domingo, 11 de marzo de 2012

Magdalenas esponjosas y el jaleo con los cafés y el té


No tengo yo muy claro si en Málaga somos barrocos, imaginativos, puntillosos y especiales, o es que tenemos tendencia a la guasa. El caso es que pedimos el café de ocho maneras básicas: nube, sombra, corto, semi- corto, mitad, semi-largo, largo y solo. A ver si lo sé explicar.

La nube, es muy poco café, y el resto de leche. Un añadido es,  pero no me ponga toda la leche caliente, me pone también un poco de leche fría. Esto le da más emoción, si cabe.
El sombra, es un poco más de café y el resto de leche, con la misma puntualización acerca de la leche fría y caliente.
El corto,  lleva un poco más de café y de nuevo el jaleo de la leche fría y caliente.
El semi-corto, ya lleva más café, pero no llega al siguiente que es...
El mitad. El café con leche del resto del país, que ni por esas lo pedimos en condiciones.
El semi-largo, tiene más de café que de leche.
El largo, también se llama cortado, porque se corta con un chorrito de leche.

El solo, es un café-café. No lleva leche, de modo que los camareros no pueden darse el gustazo de terminar de llenar el vaso hasta el borde con la leche, como hacen con los demás tipos de café. Tienen un arte que no veas, llegan hasta el borde mismo aunque le digas nonono, ya vale por favor. Ellos no, ellos siguen hasta que colman el vaso. Y es curioso paran justo al filo, no se derrama ni una gota, a quien se le derrama el café es a ti cuando pones el azúcar. Da un coraje...

También está el solo americano, que es un solo al que le añaden más agua y así no está tan fuerte.
Por último, el No me lo ponga, que yo creo que se lo inventó alguien harto de esperar al camarero, porque los hay desidiosos y te ningunean por mucho que alces el brazo, con lo que al final ya te da lo mismo.

Pero los camareros también tienen su momento-venganza, y te interrogan a su vez: el café ¿En vaso o en taza? Si es en taza, ¿En taza pequeña o grande? Si las negociaciones llegan a buen puerto, cuando empiezas a desayunar, es la hora del aperitivo.

Este gráfico lo he bajado de la red, para que os hagáis una idea.



Marisa, Rosa, Conchi y yo, salimos una vez por semana a desayunar y nos tomamos la cosa con calma, la mayoría de las veces volvemos al filo de la una de la tarde. Hemos inventado el slow breakfast, y me temo, que también hemos inventado una manera nueva de pedir el té, como si no hubiera ya bastante con lo de los cafés.

Marisa siempre pide un té inglés, que según ella,  es un té hecho en agua, con leche en una jarrita aparte, pero ella no da explicaciones, pide su té inglés y luego el camarero que averigüe, que una vez uno dijo muy azorado bueno, teníamos Earl Gray, pero se nos ha terminado... Entonces, va Conchi y pide un té americano, que es un té hecho en leche y según Marisa, se llama así. Es cuando los camareros entran en estado catatónico, nos miran fijamente, no dicen ni mu y tenemos todos un ratito de meditación.

Hace unos pocas semanas, una pobre camarera se hizo un relío tremendo y no dio una. Terminamos con tres jarritas de leche, dos tés hechos en agua que cambió por otros dos hechos en leche, Marisa diciendo a Conchi que era ella la que equivocaba a la camarera y Rosa y yo, llorando de risa, mientras Conchi juraba y perjuraba que era Marisa la que lo decía mal.

Yo siempre me quedo con las ganas de pedir magdalenas, que es lo que me gusta desayunar cuando salgo fuera, pero no lo hago porque no me gusta echar más leña al fuego. Después de todo, ya me las hago yo cuando me apetecen. Estas son las que hago de siempre, son livianas y esponjosas.

Ingredientes.
4 huevos.
180 gr de mantequilla.
180 gr de azúcar.
180 gr de harina.
1 cucharadita de levadura Royal.
La ralladura de un limón.

