jueves, 10 de noviembre de 2011

Ajo colorao, el Día de Todos los Santos y Halloween

Es tradición en mi familia poner siempre el mismo menú el Día de Todos los Santos. Esto ya se hacía así en casa de mis abuelos paternos, luego en casa de mis padres y ahora lo hacemos nosotros, de manera que nos reunimos para comer el lomo de cerdo con patatas gordas, alioli y de postre buñuelos de viento rellenos y huesos de santo. Las patatas gordas, resulta que se llaman patatas puente nuevo que he venido yo a enterarme desde que se ha puesto de moda esto de la cocina y con Internet puedes cotillear por todos sitios. Pues eso, que son patatas cortadas muy gordas, que se fríen. Vamos, las patatas gordas de siempre, que al final es como aquél del chiste que decía: "toda la vida para aprender a decir pinícula y ahora resulta que se dice flim".
Yo, que soy tradicional pero menos, hago medallones de solomillo de cerdo ibérico a la plancha, ya no hago patatas puente nuevo sino que las hago al horno al estilo de Jamie Oliver con tomillo y todo lo demás. El resto, lo sigo haciendo a la manera tradicional de los Parrondo, o sea, lo del alioli, los buñuelos y los huesos.


Tengo que confesar que también procuro poner un entrante diferente todos los años, para dar un poco de variedad al asunto, la rama supertradicional de la familia no me lo va a perdonar nunca, pero es que yo soy así y los tiempos cambian. Cada vez tenemos más confusión con la fiesta de Todos los Santos, que antes se representaba en los teatros Don Juan Tenorio y ahora va toda Málaga disfrazada como si estuviéramos en Carnavales con esto de Halloween, que se celebró justo el día antes.
Íbamos Conchi y yo de camino a un italiano donde habíamos quedado para cenar con Pepe Maldonado cuando vi un grupo de chicas vestidas como híbridos de bruja-conejita de Playboy míra qué monas, una despedida de soltera, ¿no? dije yo entusiasmada qué despedida de soltera Maricruz, que van disfrazadas porque es Halloween, mujer aclaró Conchi que está más al loro que yo en estas cuestiones. Pues era verdad, había gente con disfraces graciosísimos, a mí es que me gustan las cosas nuevas, para qué lo voy a negar.
Y cuando llegamos al italiano, estaban todos los empleados disfrazados de fantasmas, zombis y seres terroríficos. Nos recibió uno en la puerta con un disfraz de muerte, con su guadaña y todo, que hablaba muy bajito y no me enteraba yo de nada de lo que decía, que yo entiendo que la muerte susurra pero es que no había manera de entenderlo. Mientras nos llevaba a nuestra mesa, se acercó por detrás y me dió un susto de muerte, nunca mejor dicho, pero me hizo tanta gracia que le dije a Conchi que me hiciera una foto, y aquí está.

La calidad de la foto no es para que nos den el premio del World Press Photo, pero entre que estaba muy oscuro y Conchi que no podía más de la risa, así he salido que no parezco yo, que en realidad soy mucho más mona.
 Pepe se estaba retrasando, así que le dije al de la guadaña que cuando viera entrar a uno con gafas que venía solo, que le diera un buen susto para que aprendiera a no hacer esperar a las amigas. Y de repente apareció Pepe tan tranquilo junto a nuestra mesa, entró justo cuando el de la puerta estaba entretenido en asustar a otros, Pepe siempre tiene suerte, ya he contado yo que nunca se encuentra la verja de la entrada abierta cuando viene a casa, él llama directamente a la puerta.
Este año el entrante ha sido el ajo colorao, que es una especie de gazpacho que se hace en la Axarquía malagueña y está muy bueno. No detallo las cantidades, porque depende de cuántos sean para comer. Lo único importante, es que la proporción de bacalao debe ser el doble que de pan.

Ingredientes.
Bacalao en lomos desalado. Doble cantidad que de pan.
Pan del día anterior, mejor si es cateto.
1 ó 2 guindillas.
2 dientes de ajo.
El zumo de medio limón.
1 cucharada generosa de pimentón dulce de buena calidad.
Aceite de oliva.
Aceitunas verdes aliñadas.
2 huevos cocidos.
Agua.

