselo a la vecina cuando volviera, pero dijimos que si no era un jamón, que no. Qué vida más injusta, Dios le da pañuelo al que no tiene mocos, como dice el refrán.

Menos mal que vino 'Odiseo' (ese no es su nombre, es que no quiere que diga el suyo y hemos consensuado este), a pasar dos días y trajo jamón, buenísimo por cierto, y bombones de Pancracio. Lo siento 'Odiseo', ahora todo el mundo sabe que estás en Cádiz. El jamón se acabó en los desayunos y otra vez nos entró la perrera con el jamón, para desesperación de Mari Carmen.

Estuvimos gritando "¡el jamón!" cada vez que oíamos el motor de un coche e incluso cuando estábamos charlando, nos volvimos obsesivo-compulsivos. Una mañana pasó la máquina barredora del Ayuntamiento y los tres gritamos a la vez: "¡el jamón!" y venga a reírnos como tontos.

Bañar a menudo con el jugo
Pasar la salsa











El día 22, a eso de las 12 llegó el del jamón. Bere y Miguelito estaban en el jardín, Mari Carmen en la cocina y yo andaba dentro de casa haciendo no sé qué. Berenice abrió la puerta en bikini porque ya se iba a la playa con Miguelito, que estaba preparado con la gorra de visera más grande que he visto en mi vida y saltaba como un guerrero Masái , "¡el jamón, el jamón, el jamón!" repetía como si nos hubiera tocado la lotería. Yo aparecí con la túnica que uso para estar en casa y Mari Carmen directamente se escondió en la cocina y no quería salir.
- Tita, que salgas a firmar, dijo Bere.
- Que no, que no, firma tú, se escuchaba a Mari Carmen que debía estar a punto de meter la cabeza en el horno.
- Que salgas, tita, que yo no voy a firmar.



Yo salí corriendo a por la cámara de fotos que estaba en la mesa del jardín y le dije al repartidor:
- ¿A usted no le importa que le haga una foto entregando el jamón? Es que llevamos más de dos semanas esperando a que lo traigan... Le aseguro que no saldrá su cara, si no quiere.
- No me importa, señora, dijo aquel hombre, que sudaba a chorros y a pesar de eso lucía una gran sonrisa.
- ¡Mierda! No me lo puedo creer, dos semanas esperando el jamón y ahora va la cámara y dice "Change battery". 
Salí pitando en busca del iPad para hacer la foto y en la cocina me crucé con Bere que ya venía con su móvil a inmortalizar el momento-entrega-del-jamón-por-fin. Mari Carmen firmó el albarán, Bere hizo las fotos, Miguelito lo pasó en grande, el repartidor se fue pensando que estábamos todos locos y yo me fui a darme un baño fresquito que me dejó como nueva.
Al día siguiente compramos una tabla para el jamón, no hubo manera de encontrar la que teníamos.
'Odiseo' volvió a pasar un fin de semana con nosotros pero le dijimos que ya no hacía falta jamón, que si quería traer más bombones Pancracio, que agradecidos. Así lo hizo, 'Odiseo' es un encanto.

Y aquí está el famoso jamón, salió exquisito.

El momento de la entrega



















 Ternera al vermú

Ingredientes.
1.800 gr de aguja de ternera.
Cebolla dulce en juliana, al gusto.
100 gr de aceite de oliva virgen.
1 vaso de los de agua de vermú blanco seco.
Pimienta en grano variada: negra, blanca, roja y verde. O una mezcla de 5 pimientas de las ya preparadas.
2 ó 3 hojas de laurel.
Ralladura de un limón, sólo la parte amarilla.
3 cayenas enteras.
Sal.
Pimienta negra recién molida.

