sábado, 22 de agosto de 2015

Buey de mar relleno, el calor y el atontamiento



Hace calor, hace mucho calor desde hace muchas semanas y es un calor que no da tregua: mañana, tarde, noche y madrugada. Tenemos noches tropicales, que suena exótico pero en la vida real quiere decir que no puedes dormir porque el aire es sofocante y no sabes si irte a la cama o bajar a la playa y meterte por la blanda arena que lame el mar, hasta el agua profunda para recostarte arrullada por la canción que canta en el fondo del mar... la caracola; que es lo que hizo aquella Alfonsina de Mercedes Sosa por un sendero de pena y silencio, acompañada por sabe Dios qué angustia y por su soledad; buscando poemas nuevos y que una voz antigua de agua y sal la fue llevando allá como en sueños, vestida de mar y nunca más volvió. Una pena. 

Cocer a fuego vivo y tapado 8 min.
Sacar y dejar enfriar











A mí el calor me atonta, no estoy en lo que estoy. A otras personas las vuelve irritables, como comprobé la semana pasada cuando fui al cajero automático del banco una mañana asfixiante que caminábamos todo el mundo pegados a las paredes como las lagartijas, pero mucho más despacio. El cajero está en una esquina donde confluyen cuatro calles, pasa mucha gente, hay tráfico y una barbaridad de ruido. Cuando quise meter la tarjeta, no entraba. Lo intenté unas cuantas veces, y nada.
- @##@@### ... EEETAAAA-, oía yo en medio del barullo envolvente.

Partir por la mitad
Abrir y quitar las barbas










Los viejecitos  que se pasan la vida sentados en un banco enorme, cuadrado y adornado con azulejos, cortesía de la Asociación de Vecinos, me miraban muy atentos apoyados en sus bastones y andadores, mientras yo me empeñaba en que entrara la tarjeta.
- ¡¡@###@@###... EETAAAA!!-, seguía oyendo yo cada vez más fuerte.
Los viejecitos señalaban ya con los bastones a mi derecha. Allí había un hombre agarrado a la puerta del banco, con medio cuerpo fuera que gritaba con desesperación.
- ¡¡Que no meta la tarjeta!!
-Ah, que es a mí... Oiga, que no hace falta que grite de esa manera, hombre.
-Es que llevo un rato diciéndole que-no-meta-la-tarjeta, y usted, ¡nada!
- ¿Y yo qué sabía que era a mí?  ¿Usted piensa que voy a estar pendiente de todo lo que grita la gente? Además, ¿Por qué no suelta usted la puerta, viene hasta aquí y me lo dice en un tono normal? ¿Van a quitarle el puesto si sale usted del banco?
- Que estamos actualizando el cajero, si mete la tarjeta se le va a romper.
- Vale, pero no me grite, que no es necesario, no estoy acostumbrada yo a semejantes voces, hijo mío.
-Pues meta la tarjeta, a ver si se le rompe, y ya está. 
Dio un portazo y se metió dentro.
- Sí que le sientan mal a este hombre los calores -, opiné dirigiéndome al senecto público de la grada.
 Los viejecitos cabecearon apoyados en sus adminículos ortopédicos y me fui a otro cajero.


Limpiar, sacar el coral y la carne
Separar las patas y limpiar











Cascar las pinzas. Un martillo, es perfecto.

Lavar el caparazón y reservar
(éste era precioso...)













Esta vez sí entró la tarjeta, qué suerte. Siguiendo las indicaciones de la pantalla, tecleé el número secreto, pulsé la opción de 'sacar dinero', dije que no quería comprobante, que no deseaba hacer otra operación después de esa, leí que querían ser mi banco como siempre y,  como siempre, murmuré con hastío: 'si ya sois mi banco, por dios...' 
Y de repente: 'operación anulada, retire su tarjeta'. 
- ¿Aquí qué pasa ahora? 
Pues pasaba que la tarjeta que salió, era la tarjeta sanitaria de la Seguridad Social que, entre el calor que me atonta y que todavía seguía pensando en el sujeto vociferante, me había equivocado. Ese cajero automático había leído el chip de una tarjeta que no era de ningún banco, y fue tan considerado que me la devolvió sin más. Me quedé como congelada en el tiempo, la tarjeta entre el pulgar y el índice, estilo árbitro de fútbol, hasta que reaccioné a carcajadas mientras repetía la operación, esta vez con la tarjeta adecuada.
 La próxima vez, pruebo a pedir cita para el médico, a ver si hay suerte. 