Elaboración.
Una vez desalado el bacalao de la manera usual, ponerlo en una cazuela cubierto de agua con las dos guindillas, y calentar a fuego suave hasta que blanquee y sin que hierva el agua. Apartar y reservar el agua. Retirar la guindilla.
En ese agua, poner a remojo el pan desmenuzado.
Mientras, majar en el mortero los ajos, añadiendo el zumo de limón y el pimentón.
Pasar por la batidora el majado de los ajos, el pan ligeramente escurrido, un chorro de aciete de oliva y tres cuartas partes del bacalao. Hacer una pasta que tendrá la consistencia de un gazpacho.
Rectificar de sal.
Servir acompañado de los huevos cocidos troceados, el bacalao en escamas y las aceitunas.

domingo, 30 de octubre de 2011

Croquetas de salchichón de Málaga, el catering de cumpleaños y sonoroestreno en Makro.

Mi hermana Conchi y yo cumplimos años el mismo mes, pero con tres días de diferencia, ella es más joven que yo. Hace poco, estábamos tomando un te en la cafetería Lepanto de Málaga y  me dijo el camarero: se nota que usted es su madre, ¡son igualitas las dos! No pude más que contestarle: pues sí, la parí a los ocho años... Conchi dijo que éramos hermanas, el camarero dijo que habría sido mejor que hubiera estado calladito y yo me reí. Desde entonces, miro con más interés las clínicas de estética.
El año pasado, Conchi contrató a una empresa de catering para celebrar nuestro cumpleaños, estuvo todo muy bien, pero le salió carísimo. De modo que este año, me tiré a la piscina y se me ocurrió que lo hiciéramos todo nosotras dos, ha sido divertidísimo, nos hemos matado a trabajar, nos ha salido más caro que el año anterior y ahora tenemos material para tres o cuatro caterings más: bandejas, platos de presentación, chupitos, cucharillas, servilletas, cubiertos, copas, vasos, brochetas de diferentes tamaños y colores, y hasta manteles todos iguales.
E incluso nos hemos sacado la tarjeta de Makro, que no sé porqué le llaman pasaporte, y nos ha costado una trabajera grandísima, siempre nos faltaba algún impreso, pero a la tercera lo conseguimos, las recepcionistas ya nos miraban con lástima. Por fin entramos con nuestra lista de la compra que era enorme,  estuvimos una agradable mañana yendo y viniendo por los pasillos y pasando frío, que para la conservación de los alimentos está muy bien, pero Conchi terminó poniéndose uno de esos chaquetones que tienen para entrar en los recintos de la carne donde hace más frío todavía, y no se lo quitó hasta que pagamos en caja. Ande yo caliente, que dice el refrán.
Íbamos tan contentas con nuestras compras, salimos con el carrito y ¡saltaron las alarmas! Se armó un jaleo tremendo con ruido de sirenas, luces que centelleaban y todo el mundo mirándonos. La cajera dió un salto ¡nonono, por ahí no, que esa es la salida de emergencia! Vaya por Dios... ¿Y por qué no la tienen con un precinto o algo, para los que nos equivocamos de salida?, balbucí yo. Pues porque entonces, no sería de emergencia, contestó la cajera con más razón que una santa. Conchi no podía más de la vergüenza que tenía y encima a mí se me ocurrió decirle a la cajera bueno, no podemos decir que no hemos tenido un estreno sonoro en Makro, ¿verdad?. Conchi dió un tirón y nos sacó al carrito y a mí con toda la dignidad de que fue capaz, esta vez por la puerta normal.
Estas croquetas tuvieron mucho éxito, hicimos muchísimas y como me gusta hacerlas todas igualitas, Conchi dijo que seguro que alguien iba a preguntar que dónde las habíamos comprado. Yo le contesté que al primero que dijera algo así, lo tiraba por la ventana. Le tocó a la prima Maribel, pero no la tiré porque es muy linda y la queremos mucho.
Las cantidades son para un día normal, no para cuando te vuelves loca y te metes en hacer croquetas para una multitud.

Ingredientes.
1 salchichón de Málaga, bien tierno.
1 cebolla pelada y picada.
3 cucharadas de mantequilla.
3 cucharadas de harina.
700 cc de leche caliente.
Aceite.
Sal.

Para el rebozado:
Harina.
Huevo batido.
Pan rallado.