Elaboración.
Atar la carne para que conserve su forma. Salpimentar.
Colocar en la cazuela y añadir todos los ingredientes. Macerar unas dos horas, dando la vuelta para que se impregne bien.
Entrar al horno precalentado a 200º. 
A los 15 min., dar la vuelta y mantener otros 15 min.
Bajar el horno a 170º y calcular un tiempo de 30 minutos por cada 1/2 kg de carne.
Bañar a menudo con el jugo de cocción.
Cuando esté lista, sacar la carne y mientras reposa, triturar la salsa retirando las hojas de laurel, que ya habrán soltado su sabor y su aroma.
Lonchear, emplatar y servir.


sábado, 3 de agosto de 2013

Calamares en salsa americana o los peligros de profetizar


 Estaba yo limpiando los calamares recién traídos del mercado cuando me encontré con una sorpresa al darles la vuelta - les doy la vuelta para limpiarlos bien, curiosa que es una -, uno de ellos acababa de comerse un lenguado.

Un lenguado pequeño sin digerir aun, suele pasar...
Aquí está, un poco 'pelado'












Tras la sorpresa inicial seguí con la tarea, dos calamares más también estaban recién comidos, lo mismo habían pescado una despedida de soltero o algo asi. El caso es que al final me vi con tres alevines, dos lenguados y un besugo o algo parecido.

Aquí los tres 'pezqueñines'

Llegados a este punto, pensé: esto lo encuentra Ferrán Adriá y hace un menú marinero con algas, sobre espejo de tinta de calamar deconstruido y espuma de mar al aroma de Cantinero de Cuba, Cuba, Cuba... y se queda tan pancho. Encima, te cobra un pastón.

Aunque lo que realmente me vino a la cabeza fue el momento en que los calamares atrapaban a los pececitos, todo para adentro en un pis pas, igualito que lo que le pasó a Jonás cuando se lo tragó el pez gigante, lo de la ballena ya es una leyenda urbana de la época. Y es que eso de ser profeta, era una profesión de alto riesgo y desagradecida además, sólo comparable a la de encargado de la ventanilla de reclamaciones.

Jonás era un profeta al que Yahvé ordenó que fuera a Nínive para anunciarles que en cuarenta días los iba a destruir a todos por lo de siempre, porque eran muy malos. Jonás que ya debía estar un poco harto de ser él quien andaba vaticinando desastres multitudinarios, salió pitando hasta un sitio que estaba más o menos donde hoy está Tel Aviv y allí se embarcó en un navío que iba para Tarsis. No se sabe si quería hacerse minero o que ya éramos destino turístico.


El caso es que nada más zarpar, se fue a dormir a su camarote pero Yahvé que de todo se enteraba, se dio cuenta, se enfadó y mandó una tempestad sobre el barco que se iba a pique. Los marineros despertaron a Jonás y le dijeron que rezara a su Dios como el resto de los embarcados y que de paso, les ayudara a echar por la borda todo lo que pudiera para aligerar el barco a ver si así mejoraba la cosa. En vista de que la tormenta arreciaba, echaron a suertes quien tiraban al mar como víctima propiciatoria que calmara a los dioses. Le tocó a Jonás, claro. Yahvé que todo lo puede hizo que fuera el agraciado. Entonces, confesó que había sido desobediente con su Dios y con más razón lo tiraron sin contemplaciones. Profeta al agua.

Ahí fue cuando se lo tragó el pez, que estuvo dentro tres días orando y arrepintiéndose, al cabo de los cuales Yahvé le dijo al pez: anda, escupe eso ahí, que ya vamos tarde para Nínive. El pez soltó a Jonás en una playa y se fue como nuevo, libre de digestiones pesadas por fin. Entonces, Jonás se fue a Nínive a gritar por las calles lo de los cuarenta días de plazo, pero los ninivitas se arrepintieron todos -hasta el rey, que se dice pronto-, se cubrieron la cabeza con ceniza y se vistieron de tela de saco para que fuera evidente la buena voluntad y los perdonaran.