Hacer la farsa
Salen fácilmente




Rellenar y servir
Buey de mar relleno

Ingredientes.

1 buey de mar, mejor si es hembra.
1 copa de vino blanco seco de buena calidad, o brandy.
1 huevo cocido.
2 ó 3 cucharadas de mayonesa casera. También puede ser de bote, pero me gusta más hecha en casa.
El zumo de medio limón.
1 cucharada de mostaza suave.
  • Para cocer el buey: Agua que lo cubra, un vasito de vinagre, granos de pimienta al gusto, 2 hojas de laurel, y 4 cucharadas de sal.
Elaboración.

Si el buey está vivo, partir de agua fría. Si no, cocer en agua hirviendo. Éste lo compré vivo, pero entre el calor y lo que tardé en volver a casa, se murió. 
Zambullir el buey en el agua hirviendo y cuando recupere el hervor, contar 8 minutos con la olla tapada. Sacar y dejar enfriar.
Abrirlo y quitar las barbas. 
Limpiar el caparazón por dentro, sacar las huevas (era hembra) y las partes comestibles. Hay una especie de telillas y una bolsa justo debajo de la boca, que hay que tirar.
Lavar bien el caparazón y reservar.
Cascar las pinzas con un martillo u otro instrumento pesado, así salen con toda facilidad.
Desmenuzar la carne, retirando una pluma que tienen en medio.
Retirar toda la carne que hay en la zona adyacente a las patas. Esto es lo más tedioso.
Colocarlo en un cuenco grande, añadir el zumo de limón, el vino blanco o el brandy, el huevo duro cortado en trozos pequeños, la mostaza y la mayonesa. Mezclar bien.
Rellenar el caparazón y refrigerar hasta poco antes de servir para que se atempere.
Emplatar y servir.

Nota: no hay vídeo, hice las fotos de noche y la luz no era buena. 



lunes, 3 de agosto de 2015

Merluza al Oporto a la Montignac, y el técnico de la hornilla.


Nadie me dijo, cuando puse la cocina nueva, que la hornilla de cinco fuegos y 70 cm de ancho que tan alegremente elegí, era una hornilla semi-profesional. Y por lo tanto, que había que limpiar los chiclés todos los años. Yo, que ni sabía que eso tenía chiclés, empecé a notar que cada vez salía menos gas por los quemadores, y visto lo visto, pensé que la compañía de gas natural estaba dando menos por el mismo precio, hasta que me di cuenta de que no pasaba lo mismo con el calentador del agua. Por esta vez, no me timaba ninguna compañía. Eso va a ser la hornilla pensé, e ipso facto, llamé al servicio técnico.

Pasar por harina de garbanzos y freír
Añadir los ajos picados










Vinieron dos operarios, uno de ellos cojeando porque se acababa de machacar el pie con la puerta de la furgoneta, y los dos sudando a mares gracias a la ola de calor que nos alegra los días y las noches.
- Uhh... ¿Cuánto hace que no limpian los chiclés?
- Los ¿qué?
- Los chiclés, señora.
- Pues... nunca, a mí nadie me ha dicho que esto tiene algo que se llama chiclé, la verdad. Y la hornilla tiene dos años y tres meses. Además, a las otras hornillas no han tenido que limpiarle los chismes esos nunca.
- Ya, pero es que ésta es una hornilla semi-profesional, ¿Sabe usted? Y tal y como está el asunto, va a haber que cambiarlos.
- ¿No los podemos limpiar con lo que sea?-, dije yo, viendo venir la factura.
- No señora, esto hay que hacerle un mantenimiento por lo menos una vez al año, que se nota que aquí guisa usted mucho. Es que están prácticamente obstruidos, no se pueden limpiar. A los restaurantes vamos cada tres meses no le digo más.
- Bueno, ¿y cuándo van a cambiar los chiclés?
- Hay que pedirlos a Barcelona, en una semana o diez días, los tendremos aquí.