Elaboración.
Quitar la piel al salchichón y desmenuzarlo.
Calentar la mantequilla en una sartén y sofreír la cebolla hasta que esté transparente. Añadir entonces la harina y unir bien para que pierda el sabor a cruda.
Añadir la leche caliente poco a poco y antes de terminar con toda la leche, el salchichón. Remover hasta que espese y la masa se desprenda del fondo de la sartén.
Colocar en una fuente y entrar al frigo. Yo la dejo hasta el día siguiente.
Dar forma a las croquetas y pasarlas por la harina, el huevo y el pan rallado.
Freirlas en tandas de 7 u 8 y servir calientes.



jueves, 20 de octubre de 2011

Arroz al horno y la manía de cambiar las cosas de sitio


Este es el arroz por el que Manuel es mundialmente conocido. Parece ser que su madre lo aprendió de un amigo de la familia que era ilicitano, o sea de Elche, ella lo tuneó a base de bien porque en origen era arroz con costra, de los que llevan huevo batido por encima y sospecho que a ella eso de los huevos no le iba mucho. Quitó por aquí, añadió por allí y me quedaré con la intriga de dónde han salido los higaditos de pollo que lleva, que le dan un sabor muy especial, pero que no he visto yo en ningún otro arroz al horno. No sé si el original llevaba garbanzos, éste no los lleva.
Pero lo que más me maravilla, es que lleva la misma cantidad de agua que de arroz y además, hay que moverlo muy a menudo mientras se hace al horno. Con ésto, ya tenemos todas las papeletas para que salga un arroz rarísimo ¿no? Pues está la mar de bueno, para que veas.
 Yo lo aprendí de mi suegra y también tuneé lo que quise, recuerdo que le quité tocino entreverado porque me parecía que era demasiada grasa. Manuel lo aprendió de mí, y él no ha tuneado nada, nada, es muy bien hecho Manuel para todo y al final, es a quien mejor le sale, de modo que ahora este es el arroz de Manuel, por el que suspiran tirios y troyanos.
El paso a paso es de la última vez que lo ha hecho, venían a comer Conchi, Antonio y Aurelia. Como yo tenía que hacer las fotos, me puse a preguntar ¿cinco tazas de arroz no van a ser muchas? Manuel me miró y dijo es que yo... es lo que pongo siempre... Insistí  uhmm...a ver si se va a salir de la cazuela... Manuel se defendía como podía es que siempre le pongo lo mismo... Al final, fueron cuatro tazas y casi falta arroz, tenías razón Manuel, te lo dije entonces y lo repito ahora.
Le había dicho a Aurelia que le prepararía un tupper con el arroz que no nos comiéramos y resulta que todo el mundo quiso repetir y allí me tienes a Aurelia dándome una patada por debajo de la mesa cada vez que alguien decía que quería un poco más. Vale, pero poquito, que esto engorda muchísimo iba diciendo yo a los repetidores, viendo que mi pierna izquierda iba a terminar tumefacta. Al final, quedó un tupper muy aceptable que Aurelia se olvidó en casa.
Este arroz lo hemos hecho siempre con pollo, menos esta vez que ha sido con conejo porque alguien en el supermercado debió de dejar una barqueta de conejo donde estaban las de los pollos, que yo cuando la ví en casa pensé ¿cuándo hemos comprado conejo? Pues cuando hemos pensado que donde pone "pollo troceado" había pollo, y no conejo.
Aquí está la prueba, el conejo friéndose.

La culpa es de la gente que compra en los supermercados y no deja las cosas en su sitio. Si no quieres algo, ponlo otra vez donde estaba, que yo una vez me encontré un destornillador entre las manitas de cerdo. Otra vez, me llevé pimentón picante que estaba en el estante del pimentón dulce y nos comimos una fideuá así como con sabor mexicano. Claro, voy a toda pastilla cuando compro, que esos son los momentos en los que me gustaría parecerme a la diosa Shiva, y pasa lo que pasa. Así que haced el favor de colocar las cositas en su sitio, que me llevo cosas que no quiero. Gracias.

Ingredientes.
5 tazas de arroz de grano redondo.
1/2 pollo o 1/2 conejo, troceados.
4 chorizos de guisar en rodajas.
1/2 morcilla de cebolla en rodajas.
400 grs de higaditos de pollo troceados.
1 pimiento verde.
Tomate triturado.
2 dientes de ajo.
Azafrán o colorante alimentario.
Aceite de oliva.
Queso rallado para fundir.
Agua. La misma cantidad de agua que de arroz.
Sal.