Como a los cuarenta días todo seguía lo mismo, Yahvé no mataba a nadie ni hacía bajar fuego del cielo ni nada, Jonás se enfadó. De modo y manera que casi me ahogo, me traga un animal pestilente aquejado de meteorismo, me arrastro por medio mundo, me pongo en peligro anunciando algo horrible y ahora resulta que de lo dicho no hay nada. Me voy al desierto, que me quiero morir, ya he tenido suficiente. Yahvé hizo brotar una calabacera y una calabaza hacía sombra sobre Jonás que no se moría, por lo menos de insolación. El asunto era no ponerse de acuerdo uno y otro. Al final, Yahvé demostró que era misericordioso con los que se arrepentían y pedían perdón por sus pecados que, al parecer era de lo que se trataba. Jonás montó una Agencia de Viajes.

Calamares en salsa americana

Ingredientes.
2 kg de calamares en anillas, tentáculos y aletas troceados.
Para la salsa americana. Esta salsa es laboriosa pero no es difícil. No doy cantidades.
Aceite de oliva. 
Cebolla.
Tomate sin piel ni pepitas o tomate triturado.
Zanahoria en brunoise ( o sea, en taquitos pequeños).
Ajo.
Vino blanco de buena calidad.
Brandy.
Caldo de pescado.
Cáscaras y cabezas de gambas, langostinos...
Pimentón dulce.
Pimentón picante (opcional).
Sal.

Elaboración.
Saltear las cáscaras en aceite, regar con el brandy y flambear. Triturar y pasar por el colador. Reservar.
Sofreír en aceite, la cebolla, la zanahoria y el ajo muy picados. Espolvorear con un poco de harina y cuando esté cocida, el pimentón. Añadir un vaso de caldo de pescado y el vino blanco. Dejar cocer unos minutos. Por último, el tomate triturado y cocer hasta que se integre. Triturar, aunque hay veces que no la trituro, eso va en gustos.
Añadir ahora el triturado de cáscaras de marisco.
Introducir por último,  los calamares.
 Dejar hacer todo durante 15 o 20 minutos.
Si espesa demasiado, agregar más caldo de pescado.
Y si sobra, pues unos espaguetis.








jueves, 18 de julio de 2013

Marinera de almejas y mejillones. Los acúfenos, el tu-tú y Danielito.


Si oyes campanas y no sabes dónde; si hay agua manando de una fuente y estás en la cola del mercado; si la sirena de un buque atruena tu sala de estar... no te apures. No son alucinaciones auditivas, tienes acúfenos, o sea, ruidos en el oído también llamados tinnitus. Yo, por razones que no hacen al caso, tengo acúfenos aunque sólo en un oído que no digo cuál porque da lo mismo y además, no les hago ni caso. El asunto es que oigo en 'mono' en vez de oír en estéreo como casi todo el mundo. La consecuencia es que muchas veces me entero de todo al revés y me veo inmersa cual pececillo de pecera en situaciones la mar de chuscas.


Fui a hacerme un pre-operatorio precisamente para el tema del oído. Entre otras pruebas, te mandan una placa de tórax. Estábamos todos esperando en la clínica radiológica, cada uno para nuestras cosas, y me llamaron. Entré en esa habitación en penumbra donde te dan ganas de echar una siestecita, me dieron una bata de un color verde quirófano horrorosa, me pusieron delante del cristal ese que está tan frío, el radiólogo se fue a esconderse a su zulo y desde allí habló por el micrófono.
- Quieta, no respire... esto siempre te pilla con una necesidad de respirar tremenda
- Ya puede respirar... ufff.
- Ahora, una de perfil. Me doy media vuelta y espero la orden de no respirar, cuando noto que alguien me toca el hombro.
- ¡Que ya se puede usted vestir! Era ese hombre, que venía a ver porqué le daba la espalda y no me movía del sitio.
- Ay, perdone, que había entendido 'ahora una de perfil', que para eso es la placa, para operarme porque no oigo bien, y ando todo el tiempo orientando el oído bueno que parezco una imagen de un papiro egipcio, siempre de perfil, qué fatiga...
Mi hermana, que me acompañaba, dijo que se oían las carcajadas de los dos, desde fuera.