Y la cebolla
añadir un poco de agua










Resumiendo, una factura disparatada, de la que tuve que pagar por adelantado el 50%. Ahora la que sudaba era yo.
- Menos mal que no ha sido la junta de culata - bromeé para quitarle hierro al asunto -, que una vez se rompió la del Peugot y me costó un ojo de la cara.
- Pues también hay que cambiar las gomas de las juntas, que están fatal.
No sé para qué hablo a veces, la verdad.
Y allí se fueron, mientras le deseaba una pronta recuperación al que cojeaba, que lo cortés no quita lo valiente.
Pasaron dos semanas, pasaron tres, y tuve que  llamar al taller. Que habían venido unos chiclés pequeños y los míos eran de los grandes, que acababan de llegar los nuevos y estaban descargando el camión. El técnico me llamaría al día siguiente. A la cuarta semana, llamé de nuevo. Resultó que el programa informático, cada vez que entraban para ver mi código de cliente, cerraba el pedido como si ya lo hubieran resuelto. Ese programa funcionaba fatal, y casualmente, sólo me había pasado a mí. Que el técnico iría el día siguiente a las diez de la mañana. A las diez y cuarto llamaba yo, que ya tenía costumbre de hablar con el servicio técnico y era como si me faltara algo. Estaba buscando aparcamiento. Me fui a la ducha porque tenía muchas gestiones que hacer y cuando salí ya estaba allí liado con la hornilla. Era el mismo del pie, que ya se le había curado y todo.

Removiendo


A continuación, el vino de Oporto


Empecé a recoger, de prisa y corriendo, todas mis cosas: las llaves, el monedero, las gafas de sol, el móvil... todo al bolso.
- ¿Y ahora qué le pasa al móvil?¿Pues no tiene otro fondo de pantalla? Oish, qué cosa más rara... ¡Y me pide un patrón de dibujo! Ya me han hecho la portabilidad los de Vodafone y me han cambiado la configuración, vaya tela...
- Eso del patrón de dibujo es para bloquear la tarjeta SIM, ponga uno que recuerde bien -, dijo Rosana que está a la última en esto de las telecomunicaciones.
- Uhmm... una cruz, y así no se me olvida.
'Patrón de dibujo no válido', dijo la pantalla. Dibujé una aspa. Lo mismo.
- Eso es que ya tiene usted uno, y no son esos.
- ¡Que yo no he hecho nada! Bueno mira, que me tengo que ir, ya lo veré después.

Las almejas
Y cuando se abran, el pescado











A los diez minutos, y en mitad de la calle, sonó el teléfono.
- ¡Ahora tiene el fondo de pantalla de antes!-, solté yo hablando sola.
- ¿ Y a esto qué le pasa? Sigue sonando y no hay registro de llamada, qué pesadez de móviles, un día tiro todos los teléfonos, y me voy a quedar en la gloria.
Dentro del bolso salia una luz y un zumbido. Saqué otro móvil igual que el mío, era el del técnico que lo andaba buscando y Rosana llamaba desde el suyo para ver si lo localizaban por el sonido. Entonces, llamó a mi móvil, y yo ya no podía hablar de las carcajadas que estaba soltando. Tan fuertes, que salió un señor a su terraza a ver qué pasaba, con su taza de café y todo. Tuve que volver a casa para entregar el móvil a su dueño, que era de un modelo más moderno que el mío, de ahí lo del patrón de dibujo. Siempre ha habido ricos y pobres.