Elaboración.
Batir la mantequilla con el azúcar y la ralladura de limón, hasta que blanquee y esté suave.
Incorporar un huevo y batir. Cuando esté bien integrado, el segundo. Hacerlo así con los cuatro huevos.
Por último, la harina mezclada con la levadura y pasada por un tamiz. No echarla de golpe, hacerlo en 3 ó 4 veces, batiendo muy bien.
Llenar los moldes y entrar al horno precalentado a 200º los primeros 5 minutos, y bajarlo a 180º los 10 ó 15 minutos restantes.
Dejarlas un poco más si no se han cocido del todo, esto depende de cada horno.










miércoles, 7 de marzo de 2012

Potaje de vigilia, la Cuaresma y la abuelita Cebolleta


Cuando España era la Reserva Espiritual de Occidente, formábamos una Unidad de Destino en lo Universal, caminábamos por Rutas Imperiales y éramos más papistas que el Papa, la Cuaresma era una cosa muy seria.

Tanto, que los Carnavales previos a los cuarenta días de ayunos y abstinencias, estaban prohibidos.  Digo yo que sería por aquéllo de los tres enemigos del alma: Mundo, Demonio y Carne, que yo creía que se refería a la carne que se prohibía comer en Cuaresma, hasta que me explicaron que era lo de los apetitos carnales, que era pecaminoso.

El Miércoles de Ceniza, había que ir a la iglesia para que te impusieran la ceniza, haciendo una cruz en la frente, y de paso te recordaban que eras pecadora, que tenías que arrepentirte y convertirte (una vez más) y que del polvo vienes y al polvo volverás. Así que se te quitaban las ganas de divertirte, que era de lo que se trataba. Ese día, era de ayuno, o sea comer poco, y abstinencia, es decir, no comer carne.

Durante toda la Cuaresma, los viernes eran días de abstinencia, excepto si habías pagado una Bula Pontificia. Pasando por caja, todo arreglado. Pero éramos la Reserva Espiritual, no la Reserva Monetaria, de modo que todo el mundo, más o menos, se dedicaba a no comer carne y fue así como el bacalao se convirtió en el rey de la Cuaresma.


El Viernes Santo, en la mayoría de las casas españolas, se comía el Potaje de Vigilia, en todas sus variantes. Era como algo que ya llevábamos en el ADN colectivo. Un año, estábamos sentados todos a la mesa para comer. Trajeron el primer plato que era el potaje de vigilia. Luego trajeron unos soldaditos de Pavía de bacalao. Empezamos a mirarnos unos a otros... Después aparecieron unos buñuelos de bacalao. Ahí, ya se oyeron algunas risas y no pocas protestas. Mi madre nos miró a los ocho hermanos, de reojo a mi padre y soltó Ay, es que compré demasiado bacalao y como ya estaba remojado, pues no lo iba a tirar... Estuvimos bebiendo agua como desesperados hasta el Domingo de Resurrección.

Conchi era pequeña y lo recuerda, pero a su manera: creyó que eso era lo que había que hacer y luego, ya mayor y viviendo en Estados Unidos, le decía a todo el mundo Pues en mi país, es tradición poner un menú todo a base de bacalao un día de la Semana Santa. Y la gente, Ah ¿sí? Más de una tradición habrá empezado por cosas como ésta.

Pues cuando yo era pequeña, estabas por allí tan contenta, te ponías a cantar el Viernes Santo y siempre había alguna muchacha que te mandaba callar Shhhh, ¡que el Señor está muerto! o ponías la radio y había lo que se llamaba Música Sacra, muy bonita pero que terminabas con una depresión espantosa. La tele, no empezaba hasta media tarde o así y tampoco era de grandes alegrías, te tragabas Los Oficios enteritos. Eran los tres días más largos del año.

Y ya no cuento más, que me estoy pareciendo a la Abuelita Cebolleta con mis recuerdos de la niñez.


Ingredientes.

250gr de callos de bacalao. (*)
300 gr de garbanzos remojados de víspera.
1 pimiento verde.
2 tomates rojos.
1 cebolla.
1 cabeza de ajos asada.
250 gr de hojas de espinacas.
1 hoja de laurel.
1 puñadito de almendras.
4 rebanadas de pan.
1 cucharada de pimentón dulce.
2 huevos cocidos.
Aceite de oliva.
Agua.
Sal.

Elaboración.