Elaboración.
Freír la carne y reservar.
Hacer un sofrito con los ajos, el pimiento y el tomate.
Rehogar en el sofrito, los higaditos, el chorizo y la morcilla. Una vez rehogados, añadir la carne que habíamos reservado.
Añadir el arroz y rehogar junto con el colorante alimentario o azafrán y añadir la misma cantidad de agua que de arroz, no importa que el agua esté a temperatura ambiente.
Llevar a ebullición y entrar al horno precalentado a 220º.
Remover con una cuchara de madera cuantas veces queramos, para que todos los granos absorban la misma cantidad de líquido.
Tarda aproximadamente media hora, pero es mejor ir comprobando la cocción del grano.
Cuando esté listo, distribuir el queso rallado y apagar el horno.
Servir.







lunes, 3 de octubre de 2011

Lentejas viudas y los líos de familia

Cada vez que preparo lentejas, recuerdo la historia de Esaú cuando vendió a su hermano gemelo Jacob, su primogenitura por un plato de lentejas, una de las historias más fascinantes que he conocido nunca.
Ya se peleaban en el vientre materno, por lo que su madre Rebeca, fue a preguntar a Yahvéh como quien pregunta a una vecina; en el Antiguo Testamento la gente hablaba con Yahvéh con mucha facilidad: ¿y tú, a qué crees que se debe este jaleo que hay ahí dentro?, y Yahvéh le dijo que había dos pueblos en su vientre y que lucharían entre sí, que el mayor serviría al pequeño. Ni más ni menos.
Desde que nacieron, Yahvéh y Rebeca preferían a Jacob, Esaú sólo le gustaba a su padre Isaac. Sí, ese Isaac al que por poco mata su padre Abraham por obedecer a Yahvéh. Cuenta la historia que Esaú era cazador y Jacob era un hombre muy de la tienda, o sea, todo el rato junto a las faldas de su mamá y dejándose querer.
Un día Esaú volvía de andar corriendo como un gamo detrás de la caza, muerto de hambre el muchacho y Jacob había hecho un guiso de lentejas, así que le pidió que le diera de comer. El hermano, ni corto ni perezoso dijo que le daba las lentejas a cambio de los derechos de primogenitura y una de dos: o Jacob tenía lo menos siete estrellas Michelín, o Esaú manejaba un hambre de mil demonios, porque pasó por el aro. Para que te fíes...
Más tarde, Jacob dirigido por su madre Rebeca, volvió a engañar a Esaú, a Isaac y al lucero del alba, consiguiendo que Isaac lo bendijera pensando que era su hijo mayor que, a estas alturas de la película y hartito de tantas faenas, juró que mataría a Jacob. Entonces, Rebeca mandó a Jacob a las tierras de su hermano Labán, tío de los gemelos por parte de madre. Se casó allí primero con su prima Lía, porque Labán a su vez lo engaño a él, de donde se demuestra que lo de los engaños era cosa de familia, y luego con su prima Raquel.
De ahí salieron doce hijos, que fueron las doce tribus de Israel. El penúltimo, José, terminó en Egipto después de que sus hermanos lo tiraran a un pozo, esto de intentar matarse unos a otros ya era como  una tradición familiar,  y allí acabaron viviendo como esclavos, hasta que llegó Charlton Heston en Los Diez Mandamientos y los sacó después de freír a los egipcios con las siete plagas. ¿Es o no es un relío de familia?
Pero esa es otra historia que os contaré otro día si acaso, porque ahora me voy corriendo,  que se me pegan las lentejas.

Ingredientes.
300 grs de lentejas.
1 cabeza de ajos asada.
1 tomate entero.
1 ó 2 pimientos.
1 cebolla entera, pelada y con un clavo de olor pinchado.
2 zanahorias peladas.
1 hoja de laurel.
Aceite de oliva.
Agua.
Sal.

Elaboración.
No hace falta remojar las lentejas de víspera, basta con lavarlas en un colador con agua fría.
Ponerlas en la olla con agua fría.
Asar la cabeza de ajos, lavar y añadir a las lentejas, junto con las verduras, la hoja de laurel y un chorrito de aceite de oliva.
Llevar a fuego medio y cocer hasta que estén tiernas.
Triturar las verduras y añadir al guiso de las lentejas.
Salar y servir calientes.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Arroz con conejo en el séptimo cielo.