Emplatar y servir caliente



Merluza al Oporto, a la Montignac

Esta receta es apta para el método Montignac, la harina para el rebozado de la merluza, es de garbanzos.

Ingredientes.

750 gr de merluza en rodajas.
3 dientes de ajo pelados y partidos.
1/2 cebolla en brunoise.
200 gr de almejas o chirlas.
Harina de garbanzos para rebozar.
1/2 vaso de agua.
1/2 vaso de vino blanco de Oporto.

Elaboración.

Pasar la merluza en rodajas por la harina de garbanzos y freír ligeramente. Reservar.
En el mismo aceite, sofreír los ajos y la cebolla. Cuando estén blandos, añadir el agua y remover unos minutos para que espese.
A continuación, el vino de Oporto. Llevar a ebullición e introducir las almejas (en este caso, chirlas de Málaga). Tapar.
En cuanto se abran, poner las rodajas de merluza y calentar todo junto 5 minutos para que se mezclen los sabores.
Emplatar y servir caliente.




sábado, 18 de julio de 2015

Rosas de manzana y hojaldre, oh là là!




Llevaba Mari Carmen largo tiempo queriendo ir de vacaciones ella sola, alquilar una casita en Francia durante dos meses y relajarse. Ella, que tiene una gran vida social no está a su aire nunca y pensaba que yéndose al quinto pino francés lo iba a conseguir, pero no. Ya se fue con ella hasta allí Tina, las dos en el coche que aprovechó para quedarse sin aire acondicionado así que lo primero que tuvieron que hacer al llegar al pueblecito de destino, fue llevarlo al taller... del pueblo de al lado.


- Ay Maricruz, no veas, tengo 'la voiture' rota-, me dice hablando por whatsapp, que se habla muy bien y es gratis, aunque se oye regular y lo que yo digo tarda mucho en llegarle, con lo que la conversación resulta extraña porque hasta que me oye, parece que no le hago ni caso. A propósito,  también se corta y entonces nos tiramos un rato hablando solas como voces que claman en el desierto ciberespacial.
- Perdona, que se ha cortado.
- Ya decía yo que tardaba demasiado en oirte.
- Bueno, íbamos por lo de 'la voiture'.
- Ah sí, que hemos pasado un calor... El pueblo es muy bonito y pequeño, los vecinos hablan muy rápido y tengo que decirles que no me entero.
- Pues hija, no sé para qué has estado todo un año con Jerôme, dando clases de conversación en francés.
- Es que no es lo mismo.

Descorazonar las manzanas
Cortar en láminas finas










Por lo pronto, Mari Carmen me habla en 'francesgnol', y nos tiramos de risa. 
- He comprado unos sobrecitos que ponen 'crème patissiere', y digo yo que eso será como las natillas, ¿no?
- Supongo, ¿allí no tendrán Flan Chino Mandarín, que es casi lo mismo y sirve también?
- Eso, para preguntar cosas así que estoy yo. Voy a hacer 'poulet en pepitoria' y quiero poner natillas de postre. 
- Mira guapa, entre mi Pepe que me habla mitad en español y mitad en inglés como los llanitos de El Campo de Gribaltar, y tú ahora con este galimatías, la que va a terminar yéndose, pero a una casa de reposo, voy a ser yo, no te digo más.


Cocer en agua con zumo de limón
Comprobar que están flexibles











Una semana más tarde, me cuenta que se le va la luz muy a menudo, y que llamó a su casera.
- Que pasa algo con la luz, debe haber un cortocircuito por algún sitio porque de repente me quedo sin luz en toda la casa y tengo que dar otra vez al interruptor general.
- Oiga, yo no puedo ir a visitarla cada vez que a usted se le antoja - Mari Carmen llamaba a la casera al más mínimo problema, claro.
- No, si yo no quiero que venga, lo que quiero es que venga un electricista.
Parece ser que no eran problemas de comunicación o idioma, la casera no quería molestarse con cuestiones banales.