Remojar los callos de bacalao 24 horas antes, no necesitan más tiempo, cambiando el agua dos o tres veces.
En una olla amplia, colocar todos los ingredientes, excepto los callos, las espinacas,  las almendras y las rebanadas de pan. Cubrir con agua suficiente y un chorro de aceite de oliva,  y llevar a ebullición.
Dejar hacer a fuego lento, hasta que los garbanzos estén tiernos.
Apartar el pimiento, los tomates y la cebolla y triturar. Devolver al guiso.
Freír las almendras y en el mismo aceite, el pan. Triturar y añadir a la olla.
Poner ahora las espinacas lavadas, y cuando estén tiernas, los callos cortados a tiras.
Aunque tengan un aspecto correoso, enseguida se pondrán gelatinosos y blandos, entre 15 y 30 minutos. Probar y salar.
Cuando esto ocurra, echar los huevos cocidos troceados groseramente.
Servir muy caliente.



(*) Los callos de bacalao son la vejiga natatoria. Los descubrí gracias a mi amigo Posti, que tiene un blog estupendo y de alto nivel. Es este Visitadlo, que os va a gustar.
Es tan encantador, que cuando le comenté que en Málaga no había visto los callos de bacalao, quiso enviarme unos cuantos con un amigo que venía. Te digo, Posti, que los he encontrado en una tienda de ultramarinos especializada en bacalao. No he caído en preguntar ahí hasta hace unos días, qué desastre de mujer... De todos modos, te agradezco el detalle como si hubieras venido en persona a traerme los callos. Espero que un día vengas con tus chicas, sin callos ni nada, que aquí tenemos de tó, como me dijo el de la tienda cuando pregunté por los callos.




domingo, 4 de marzo de 2012

Campero malagueño. Ni panini, ni sándwiches variados




Ese viaje a Polonia fue curioso en todos los sentidos. Íbamos Conchi, Antonio y yo a pasar unos días de turismo y tranquilidad y fue de todo menos tranquilo. Ya en la llegada al aeropuerto de Varsovia, nos encontramos al taxista psicópata de la ciudad.

Conchi y yo íbamos detrás y Antonio al lado del conductor, que arrancó dándole un pisotón al acelerador que ya quisiera Fernando Alonso. Nos vimos aplastadas contra el asiento, mirando al techo del taxi: ¡aahhhhh! También frenaba a base de pisotones y entonces, mirábamos al suelo como buscando hormigas. Conchi se puso el cinturón con cara de pánico y yo musitaba verás tú, verás tú… Antonio seguía impertérrito como si fuera su imagen del Museo de Cera. Llegamos al hotel con los pelos tiesos.
Entramos por la puerta giratoria. Muy bonita y elegante, pero nunca encuentras el momento de entrar Que ahora sí, que ahora no... que pasa tú, que paso yo, que quién pasa... y al final entramos todos apretujados en el mismo espacio, andando como las japonesas, estilo Chiquito de la Calzá con maletas y todo.

A los dos días, fuimos en tren hasta Cracovia, donde otro taxista asesino nos turbo-transportó hasta el hotel que estaba en pleno barrio judío, una preciosidad. Nos registramos y bajamos a la cafetería a cenar, el restaurante ya estaba cerrado, eran casi las diez de la noche.

Nos sentamos en la terraza y el camarero nos trajo la carta de vinos y copas. Nada de comer.

- Perdone, queremos cenar algo.
- A ver, ¿son ya las diez? No es que no tuviera reloj, es que tenía mucho mando y poderío.
- Pueees… yo diría que faltan diez minutos para las diez, dije yo sospechando que no tenía muchas ganas de que preparan cena.
- Nonono… faltan quince minutos, apostilló Conchi que es más lista que yo.
- Veré qué puedo hacer, dijo el camarero perdonándonos la vida.
- Que tampoco hace falta nada especial, algo así sencillito… dijo Conchi, y yo asentí para que viera que éramos poco exigentes.
- Venga, les voy a preparar algo sorpresa. Magnánimo el muchacho.
Al rato, apareció con algo que llamó pomposamente sándwiches variados, Conchi dijo:hombre, Panini, pero yo, qué queréis que os diga, ¡eso eran camperos!



Esto fue lo que nos trajo, parecen camperos, pero no lo eran.