Antonio vive en el campo. Mejor dicho y parafraseando a Serrat, vive en la ladera de un monte, más alto que el horizonte y tiene unas vistas magníficas.
Desde que entras en su propiedad, tienes que subir por un carril asfaltado hasta todo lo alto, que es donde está la casa, y yo, nada más enfilar con el coche, siempre espero que aparezca una azafata sobre el capó, señalando las salidas de emergencia, lo de los chalecos salvavidas, las mascarillas de oxígeno y todo eso, porque es como un despegue casi en vertical. Es en ese momento cuando Manuel termina de clavar las uñas en el agarradero de su puerta y luego hay que desclavárselas una a una.
Hace quince días que fuimos a pasar con Antonio el fin de semana ¡una delicia! Nada más llegar a la casa, salió Cuca a recibirnos y como es un poco tímida, le cuesta siempre saludar y dar besitos. Rubito Jesús y Florita Vanessa van a lo suyo y no se molestan más que en mirar; ellos prefieren seguir tomando el sol panza arriba, cazar ratones de campo cansa mucho. Sin embargo, a Cuca le encanta que le rasquen detrás de las orejas y mueve el rabo de contenta todo el tiempo, es una Teckel de pelo duro muy amorosa.
Una vez que estás en casa, no ha terminado la ascensión. Antonio siempre nos deja su habitación, que está subiendo unas escaleras de madera preciosas, pero no tienen barandilla. Yo, que soy muy torpe para esto de las escaladas, para subir me quito los zapatos, así tengo más agarre, y ataco los escalones uno a uno con decisión. Lo complicado viene cuando tengo que dar un giro de un cuarto de vuelta en todo lo alto y entrar al dormitorio, no soy capaz. De modo que, directamente me tiro al suelo y voy reptando hasta la cama con bolso y todo. Los demás, hacen como si no pasara nada, pero más de una vez me ha parecido oir un redoble de tambor, no sé yo...
Y esta es la escalera, para que veáis.



Antonio vive solo, pero su casa está siempre llena. Yo he compartido ducha con una salamanquesa pequeñita, color verde esmeralda, simpatiquísima; hemos tomado el aperitivo bajo el emparrado con arañitas hacendosas tejiendo sus telas, hormiguitas disciplinadas desfilando en perfecto orden, abejorros zumbadores, libélulas de alas como de tul... Y por las noches, he leído en la cama con un grupo encantador de insectos, de los que sólo pude identificar una mosca, los demás no los había visto en mi vida. Tenemos que salir más al campo, por mucho que Manuel diga que tanto oxígeno le sienta fatal.
No hay nada como ser recibidos por el anfitrión perfecto. Antonio tenía todo preparado: los menús de desayunos, comidas y cenas; los aperitivos; los vinos. Incluso preparó tortitas para el desayuno, que las iba haciendo in situ, en una cocina portátil, con su mantequilla para untar, mermeladas, miel y hasta trocitos de panal. Si esto no es como estar en el séptimo cielo, y no lo digo sólo por las alturas, se le parece mucho ¿es o no?
Este arroz con conejo se lo enseñó una amiga levantina y él me lo enseñó a mí hace mucho tiempo. El video del paso a paso está hecho en su casa, el otro día.

Ingredientes.
1 conejo limpio y troceado.
400 gr de arroz.
1 tomate rojo rallado o troceado sin piel ni pepitas.
1 ñora.
6 clavos de olor.
8 pimientas negras enteras.
Azafrán o colorante alimentario.
Aceite.
Agua.
Sal.

Elaboración.
Dorar el conejo troceado, a fuego lento en una cazuela de barro.
Cuando esté hecho, añadir sobre él, el tomate y la ñora troceada. No es necesario remojarla ni nada, sólo se le quitan las semillas. Morear todo junto unos minutos.
Añadir agua suficiente, los clavos y las pimientas, sal, y que hierva de 20 a 30 minutos, tras los que se vierte el arroz y el azafrán o colorante.
Dejar hervir hasta que el arroz esté cocido entero, y el guiso seco.
Acompañar con un ali-oli bien fuerte.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Tortilla Sacromonte en Granada y rescate de Carmen


Ayer tuvimos la comida de los hermanos de cada mes, y le tocaba hacerla a la prima Maribel que vive en Granada. Había preparado un menú exquisito: entrantes variados, vichyssoise, merluza de pincho a la vasca, piononos y tortilla sacromonte que no puede faltar porque a Marisa le encanta.