Laminar el hojaldre y cortar en tiras de 6 cm aprox.
Untar con la mermelada 











A partir de ahí, le ha estado contando sus cuitas a todos los del pueblo. Ya es de dominio público que Marianne, la presidenta de la comunidad de paseantes del lugar no quiere que ella entre en el grupo, porque no ha pagado la cuota durante el año. En consecuencia, pasea sola y aprovecha para coger las rosas que hay por los caminos para alegrar su casita rural. 
- 'Je vole toutes les fleurs' -, dice orgullosa de su hazaña.
- Dí que sí, tú esquilma la flora del pueblo, a ver si es posible que te declaren persona non grata.


Colocar encima la manzana y espolvorear canela
Doblar por la mitad











Al final, no ha estado sola, ha ido media Sevilla a visitarla, y gran parte de Barcelona que está más cerca. Lo han hecho por turnos, organizados sí que son. Tuvo que comprar en Carrefour (ellos dicen Caggg-fuggg, aclara) un colchón hinchable que ha inflado con el secador de pelo porque no tiene bomba, ha cocinado mucho y ha 'nettoyé beaucoup' es muy bien hecha Mari Carmen,  y hasta la han invitado los vecinos a una velada musical en el jardín.
Y aunque no ha conseguido ser eremita por un tiempo, la experiencia ha sido estupenda. Ha caído muy bien entre los paisanos, ella es muy sociable.
Yo creo que si vuelve el año que viene, la van a recibir con la banda del pueblo y todo. Persona gratísima, la van a nombrar, se lo ha ganado.


Enrollar desde un extremo
Y poner de pie











Mari Carmen, para que no añores las rosas de La Provence, aquí tienes estas rosas de manzana y hojaldre, que no están tiradas por los caminos, hay que hacerlas, tú las harás en menos que canta un 'coq', te saldrán estupendas y seguro que las tuneas.


Una vez horneadas y frías, espolvorear con azúcar glas

Rosas de manzana y hojaldre

Ingredientes.

3 manzanas rojas (pink lady, ambrosía...)
Mermelada. No importa el sabor, la que tengáis o la que más os guste.
500 gr de masa de hojaldre.
El zumo de 1/2 limón.
Canela molida.
Azúcar glas.

Elaboración.

Lavar y secar las manzanas. Quitarles el corazón (yo lo hago con un sacabolas, es lo más cómodo y fácil, quedan perfectas), y los extremos. 
Partirlas a láminas semicirculares finas y colocarlas en una cacerola cubiertas de agua con el zumo de limón. Cocer durante 15 minutos aproximadamente.
Pasarlas por agua y comprobar que están flexibles y no cuesta trabajo darles forma.
Estirar el hojaldre muy fino y hacer tiras de 6 cm más o menos. Saldrán 6 o 7.
Pincelar las tiras con la mermelada, colocar las medias lunas de manzana dejando la mitad inferior libre y espolvorear con la canela.
Doblar el hojaldre sobre la parte que está cubierta con las manzanas y enrollar partiendo de un extremo. Al poner de pie, ya tendremos una rosa. Terminar con todas y colocar en moldes de magdalenas.
Llevar al horno precalentado a 200º, calor arriba y abajo. Tardarán 35 minutos pero hay que vigilarlas. Si la manzana se tuesta demasiado, tapar con papel de aluminio.
Desmoldar y enfriar en una rejilla.
Espolvorear con azúcar glas antes de servir.





martes, 14 de julio de 2015

Alitas de pollo al horno con jengibre y laurel. Método Montignac


Ya comentaba en una entrada anterior, que me he apuntado al método Montignac, que es una manera diferente y más sana de comer, y a mí me gusta porque las comidas no caen pesadas, tomas más fibra, no tienes que andar mirando calorías, ni pesando las raciones. Es más: aconseja que no te quedes con hambre, es la primera vez que me lo dicen ¡increíble! En realidad, no suelo pasar hambre, no soy de mucho comer, tampoco era de engordar. Mi problema es de malos hábitos: sedentarismo y una ingesta inadecuada. Demasiados hidratos de carbono y fritos.