Mis hijas y yo salimos todas las Navidades a hacer las compras de los regalos.
- Bueno, niñas ¿Qué le vais a comprar a vuestros maridos?
- Yo, una cartera que la que tiene está muy usada, unos libros...
- Pues yo, un tu-tú.
- ¿¿Un tu-tú para tu marido?? Qué cosa más rara, hija...
- Noooo, ¡un tu-tú para el coche!
- ¿Un tu-tú para el coche? ¿Y eso qué es?
- Mamá, ¡Un bluetooth para el coche, para hablar por el móvil!
La gente se paraba a mirarnos, no podíamos ni andar de la risa y al final tuve que darles un empujón a ver si paraban ya, que yo estaba con las piernas cruzadas en una postura muy poco digna.











Pero lo que ha quedado ya para la historia familiar, es el día que estábamos todos en casa viendo una película en la tele.
- Ay, ¿Cómo se llama este actor? Ahora mismo no me acuerdo...
- Danielito, mamá.
- ¿Danielito? No me sonaba a mí mucho ese nombre, pero teniendo en cuenta que el personaje en cuestión es muy bajito... ¿¿Danielito??-, repetí yo un tanto asombrada.
- ¡Danny DeVito, mamá! 
Desde entonces, cada vez que pregunto por el nombre de alguien, se llama "Danielito".


Ingredientes.
2 kg de mejillones.
1 kg de almejas o chirlas.
1 vaso de buen vino blanco.
Salsa de tomate. Si es casera, mejor.
Dos guindillas (opcional).

Limpiar los mejillones rascando bien las valvas, aunque ya vienen todos depurados, pero nunca está de más.
Tener las almejas en agua con sal durante una hora para que suelten la arena.
Abrir los mejillones al vapor con las dos guindillas abiertas por la mitad, y reservar. Yo los voy sacando a medida que se van abriendo, así no se secan y están jugosos.
En el líquido que han soltado, abrir las almejas con la cacerola tapada para que no se sequen. Reservar.
Colar el líquido por una manga de tela para que se limpie de impurezas. Reservar.
Calentar la salsa de tomate, añadir el vaso de vino blanco y otro tanto del líquido de cocción que habíamos reservado.
Reducir.
Emplatar los mejillones y las almejas y cubrir con la salsa bien caliente. Añadir unos triángulos de pan tostado untado con ajo.













lunes, 1 de julio de 2013

Boquerones en vinagre


No sé desde cuándo los malagueños nos llamamos boquerones pero me gusta, nos gusta. Tenemos una variedad conocida como boquerón victoriano, que algunos pronuncian vitoriano aunque es obvio que no son de Vitoria-Gasteiz, la capital de Álava o Araba en vascuence, lo mismo que a las Victoria - que había muchas por aquí por ser la Virgen de la Victoria nuestra patrona - las llamábamos Vitoria, Vitoti, e incluso Toti. Ya no se les pone esos nombres a los recién nacidos, ahora los papás quieren que sus bebés lleven nombres únicos, y al final todo el mundo acaba llamándose igual aunque con unos nombres muy raros, que yo siempre me pregunto ¿Qué ha pasado con las Victoria, los Juan, o sea, Guan o Guani,  y todo eso?; aunque me guardo muy mucho de decirlo en voz alta, que nunca se sabe si les puede sentar mal a los papás de ahora, sus bebés y el público en general.