Íbamos Manolo, Marisa, Manuel y yo en el coche de Manolo que conducía con mucho cuidado porque es de dominio público que mi Manuel se marea si no conduce él. Y si conduce él, nos perdemos fijo, que siempre acabamos en sitios rarísimos a donde nunca tenemos intención de ir. Lo bueno de todo esto es que hemos conocido pueblos sorprendentes y parajes muy interesantes, como callejones sin salida, riberas enfangadas de ríos, barrios pintorescos y recónditos, caminos forestales ... en fin.

Pues llegamos a casa de Maribel más o menos a la una y media de la tarde, los tiempos se estaban cumpliendo con toda normalidad, sólo tuvimos un pequeño inconveniente: ninguno recordaba el número de la calle ni el piso. Llamamos a Conchi que iba por su cuenta con Antonio y nos lo dijo, aunque se equivocó en la planta, nos dijo que era una tercera planta y resultó que era una segunda.
Conchi, por Dios, que hemos tenido que llamar a todos los vecinos para que nos abrieran, dije yo nada más entrar. ¿Y eso es un problema? ¿¿Eso es un problema, vamos a ver?? ¡Problema es lo que tenemos aquí, que Carmen se ha quedado encerrada en el cuarto de baño y no hay manera de abrir la puerta!

Y era verdad. Llevaba ya como 45 minutos en ese cuarto de baño, todos trasteando en el picaporte y la cerradura que es como un pivotito que da la vuelta, que se había atascado al parecer.
Le habían pasado por la ventana un destornillador y todo, con el que intentó desmontar el mecanismo, pero ni el mismo McGiver habría podido con aquéllo.

Como ya estábamos todos, empezamos una especie de Lluvia de Ideas para encontrar soluciones y la cosa fue a peor. Intentamos abrir con una tarjeta de crédito vieja, con una radiografía que todos hemos oído que la gente abre las puertas así, pero definitivamente no parece que sirvamos para la actividad de asaltacasas, con un abrecartas y hasta con una lima de uñas metálica. Nada. Hasta pensamos en que alguien que estuviera fuertote, Manolo por ejemplo, abriera la puerta de una buena patada, pero nos pareció que a Maribel no le iba a hacer gracia tener la puerta del baño reventada, así que ni lo intentamos.

Conchi nos dijo que a las víctimas hay que hablarles para que no se sientan solas y sepan cuáles son los planes en cada momento. Y allí estábamos por turnos hablando a la puerta del baño mientras Maribel no sabía bien si terminar de hacer la comida o qué.
Manolo dijo que como el jamón estaba bien cortado, podíamos pasarle unas lonchitas por debajo de la puerta, pero pensamos que igual se iba a ensuciar un poco, así que le pasamos unas tapitas por la ventana. No quiso nada de beber, no tenía sed, agua precisamente no le faltaba lo que era toda una ventaja.

 No tuvimos más remedio que llamar a un cerrajero, que tardó lo suyo. Y justo antes de que llegara, mientras forcejeaban por enésima vez Carmen por dentro y Antonio por fuera ¡tacháaaan! se abrió la maldita puerta. Y apareció Carmen con el albornoz y duchada desde hacía dos horas, limpísima aunque un poquito nerviosa. Cuando llegó el cerrajero le soltó tan contenta ¡¡al final, he conseguido salir!!  O sea.

Ingredientes.
6 huevos.
1 sesada de cordero.
1 criadilla de cordero.
2 patatas grandes.
2 pimientos morrones asados, limpios y a tiras.
3 chorizos crudos troceados.
1 latita de guisantes cocidos.