Los primeros camperos malagueños, que yo recuerde, los hicieron en un sitio que se llamaba "Los Panini", creo que todavía están funcionando. El pan para campero ya lo hacen en las panaderías malagueña, sólo tienes que pedirlo así: pan para campero, y son redondos como los de hamburguesa, pero más crujientes. Se puede hacer con molletes, pero no es lo suyo.

Los camperos llevan mayonesa y van siempre a la plancha, te los sirven calentitos. Los hay de muchas clases: de jamón cocido y queso; con un filetito de lomo de cerdo; de tortilla de patatas... pero siempre con lechuga, tomate a rodajas y más mayonesa, que te pones perdido cuando los muerdes, es un aliciente más de los camperos.
El campero que os traigo hoy, es de tortilla de patatas.

Ingredientes.



Pan para campero. Éste tiene un diámetro de 10 cm.
Lechuga lavada y cortada.
1 tomate rojo.
1 pimiento frito.
1 tortilla de patatas y cebolla, del mismo diámetro que el campero.
Mayonesa.

Untar el pan con mayonesa por las dos mitades.


Colocar encima la tortilla, la lechuga, el tomate a rodajas y el pimiento frito.
Poner un buen montón de mayonesa y tapar con la otra mitad del pan.
Calentar sobre una plancha, por los dos lados.



A fuego lento, porque si no, se quema y hay que tirarlo.
Comer caliente y con una buena servilleta a mano.




domingo, 26 de febrero de 2012

Cazuela de fideos con alcachofas y coquinas, y la compañera Rosa



Mi hermana Rosa venía a comer a casa el domingo. Hacía un día precioso y quiso venir en autobús. Después de explicarle cuál la dejaba más cerca de casa, fui preparando la comida que era una cazuela de fideos, acompañada de una tortilla de patatas con habas. Llamó por teléfono.

- Oye, Maricruz, ¿el autobús de qué número me dijiste que tenía que coger?
- Pero ¿tú dónde estás?
- ¿Yo? En el centro, más o menos, hay mucha gente y los autobuses no pueden pasar. 
- ¿Y eso?
- Un jaleo, hija mía... 

Uh, éso va a ser la manifestación, pensé yo, y seguí con mis asuntos en la cocina. Manuel fue a recogerla a la parada del autobús y al rato aparecieron los dos, Rosa tan contenta con una botella de Ribera de Duero que le había pedido yo porque no teníamos vino, y Manuel riéndose.


- Ay, Maricruz, no veas qué mañanita. El chófer del primer autobús que cogí para ir al centro, cuando estábamos llegando, dijo que tenía que ir por El Camino Nuevo y el paseo marítimo, que por el centro no podía pasar. Vamos, que nos ha dado un tour turístico por media Málaga.
- Rosa, es que había una manifestación, que me he acordado yo cuando llamaste.
- Bueno, pues nos ha dejado a todos en calle Cuarteles, y por eso te he llamado. 
-  Entonces, has cogido el que te dije ¿no?
- Sí, uno que iba con mucha gente con banderines enrollados y como en grupo, y yo he preguntado qué pasaba. Entonces, uno me dijo: 'compañera, venimos de la manifestación, ¿usted no ha estado?'
- Ay, si yo creía que esto era por los carnavales, le dije yo...
- Jajajaja! Pero mujer...
- Y me ha explicado lo de la reforma laboral y ya de paso, pues le he hecho una consulta acerca de mi jubilación, ya ves.

Rosa es así. Aprovecha que el Pisuerga pasa por Valladolid y ya que tenía un sindicalista a mano, va y  entabla conversaciones laborales. Y se puso a explicarme con todo lujo de detalles la situación, y cómo la miraban como si fuera una extraterrestre que no se enteraba de nada. Aunque le aclararon muy amablemente, que lo de los carnavales era por la tarde. Por si quería ir la compañera, digo yo.

Nos dio tanta risa, que no atinábamos a abrir la botella de vino. Tuvo que venir Manuel a poner orden.

Esta cazuela de fideos, es una variante de Esta receta que, por cierto, fue con la que inauguré el blog.