Y es que todo cambia. Hace tiempo que me enteré de que había por ahí un Frente Bokerón que yo pensaba que eran como alternativos de algo y ha resultado ser un grupo de aficionados al fútbol, forofos del Málaga Club de Fútbol. Nada, que acabamos sabiendo de fútbol quieras que no. Es poner las noticias en la tele, y antes de que te des cuenta, estás mirando con toda atención el tiempo dedicado a los deportes, que dura más incluso que las noticias. No sólo ves una y otra vez los goles, sino que siempre salen futbolistas - los gladiadores modernos - hablando a un montón de micrófonos, con las marcas patrocinadoras que les llaman 'sponsors', por todas partes, y botellitas de agua a las que ni miran ni de las que beben pero que deben pagar algo y por eso están ahí chupando cámara. Y los entrenadores, que siempre están en la cuerda floja, porque si pierden partidos, los quitan de en medio de un plumazo. La manera moderna de echarlos a los leones. Lo cierto es que nunca entiendo de qué hablan, sobre todo si el gladiador de turno es extranjero y se expresa o pronuncia fatal, es que no pillo ni una.












Lo que más me sorprende es que la gente se pone la camiseta del club de sus amores cuando ve los partidos, aunque sea en un bar o en casa con los amigotes. No entiendo el sentido de este ritual. Es como si los taurinos se vistieran de luces en cada festejo. ¿Que el color favorito del torero al que admiras es malva? Pues todos de malva y oro. ¿Que toma la alternativa? Todos de blanco y oro. Los gordos, de picador o banderillero. La tradición es la tradición. Y que se aprendan los pasodobles, El Gato Montés, que es muy bonito: "Suena el clarín y sale el toro, ¡ole! gritan a coro...". No se puede comparar con: "De las glorias deportivas que campean por España, va el Madrid con su bandera limpia y blanca que no empaña...". Que no empaña... ¿el qué? O que no se empaña, como los cristales cuando hace frío fuera... Que no me entero.










Yo, que siempre he pensado que los 'balones de reglamento' se llamaban así porque reglamento era un tipo de material, algo como de cuero basto que hacía daño sólo con  mirarlo, no acabo de entender de fútbol ni las pasiones que levanta, de verdad. Lo entiendo todo al revés. Derby, sin ir más lejos. Toda la vida pensando que es una competición hípica y resulta que se trata de partidos entre equipos de la misma ciudad, o qué sé yo... Pero hay derbis casi todos los días, todo el mundo de los nervios.
Como que estoy por preguntar a los nenes que juegan al fútbol en mi urbanización, qué Derby es el suyo y cómo lo llevan. No me atrevo porque son muy brutos y pegan a dar.
En fin, que a base de insistir, ya sé lo que es un 'fuera de juego'. Creo...




Ingredientes.
1 kg de boquerones de buen tamaño.
Sal.
Agua.
Vinagre de vino blanco.
Ajo.
Perejil.

Elaboración.
Limpiar los boquerones. Descabezarlos y quitarles la espina central sin separar los lomos de la cola. Aquí explico cómo hacerlo.




Enjuagarlos bien bajo el grifo, hasta que suelten toda la sangre posible.
En este punto, los congelo durante 24 ó 48 horas, para matar el anisakis.
Descongelarlos pasado este tiempo.
Hacer una salmuera, que no es más que agua en la que se disuelve sal. Para hacerse una idea, el agua de mar tiene una concentración de 35 gr de sal por litro de agua. No necesitamos tanto. La salmuera es para que los boquerones no se pongan blandos, lo interesante es que estén firmes. Con 20 ó 25 gr por litro de agua, puede ser suficiente. Es cuestión de ir probando.
Añadir ahora el vinagre, y lo mismo. Depende de si lo queréis más fuerte o no. A mí me gustan fuertes, pero eso va al gusto de cada uno.
Introducir los boquerones, y tenerlos así alrededor de 4 horas en el frigorífico.
Sacarlos y disponerlos en un recipiente bien ordenados, por capas. Cubrir con ajo laminado y perejil cortado.
Cubrir con aceite de oliva de buena calidad.
Esperar un par de horas y ya están listos.





jueves, 30 de mayo de 2013

El absurdo diálogo en el banco.Tarta de chocolate y plátano


Tenía yo una hucha de esas en las que se guardan las monedas de 2 euros, y al cabo de casi dos años la he abierto porque pesaba mucho. Bueno, pues estaba llena hasta la mitad, para que luego digan que las finanzas no son un negocio con peso específico y engañoso.