Elaboración.
Cocer los sesos y la criadilla de cordero en agua hirviendo, hasta que los sesos blanqueen. Las criadillas tardarán unos minutos más.
Dejar enfriar y cortar con las tijeras en trocitos pequeños.
Pelar, cortar y freir las patatas en trocitos como para tortilla de patatas. Escurrir bien.
Escurrir y enguajar los guisantes.
Batir los huevos en un cuenco y añadir el resto de los ingredientes, salar.
Mezclar bien y proceder a freir la tortilla como una tortilla de patatas, a fuego suave.
Dar la vuelta y dejar hacer hasta que esté cuajada pero jugosa.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

Los creps de la pequeña Guisadora, la tita Conchi y la estrella Mentolín

Pues resulta que mi hermana Conchi se cayó el miércoles pasado de la escalera mientras colgaba unas cortinas. Se lastimó el cuello y otras partes de su anatomía que no hace falta mencionar, pero que están ahí y después de pasar por la sala de urgencias, acabó con un collarín monísimo, tomando un relajante muscular por las noches y en casa con nosotros, más que nada para vigilarla y que no ande haciendo escaladas que luego pasa lo que pasa.
El viernes de buena mañana llegaron Sofía y Alberto, dos de mis amores. Sofía tiene 6 años y Alberto 3, son mis nietos y los adoro. Ea, pues ya estamos todos, dije yo encantada de la vida, mientras Conchi aparecía en plan pasarela, con el cuello bien estirado Mira lo que tengo, soltó con gran entusiasmo señalando el collarín, exactamente como si llevara una gargantilla de diamantes. Los niños levantaron la mirada y le dieron un besito con mucho cuidado, sabían que aquéllo no era muy normal que digamos, los niños se dan cuenta de todo.

Y aquí está Conchi con su collarín.

Abuela, ¿hacemos creps? sugirió Sofía con esa sonrisa picarona con la que me habla cuando quiere algo. Ahora mismo, corazón, contesté yo que ya estoy acostumbrada a que, nada más que llega, me propone que vayamos a la cocina, es mi pequeña Guisadora, le gusta enredar conmigo entre pucheros.
La tita Conchi hace unos creps buenísimos, mira tú por donde, nos vamos las tres ¿vale? Y es cierto, mi hermana es la reina de los creps, tiene una crepera y todo, pero en su casa, no caímos en el detalle de meterla en el equipaje cuando vino.
Alberto, viendo la movida, le dijo al abuelo que él quería churros, así que se fueron los dos a desayunar churros a una cafetería y a charlar de cosas de hombres, como: qué bien que este año vas al cole de los mayores o estás hecho un campeón, que ya no usas pañales ni chupe o ese coche de Rayo Mcqueen es el más guay de todos...
Mientras tanto, nosotras hicimos la masa de los creps bajo la dirección de tita Conchi, que iba dando explicaciones y Sofía y yo ejecutándolas. Mira, Sofía, el primer crep se tira, no suele salir bien porque absorbe la mantequilla y queda demasiado grasiento, decía ella, y yo le dije Pues podríamos aprovecharlo, hacemos un rollito y te lo pones en el cuello, debajo del collarín que el calor te viene muy bien. No quiso, dijo que ella ya tenía bastante con la almohadilla eléctrica y además, todavía hace mucho calor. Sofía no sabía de qué nos reíamos, pero también se sumó a las carcajadas y todo fue más divertido, si cabe.
Al final, salieron exquisitas y Sofía y yo le dimos a la tita Conchi una estrella Mentolín que sólo concedemos a las buenas reposteras, ella se la merece ¿es o no?
Esta receta es básica y se puede usar al momento o también puede reposar e incluso esperar dos o tres días en el frigo.
Dependiendo de cómo los terminemos, sirven para preparaciones saladas o dulces.

Ingredientes.
1 taza de harina normal.
2 huevos.
1/2 taza de leche entera.
1/2 taza de agua.
1 cucharada de mantequilla.
Una pizca de sal.

Elaboración.
Colocar todos los ingredientes en la batidora y batir durante 40 ó 60 segundos.
Si se prepara a mano, mezclar los ingredientes por el orden en que están escritos.
Untar una sartén antiadherente con mantequilla ayudándose de papel de cocina, calentar y cubrir el fondo con la preparación. Desechar el primer crep.
Seguir con el segundo y dar la vuelta cuando empiece a burbujear por el centro y se despegue con facilidad de la sartén. Continuar hasta acabar con todo.
Colocar en un plato y apilarlos, poniendo entre cada crep una hoja de papel de cocina.
Untar con nocilla o azúcar o mermelada... Doblar en cuatro como un pañuelo y ya está.