Ingredientes.
250 gr de coquinas malagueñas.
2 dientes de ajo.
1 cebolla.
2 tomates maduros.
1 patata grande.
1/2 kg de alcachofas.
Fideos del nº 4.
Pimentón dulce.
Aceite de oliva.
Agua o caldo de pescado.
Sal.

Elaboración.

Hacer un sofrito con los ajos, la cebolla, los tomates y el pimentón, y triturar. Añadir al caldo de pescado. Si no disponéis de caldo de pescado, podéis cocer las coquinas en agua, coláis y usáis ese caldo. A mí me gusta más que las coquinas se abran en el guiso, pero hay que asegurarse de que no tienen arena.










Limpiar y trocear las alcachofas y cocerlas en la preparación.













A los diez minutos, añadir las patatas troceadas.











A continuación, los fideos y dejar cocer el tiempo que indique el fabricante.
Un par de minutos antes, echar las coquinas bien lavadas.










Por último, la hierbabuena.










Servir bien caliente.












miércoles, 22 de febrero de 2012

Paella de chiringuito y el placer de vivir a pie de playa



Comer en un chiringuito es distinto a comer en cualquiero otro sitio. No pidas que se parezca a los  restaurantes al uso, gastrobares, ni establecimientos de diseño. Si vas a un chiringuito, más vale que sepas dónde te metes, de modo que no esperes florituras, manteles de tela ni protocolo, no vaya a ser que te pase lo que a mí cuando fuí a cenar en una especie de chiringuito en Virginia Beach, que le pedí a la camarera el cubierto de pescado, que se lo tuve que explicar y todo porque no sabía lo que era, y cuando le dije que en España (Europa) los usábamos, me soltó honey... tú... ¿qué pasa? ¿eres duquesa o marquesa o algo así?

De modo, que en cuanto llega el buen tiempo, algo se dispara en mi mente, que estoy tan tranquila en casa y de golpe, me entra el ansión y salimos pitando al chiringuito más cercano a cenar unos espetos de sardinas, unas almejas salteadas o lo que se tercie. Salvo los más conocidos, no hace falta reservar mesa, tú llegas y te acomodan donde pueden.

 Yo voy a los chiringuitos a comer sardinas en espeto, que en casa no se pueden hacer por pestes obvias. Además, necesitas un buen fuego, cañas para espetar y saber hacerlo que no es nada fácil. A mí me enseñó una vez un espetero y es un jaleo tremendo: hay que ensartar la sardina con la espina por un lado y terminar de ensartarla con la espina por el otro, una cosa muy complicada. Tampoco te pongas a comer las sardinas de los espetos con cuchillo y tenedor, cómelas con las manos que no pasa nada más, que luego te huelen a sardina, pero te las lavas y listo, que en los chiringuitos hay lavabos.

 No pidas silencio en un chiringuito, la gente es bullanguera. Basta que llegue un grupo que hable a gritos, para que los de la mesa de al lado como no se oyen bien, pues alzan la voz, y los de la mesa de más allá, lo mismo. Al final, todos gritando como locos, que al día siguiente estás afónico y te crees que es por la humedad de la playa y no, es por los gritos.



No hay menú en los chiringuitos. Tú llegas, te sientas donde te dicen y cuando sea, aparece uno de los camareros que hay por allí y que están siempre atendiendo a otras mesas, menos la tuya.

- Buenas, ¿Qué va a ser?
- Pues... ¿Qué tenéis?
- Tenemos de tó: almejas salteadas, coquinas, mejillones cocidos, conchas finas, gambas plancha, gambas cocidas,  salmonetes, salmonetitos, chanquetes chinos, boquerones, boquerones al limón, calamares, calamaritos, choco plancha, puntillitas, adobo, rosada frita, rosada plancha...
- ¿Y búsanos? ¿Hay búsanos?
- Voy a ver.
Y ése es el que ha metido la pata, el que pregunta por algo que el camarero no ha dicho, porque se va y averigua tú ahora cuándo va a volver. Lo mejor, es preguntar cuando ya han traído algo, por lo menos entretienes la espera comiendo.
Otra pregunta que suele hacer la gente en los chiringuitos es:
- Los boquerones (o lo que sea) ¿Son buenos?
- Digo, de la bahía, fresquísimos.
Como que te va a contar a ti, si los boquerones llevan tres días entrando y saliendo de la cámara... Que, la verdad sea dicha, los productos de los chiringuitos están frescos y es una maravilla comer en la playa, de verdad.