 Montignac era francés, y digo era, porque se murió en el año 2010, Dios lo tenga en su santa gloria. Según contaba él mismo, tenía tendencia a engordar por familia -no se sabe si por línea materna o paterna-, y harto de seguir dietas que cuando las dejaba era peor, se dedicó a experimentar con él mismo. Eso es estar desesperado y saber salir airoso.

 En cambio, y como no hay nada perfecto en este mundo, los hidratos de carbono, los azúcares y los fritos (ay, mis boqueroncitos fritos de mi alma), están super prohibidos. También tienes que andar mirando las tablas del Índice Glucémico de los alimentos, será por mirar;  hasta que te las aprendes, que no se tarda tanto. Es curioso, porque la gente que está a dieta se mata a comer sandía y melón, y Montignac debe revolverse en su tumba. Demasiado azúcar: prohibido.

Con estas recetas 'a la Montignac', no voy a contar mis historias. A ver si soy capaz de hacer una pequeña introducción y pasar directamente a lo que importa. Las que no tengan la etiqueta 'Montignca' seguirán con mis cosas de siempre, que tengo mucho que contar aún.

Alitas de pollo al horno con jengibre y laurel

Ingredientes.

1 kg de alitas de pollo.
1 cabeza de ajos.
100 ml. de aceite de oliva virgen extra.
200 ml. de vino blanco de buena calidad.
4 ó 5 hojas de laurel.
Jengibre fresco rallado.
Sal.
Pimienta.

Elaboración.

Pasar las alitas por la llama para quitar restos de plumas y pelos. Disponer en una fuente que vaya al horno y salpimentar.
Rallar el jengibre y emulsionarlo con el aceite en un cuenco. Añadir el vino blanco y batir con las varillas. Volcar sobre las alitas.
Dar un golpe a los dientes de ajo y esparcirlos sobre las alitas, así como las hojas de laurel rotas con las manos.
Entrar al horno precalentado a 200º, calor arriba y abajo. A los 30 minutos, dar la vuelta y seguir durante 30 minutos más, hasta que estén bien doradas. Sacar y reservar calientes.
Triturar la salsa y colocar en una salsera. Emplatar y servir.






domingo, 5 de julio de 2015

Lomos de bacalao con pisto

Pues esta es otra de esas recetas que se pueden hacer por dos vías: la rápida, o utilizando el carril lento, como en las autovías. Si tenemos productos de buena calidad, no tiene por qué haber problemas, el resultado es bueno en ambos casos.

La manera lenta, ya la conocemos todos: se ponen los lomos de bacalao a desalar durante 24 ó 48 horas, cambiando el agua cada 12; se hace el pisto con las verduras y se guisa todo junto. El inconveniente es que hay que acordarse de poner el bacalao en agua que, no sé vosotros, pero yo siempre me acuerdo cuando ya estoy en la cama medio dormida y no veas el agua de Levante que me entra, y luego está lo de cambiar el agua cada 12 horas, que también tiene una guasa.

En cambio, haciéndolo con los lomos de bacalao ya desalado y en su punto de sal, que los hay muy buenos, y echando mano de unos pistos enlatados muy aceptables que venden, todo son ventajas. Y si el caldo de pescado que usamos también es de los que vienen en brick, ya es como para salir en el Guinness World Records.

Se puede hacer con lomos de cualquier otro pescado: rape, merluza, rosada, pez de San Pedro, pez espada... Siempre que los lomos no tengan espinas, al tener las verduras por encima, no se verían y no es agradable ni seguro encontrarse espinas al comer. No es cuestión de salir corriendo a urgencias con una espina de pescado atravesada en la garganta.


Ingredientes

3 ó 4 lomos de bacalao desalado.

1 lata de fritada de verduras (pisto) de 400 gr.