Antes de llevarlas al banco, pregunté cómo era la cosa, no me imaginaba yo con la hucha destripada contando con el cajero las monedas, y por supuesto que no va así. Desde que Ikea inventó lo de "hágalo usted mismo", todo lo tienes que trabajar tú. En el banco te dan unos contenedores para monedas, tú los llenas, y los vuelves a llevar un día que no tengas prisa porque es complicado de verdad.
Primero, no puedes llevar tanto peso en el bolso, así que busca una bolsa que sea de tela, las otras no sirven, se rompen.
Luego, piensa cómo llevar la bolsa, no puedes colgarla del brazo ni del hombro, que la fisioterapia está muy cara, como todo últimamente. La metes en el carrito de la compra, que si es de alta gama como el mío, aguanta perfectamente.
Llegas al banco, abres la puerta, entras en el compartimento estanco, ese que parece una pecera, hasta que se enciende la luz verde y pasas al interior. Un calor...


Tras aguantar la cola y cuando el cajero por fin me hizo la seña de los elegidos, nos adelantamos mi carrito y yo.
- Buenos días.
- Bnss jummmmsss.
- Pues aquí que vengo yo con estas monedas de 2 euros para cambiarlas por billetes, por favor.
- Vamos a ver. ¿Es usted cliente de esta sucursal?
- Yo si ¿Por? - contesté dando un talegazo con las monedas, sin querer, sobre el mostrador.
- Es que cada uno tiene que ir a su sucursal ¿Sabe usted?
- ¿Cómo? Si yo sólo vengo a cambiar monedas por billetes... ¿Dónde está el problema? Además, si quiere le doy mi DNI, el carné de conducir, mi afiliación política, el número de la Seguridad Social o lo que usted quiera.
- Su DNI mismo.



Las monedas, mi carrito y yo no salíamos de nuestro asombro. Miré al cajero de la ventanilla del al lado - Rafael - , que nos conocemos desde siempre, enarqué las cejas, ladeando ligeramente la cabeza en un claro gesto de interrogación y me contestó con un encogimiento de hombros.
- ¿Y si diera la casualidad de que yo estuviera en casa de una hermana mía, o cuidando a alguien y esta no fuera mi sucursal, qué?
- Ah, pues tendría que ir a su sucursal igualmente. Cada uno, a su sucursal. Qué hombre más territorial, por Dios.
- ¿Ve usted este paquetito? -, aclaró mientras agitaba uno de los paquetes de monedas que yo había llenado la tarde anterior, al tiempo que me tiznaba las manos contándolas, que parece que no, pero están muy cochinas.
- Bueno, pues ¿Quién me dice a mí que usted no ha metido entre las monedas de 2 euros, monedas de esas que tienen el mismo tamaño pero que no son de 2 euros? El carrito y yo casi nos caemos patas para arriba.
- ¿Y en qué momento los clientes nos hemos convertido en delincuentes? Además, por esa regla de tres, ¿Quien no me dice a mí que no bien me haya dado media vuelta, usted cambia mis monedas por otras falsas? Y sobre todo, ¿Cómo prueba usted que esos paquetes son los míos? No los ha identificado, que me he fijado yo.



Todo el mundo estaba ya pendiente de semejante diálogo absurdo. Se oyó una voz tres puestos más atrás en la cola: "Ahí le ha dado... la señora tiene razón". Hubo murmullos a favor y en contra, pero antes de que la cosa se animara, un señor mayor se puso nervioso y nos echó la bronca a todos.
- Aquí lo que hay que hacer es dejar de discutir por tonterías, que esto no es un casino, coño.