Pues a mis hijas no les gustaba la paella de pescados y mariscos, que solía hacer los domingos. Y como alguna que otra vez, hemos comido arroz en paella en un chiringuito, me inventé ese nombre para mi arroz, pero no dio resultado. Sigue sin gustarles, es como una tradición familiar: no a la paella de chiringuito de mamá. Pero os aseguro que está muy buena, a todo el mundo menos a ellas, les encanta.

Ingredientes.
3 y 1/2 tazas de arroz de grano redondo.
1 kg de mejillones cocidos. Guardar el caldo de la cocción.
400 gr de gambas.
6 cigalas.
250 gr de rape en rodajas.
250 gr de almejas.
1 pimiento verde.
2 tomates maduros.
3 dientes de ajo.
1.400 ml de caldo de pescado, incluyendo el caldo de los mejillones.
Aceite de oliva.
Azafrán o colorante alimentario.

Elaboración.
En una paella (paellera es la mujer que hace paellas) con el fondo de aceite, sofreír las gambas, las cigalas y el rape. Reservar.
En ese mismo aceite, hacer el sofrito con el pimiento, los tomates y los ajos bien troceados. Se puede añadir más aceite si hace falta.
Añadir ahora el arroz y el azafrán o colorante, y rehogar.
Volcar el caldo de pescado caliente sobre el arroz y llevar a ebullición a fuego fuerte. Poner las almejas para que se abran con el caldo.
 Cuando empiecen a verse los granos de arroz, se puede bajar el fuego a medio, pero teniendo cuidado de que no deje de hervir, para que no se pase el grano.  Salar ahora.
Si quiero que se socarre un poco, lo cocino siempre a fuego fuerte, hasta que oigo como si explotara el arroz.
Apagar y dejar reposar unos minutos.

Nota. Antes de servir, remover bien todo el arroz, que debe estar con los granos sin abrir.




El video de la receta, aquí

viernes, 17 de febrero de 2012

Cabrito guisado o el día en que todo lo hice al revés



Venía a comer a casa Mª Ángeles Sánchez, de http://www.cocinasinmiedo.blogspot.com/. Entrad en su blog, que es una gozada.
Como era la primera vez que nos veíamos en casa, le dí mi dirección por correo electrónico, aunque también tenía mi número de teléfono, hasta aquí todo perfecto. Se suponía que llegaba a las doce de la mañana, pero dieron las doce, las doce y media, la una y como en la canción de Sabina, por poco nos dan las dos y las tres.

Yo, tan tranquila en mi cocina dando los últimos toques al menú que tenía preparado: queso y salchichón de Málaga para picar; mejillones en salsa, de entrante; cabrito malagueño guisado; ensalada de brotes tiernos con nueces, pasas y piña; y de postre una marquesa de chocolate. Manuel vino a preguntar.

- ¿Y a qué hora dices que has quedado con Mª Ángeles?
- Pues a las doce, pero no sé yo qué habrá pasado, lo mismo no puse atención o yo qué sé. De todas maneras, tiene mi teléfono.

Ahí fue cuando caí en la cuenta. El móvil se estaba cargando en el despacho. Fuí a ver y había como cuatro llamadas perdidas. Llamé y era Mª Ángeles, que no encontraba la casa, no le había indicado el número de la calle, sí el bloque, la planta y todo lo demás, qué fatiguita me entró. La pobre mía llevaba desde las doce trotando paseo marítimo arriba y abajo, como la cabra de la legión el Jueves Santo, ay. Y venga a llamar, y yo como si nada. Cuando hablé con ella, estaba a la altura del Puerto.