1 vaso de caldo de pescado en brick.

Harina.

Aceite de oliva.


Elaboración

Enjuagar y secar los lomos de bacalao. Pasarlos por harina y freirlos ligeramente en aceite de oliva por los dos lados. En cuanto tomen color, añadir el contenido de la fritada de verduras y una vez haya tomado temperatura, el caldo de pescado.

Cocer a fuego medio unos minutos, lo justo para que evapore el exceso de líquido.

Emplatar y servir caliente.

La única complicación de este plato, es que hay que tener mucho cuidado para que el bacalao no se seque, tiene que quedar muy jugoso.



Wok de verduras y unas gambas locas

Tenía yo ganas de verduras. Me gusta tener en el frigo verduras para esos días en los que se desata el ansia verde, me fuí a ver qué había y, entre otras, encontré calabacines, berenjenas, pimientos, zanahorias y tirabeques ¡perfecto para un wok! Miré a ver si tenía anacardos crudos en la despensa y también había ¡qué suerte!. Habemus wok.
Me dispuse a lavar y trocear las verduras y recordé que en el congelador tenía que haber gambas de las que compro por si acaso, y me pareció una idea buenísima poner unas cuantas. Ahí empezaron los problemas, no las encontraba por ningún sitio, y eso que soy muy ordenada para estas cosas: el cajón de arriba, para pescados y mariscos, el de enmedio para carnes y el de abajo para verduras y miscelánea. Yo creo que no está mal, ¿verdad? Pues no encontraba las gambas, que no estaban, que voy a tener que poner un GPS a las cosas del congelador, hay días en los que los congelados se rebelan que da gusto. Venga a revolver y todo desordenándose, cada vez más manga por hombro. Por fin, ya despeinada y casi rendida las encontré, allí estaban al fondo donde yo juraría que había mirado un montón de veces ¡ofú con las gambas locas estas! y con ese nombre se quedaron...

El wok es una comida que se hace a fuego muy fuerte, las verduras tienen que quedar enteras y crujientes. Es mejor tener todo preparado, porque va rapidísimo.
Merece la pena, es sano y ligero. Verde, que te quiero verde...

Ingredientes

1 calabacín de tamaño mediano.
1 berenjena de tamaño mediano.
2 pimientos verdes de freir.
4 ó 5 zanahorias.
100 gr de tirabeques.
Fideos de arroz al gusto.
Un puñado de anacardos crudos.
Gambas crudas y peladas, al gusto.
Un chorrito de vino blanco.
Un chorrito de salsa de soja.
Aceite de oliva.
Sal.

Elaboración

Lavar y trocear en bastoncitos las verduras, a ser posible todas del mismo tamaño que será el adecuado para poder manejarlos con los palillos. El wok se come con palillos, con tenedor no sabe lo mismo.
Pelar las gambas.
Calentar el wok y poner el fondo de aceite. Cuando esté humeando, freír rápidamente los anacardos y reservar.
Incorporar todas la verduras y saltear. Salar si queréis.
En este punto, llevar a ebullición el agua para los fideos de arroz. Cuando hierva, echar los fideos, y apagar el fuego. Esto lo pongo en negrita, porque es muy importante, si el agua de los fideos sigue hirviendo, olvidáos. Se van a pasar y resultará una pasta muy desagradable. El tiempo será el que indique el fabricante, los míos tenían bastante con 4 minutos en remojo.
Volvemos al wok y añadimos el vino blanco. Salteamos. Añadimos la salsa de soja y salteamos de nuevo.
Los fideos ya estarán escurriendo y ahora ponemos las gambas, queremos que estén enteras, así que se harán rápidamente. Apagamos el fuego nada más echar las gambas.
Volcamos los fideos en el wok y listo para comer.
El wok, yo no lo emplato, lo sirvo tal cual y con los anacardos en un cuenco aparte para que se sirva cada uno lo que quiera.
Aquí os dejo el video.