El cajero contó los paquetitos, me dio los billetes a través de la ventanita del cristal blindado y susurrando para que no me oyera el señor del casino, le hice ver que cualquiera de esos billetes podía ser falso, pero que me fiaba de él porque todavía había clases.
- ¿Le importaría darme un sobre para meter el dinero, por favor? Si hace falta, yo se lo pago.
- Nono, yo le doy un sobre.
- Bueno, pues no se preocupe que no pienso decirle al Sr. Botín que me ha dado usted algo gratis, no sea que lo echen por dilapidador.





Di un golpe de melena, giré 180º  y me dispuse a salir con la mayor dignidad posible, estilo militar que pasa revista a la tropa; en este caso, la cola de sufridos clientes. Al pasar junto al señor protestón, me guiñó un ojo. Lo mismo era un tic nervioso o el efecto secundario de alguna medicación, pero no me quedé allí para averiguarlo.  Como digo, todo muy absurdo.


Ingredientes.
200 grs de chocolate Fondant negro.
4 plátanos.
4 yemas de huevo.
4 cucharadas de azúcar.
4 cucharadas de ron.
300 gr de masa quebrada.

Elaboración.
Hacer la masa quebrada y dejarla reposar en el frigorífico al menos 30 minutos. También se puede comprar ya hecha, las hay de buena calidad.
Al cabo de este tiempo, extender la masa con el rodillo y forrar un molde de tarta desmontable.
Hornear en ciego (cubierto con papel de aluminio y con legumbres secas para que haga peso y no se levante la masa), hasta que esté dorada y se despegue ligeramente por los bordes. Tardará 15 ó 20 minutos a 180º.
Cuando la masa esté cocida, quitar el papel de aluminio y las legumbres y dejar 5 minutos más para que tome color dorado.
Pasar por la batidora dos plátanos con el azúcar, el ron y las yemas. Añadir el chocolate fundido al baño maría o unos segundos en el microondas.
Mezclar bien, verterlo sobre la tarta y dejar enfriar.
Cortar en discos los dos plátanos reservados y rociados con zumo de limón. Pincelar con gelatina neutra (opcional).





jueves, 25 de abril de 2013

Cinco semanas y media, y una receta

Otra vista


Mi cocina antes
- Vamos a cambiar la cocina - dije yo un día con los brazos en jarras después de medir con la vista una vez más las dimensiones de la estancia.
- ¿Le pasa algo a la hornilla? - dijo Manuel un poco mosca.
- No, no, vamos a agrandar la cocina, estoy muy incómoda yo en esta cocinita de Pin y Pon  - 
Siempre me han gustado las cocinas grandes, las he tenido en todas las casas en donde hemos vivido, menos en esta, que para mí era pequeña, y lo que más me gusta es tener a toda mi gente allí mientras cocino, charlamos y pasamos la mayor parte del tiempo. No he tenido más remedio que darle a la cocina la habitación de al lado, casualmente el despacho de Manuel donde se amontonaba todo lo que estorbaba por ahí.

Como la última vez que hice una obra terminé hartita de lidiar con la cuadrilla y su jefe, contraté un equipo, y nos embarcamos en el proyecto. Margarita ha coordinado, Pepe ha sido el decorador y Manuel - otro, no el mío -, el jefe de obra. No he tenido que luchar con nadie, de eso se ha encargado Margarita, santa mujer.
En principio íbamos a cambiar el suelo, los muebles y poco más. Pero a lo tonto, a lo tonto, hemos levantado el suelo, las paredes y el techo; las conducciones de agua, gas y electricidad; las ventanas y hasta el calentador de gas.