Manuel fue a rescatarla, subieron a casa y apareció ella toda sonriente, con unos bombones y un bizcocho.
- Ay, perdóname por favor, míra que no ponerte el número de la calle, lo siento de verdad.
- Nada, nada, es que no tenía tu número de teléfono a mano, y he tenido que llamar a Carmen Rosa, pero tampoco lo tenía y entonces, he buscado en el día que hablamos tú y yo y allí estaba, pero no contestabas y...
- Uy, uy, siéntate en la mesa camilla, que está puesto el calentador, que hace mucho frío.
- Mejor no, es que tengo mucho calor. Esa criatura estaba sudando a mares y yo sin darme cuenta.
- Es verdad (tierra, trágame). Picamos algo, mientras salseo los mejillones, venga.
- Es que a mi... no me gustan los mejillones, os lo coméis vosotros mejor. Otra metedura de pata, tendría que haber preguntado si había algo que no le gustara, menuda anfitriona estaba yo hecha. La cosa se estaba poniendo cada vez peor, ahora sudábamos las dos, y yo estuve a punto de pedir que alguien me diera el tiro de gracia.

Así que nos fuimos al salón los tres, con el queso, el salchichón, una copita de tinto y estuvimos charlando como si nos conociéramos de toda la vida, Mª Ángeles hace que te sientas cómoda, es una persona muy "entrante", que diría un amigo mío.

Estos son los bombones que trajo, los hace ella y están exquisitos. Además, bonitos ¿verdad?


Charla que te charla, pasaba el tiempo y ya era tarde cuando fuí a la cocina a aliñar la ensalada y servir el cabrito, que había puesto al mínimo. Mª Ángeles, no tuve valor para decírtelo, pero te lo digo ahora: el cabrito había empezado a pegarse. Lo cambié de recipiente, que tengo dos iguales, procurando no rascar el fondo para que no diera mal sabor. Por eso, llegó más bien frío a la mesa ¿recuerdas que lo tuve que calentar al microondas? Pues eso.

Y menos mal que teníamos infusiones y té, porque tampoco me había preocupado de saber que a ti no te gusta el café. Te voy a regalar una camiseta que diga: yo sobreviví al primer encuentro con Maricruz.
Pero lo pasamos divinamente, la sobremesa fue genial y te prometo que la próxima vez todo saldrá perfecto, porque te lo mereces y por tu santa paciencia.

Ingredientes.
1 kg y medio de cabrito lechal malagueño troceado.
200 cc de aceite de oliva.
400 cc de buen vino blanco.
1 cucharada sopera de pimentón de la Vera.
Tomillo.
1 cabeza de ajos, separados y dados un golpe.
Sal.
250 cc de caldo de pollo o agua.

Elaboración.
La noche anterior, poner el cabrito en una marinada con todos los ingredientes, excepto el agua o el caldo.











Tapar y entrar al frigo.
Al día siguiente, colocar en una cazuela, añadir el caldo o el agua.

 Yo siempre pongo un par de tapones de corcho para que tarde menos en cocer, es una manía.

Cocer a fuego medio, hasta que el cabrito esté tierno y la salsa reducida.





Servir caliente. Se puede acompañar con patatas fritas, patatas panaderas, o con una ensalada.

sábado, 11 de febrero de 2012

Choco guisado en leche y la oración secreta



Edito: para este plato, no se utiliza vino blanco como digo, en realidad, se hace con brandy. Estas cosas pasan por escribir con el piloto automático, mil perdones. Rectifico.
Esta receta es de Mari, amiga de Maricarmen y mía. Las tres compartimos charlas, risas y recetas de cocina. Mari es de Huelva.
A Matalascañas, a un congreso andaluz, fuí yo hace ya muchos años cuando trabajaba en una asociación de Jugadores Patológicos en rehabilitación. Otra cosa no sería, pero entre Jornadas, Congresos, Convivencias y otros menesteres, más parecíamos agentes comerciales que una asociación terapéutica, venga a viajar y a dar charlas y conferencias.

Como ya estábamos organizados, compartíamos vehículos. A mí me asignaron al de un jugador que había dejado de jugar hacía muy poco tiempo, así que estaba de impulsividad a tope. LLegó media hora tarde al punto de encuentro, venía con su mujer, su hija de cinco añitos y otra jugadora, que ocupaba el asiento del copiloto.

Justo a la salida de Málaga, empezó a pisar el acelerador a fondo.

- Jonás, hombre, digo yo que no tienes que correr tanto, ¿no?, que no tenemos prisa...
- Jajajaja, se empezó a reir compulsivamente, tranquila, que yo conduzco muy bien.
- Si, todo lo que tú quieras, pero ten en cuenta que llevas a tu mujer y a tu hija, dije yo invocando la llamada de la sangre.
- Que no pasa nada, ellas ya están acostumbradas, jajajaja. Y más corría el hombre.

Y debía ser verdad, porque la mujer iba como si tal cosa, la niña directamente, se durmió. No insistí, porque sé que a un jugador nadie le dice lo que tiene que hacer, y mucho menos, cómo hacerlo, que como te pongas a llevarle la contraria, mucho peor. En ésto que Odette, la jugadora-copiloto, va y me dice.

- Tú no te apures, Maricruz, que yo sé una oración secreta de mi familia, que la rezo y no nos pasa nada malo.

En vista de lo cual, me dispuse a disfrutar del paisaje, pero no veía nada, intentaba fijarme en una casa o unos árboles, y zuuummmm, ya habían pasado. Es que no corríamos, volábamos. Así que me puse a pensar en mis cosas, total, nos iba a pasar lo que nos tuviera que pasar, me pusiera como me pusiera, mejor no preocuparse...
Al rato, caí en la cuenta.

- Oye Odette, ¿tú no ibas a rezar la oración esa de tu familia?
- Pero si hace ya tiempo que la he rezado, mujer.
- Ah, ¿sí? Pues fíjate cómo estoy, que no me he dado ni cuenta.
- Nonono, es que no la puedo decir en voz alta, ¿no ves que es secreta?

Es decir, que lo mismo había recitado La Canción del Pirata, el monólogo de Segismundo de La Vida es Sueño, o había hecho in mente la lista de la compra, vete tú a saber. A mí, ya me daba lo mismo y me dió por reír, qué otra cosa podía hacer.



Y de repente, ya veía el paisaje otra vez.
- ¿Por qué nos paramos? Pregunté yo. Es que había puesto el coche a 100 km/h, y claro, ya me parecía que íbamos despacio. Paramos en una cafetería y allí nos encontramos con muchos de los que viajaban al Congreso. Y yo, venga a preguntar a todo el mundo sotto voce si tenían un hueco en sus coches, pero estaban todos completos. No tuve más remedio que terminar el viaje en el coche-bala.

Cuando por fin llegamos al hotel en Matalascañas, salí tan aliviada que me dieron ganas de besar el suelo y todo, como hacía Su Santidad Juan Pablo II, pero como yo no soy Santidad, ni lo intenté que seguro que agarraba algo malo, eso de besar el asfalto es muy temerario, si eres una persona normal y corriente.

- Mira, Jonás, aunque tenga que volver en autobús, haciendo auto-stop o andando, yo no vuelvo a Málaga contigo, ya lo sabes.
- Luego me lo cuentas, que ahora me voy corriendo, que a las ocho el alcalde da una recepción a los de la asociación y eso yo, no me lo pierdo.

Ese era el motivo por el que habíamos venido a pique de una desintegración por exceso de velocidad, Su Majestad tenía que ir a la recepción. Salió con el turbo puesto, chirrido de neumáticos incluído y yo fuí a registrarme. La vuelta la hice en el coche de otro que ya llevaba tiempo abstinente, que me aseguré yo que era así,  y menos mal, porque Jonás se dañó las cervicales haciendo el burro en la piscina del hotel con otro jugador en rehabilitación, angelitos. Fue su mujer quien condujo a la vuelta, con Jonás y su collarín durmiendo detrás gracias a los miorrelajantes.

Ingredientes.
1 kg de chocos limpios y a tiras.
3 ó 4 dientes de ajos.
1 ó 2 cayenas o guindillas.
1 vaso de brandy.
1 cucharada de buen pimentón dulce (se puede añadir un poco de pimentón picante también)
Aceite de oliva.
Leche entera.
Sal.

Elaboración.
Sofreír los ajos pelados y partidos en el fondo de la cazuela de aceite de oliva.
Añadir los chocos troceados y rehogar hasta que blanqueen y añadir las guindillas.



Añadir ahora el pimentón y el brandy.


Por último, la leche hasta cubrir la preparación.


Hacer a fuego medio, hasta que los chocos están blandos y se haya consumido el exceso de líquido.

Probar de sal y emplatar. ¡Bon appetit!