La cocina antes de...
Total, que teníamos que salir de casa porque la obra ha sido de aúpa. Mi hermana Conchi nos dio asilo. Salimos el 18 de febrero Manuel, Natacha, las maletas, el virus de la gripe que nadie sabíamos que venía, y yo. Cuando llegamos, yo ya iba fatal. Los dos primeros días los pasé en la cama, malísima hasta que fui al médico, que me diagnosticó la gripe de moda y me recetó antibióticos. Estaba tan malita, que por las mañanas salía de nuestro dormitorio con todo lo que pensaba que me iba a hacer falta en el bolso, para no tener que andar dando viajes por toda la casa de Conchi que es preciosa y muy grande, que para ir a la cocina desde el cuarto de la tele, tenía que hacer un descanso a la altura del cuarto de Miguelito y cuando recuperaba el resuello, me arrastraba lo que quedaba. Lo mismo a la vuelta. Me acostumbré a llevar la botella de agua en el bolso, las gafas de leer, el jarabe, los kleenex, el móvil por si tenía que pedir auxilio, junto con todo lo que suelo llevar. Pesaba mucho, la verdad.

Lo hemos pasado muy bien, sobre todo, una vez que me recuperé. Hemos cenado chino, japonés, camperos malagueños, pizzas, en plan tapitas... Hemos dado paseos los días que no llovía - porque mira que ha llovido este año -, hemos charlado y nos hemos reído a carcajada limpia, como la tarde en que llegó nuestra hermana Rosa a hacernos compañía y no podíamos abrirle la puerta. Conchi, al salir, había echado la llave y no había manera, hasta que nos dimos cuenta, buscamos las nuestras y cuando por fin pudimos abrir, allí estaba Rosa sentada en los escalones como un personaje de Dickens, una penita que daba.... Puede que fuera ahí donde cogió frío, fue la siguiente en enfermar.

Durante
Durante











Con esto de las obras, se aprende mucho. Ya sé dónde se piden los permisos municipales para colocar la cuba de los escombros, la licencia de obra y sobre todo, cuánto vale: un disparate. Tuvimos que ir a la Gerencia de Urbanismo porque esas cosas no se pueden hacer online. Un edificio muy bonito, la verdad, con gente encantadora y me temo que habrán enfermado unos cuantos de gripe porque tuve que ir en plena ebullición griposa. Lo siento, yo no quería, de verdad. Si pudiéramos hacer las gestiones telemáticamente, no tendríamos que ir contagiando a los funcionarios. Si alguien tiene contactos por allí, que lo arreglen que la salud es lo primero.

Ahora sé lo que es el shunt, que ellos le llaman chun y resultó que es el conducto de ventilación de la cocina. En cada baño tenemos uno, estamos muy ventilados. Pero lo que más me ha gustado es lo de la perlita, que la única que yo conocía era la Perlita de Huelva, que cantaba aquéllo de precaución amigo conductor, la senda es peligrosa; que te espera tu madre o esposa, para darte su abrazo de amor... y todos los taxistas y camioneros llevaban un San Cristóbal y las fotos de sus niños con la leyenda: "no corras, papá", así te costaban las carreras de taxi un dineral, circulaban todos de un despacito desesperante, y encima no podías decir nada, a saber si los niños se iban a disgustar. Bueno, pues la perlita es lo que ponen en las paredes para enfoscarlas, no me gusta ni el alicatado ni el gotelet. Han quedado estupendas.



Con la prueba del color

No os quiero aburrir con los detalles de la obra. Al final, llegó el gran día de nuestra vuelta. Hicimos las maletas, nos despedimos de Conchi con pena, nos habíamos acostumbrado a la convivencia, y al salir, Natacha que es rusa pero muy graciosa, dijo:
- Como se suele decir: gracias a esta casa, nos vamos a la nuestra. Nos tuvimos que reír...






















Faltan las cortinas que las están haciendo y algún detallito más, pero ya estamos instalados en la nueva cocina que también es la vuestra.
La receta, aquí