Rabo de toro, vuelta al ruedo y Protección Civil



Resulta que tengo un trauma. Sí, sí yo tengo un trauma o herida psicológica dicho en términos profesionales que, como casi todos los traumas me viene de la infancia. Me dan miedo las ollas exprés, no lo puedo evitar. Sé que las usa mucha gente, sé que son muy aconsejables para algunos guisos, pero me dan miedo. Y esto es desde que explotó una en casa de mis padres cuando yo era pequeña. No una olla exprés normal y corriente, no; una de tamaño cuartelero, para una familia de ocho hermanos, mi padre, mi madre, la cocinera, la niñera, la del cuerpo de casa y la costurera que iba cuatro días por semana y comía allí, por supuesto. Eran otros tiempos.


Ese Jueves Santo, la cocinera libraba porque era hermana de la Cofradía de la Virgen de la Esperanza y ella tenía que estar acompañando a su virgen, ningún problema con eso. En casa había cocido todos los jueves del año, un capricho como otro cualquiera, y se hacía en la olla exprés. La costurera se quedó encargada de vigilar la marcha del guiso mientras todo el mundo iba a lo suyo. Yo no recuerdo qué estaba haciendo, sólo recuerdo la explosión ¡¡BUMM!! y la alarma: la costurera se había quemado porque intentó abrir la olla, cosa que nadie sabe cómo logró hacer. El caso es que se armó la marimorena. Se la llevaron al hospital deprisa y corriendo y allí se quedó la cocina con garbanzos y restos del cocido que llegaban hasta el techo. Menudo desastre. La chica del cuerpo de casa se puso a recoger, y mientras andaba por los suelos recogiendo garbanzos, verduras y pringá, repetía: eso, mída la je se ha liao por su culpa (de la cocinera), pa habernos matao... y tó podje ella (la cocinera) eh heddmana de la Esperanza... poh si ella eh hedmana, yo sssoy prima, tanto heddmana, tanto heddmana... Ese fue el momento en que nos dimos cuenta de que Vicenta, que así se llamaba la chica, era la que se bebía el vino de la despensa.

Y desde entonces, me da miedo la olla exprés.


Pero cuando salieron las ollas super-rápidas que dicen que son muy seguras, me compré una dispuesta a superar mi trauma. La uso, pero no lo tengo del todo superado. En cuanto el anillo llega a su tope y suena el SSHHHH, doy un respingo, bajo el fuego al mínimo, me parapeto tras la encimera justo al lado del lavavajillas, miro la hora y desde allí vigilo los ruiditos de la olla con la ansiedad subiendo por segundos. Un día de estos, voy a terminar llamando a Protección Civil para que estén conmigo por si explota la olla, que me conozco y soy muy capaz, yo.

El rabo de toro, lo hago en la olla exprés y yo le encuentro mucho mérito por mi parte, aunque no sea de toro ni nada, sospecho que es de vaca o novillo, pero os digo que si me dicen que tengo que matar a un toro para conseguir el rabo, a cambio de no tener que usar la famosa olla, puedo hasta dar la vuelta al ruedo.


Ingredientes.


2 kg de rabo de toro.

1/2 cabeza de ajos.

1/2 kg de cebollas.

200 gr de pimiento verde.

1/2 kg de tomates rojos.

1 cucharada de pimentón.

3/4 de litro de vino de Montilla.

Aceite de oliva.

Harina.

Colorante alimentario.

Sal.


Elaboración.


Limpiar de grasa sobrante los trozos de rabo. Salar y pasar por harina. Dorarlos en una sartén y colocar en la olla exprés.

En ese mismo aceite, hacer un sofrito con los ajos, la cebolla, el pimiento y el tomate, todo troceado. Añadir el pimentón y el colorante y volcar sobre la carne.

Verter el vino y cerrar la olla a presión máxima y que cueza 45 minutos. Rezar lo que sepamos y procurar mantener la calma.

Abrir la olla cuando esté bien fría y sacar los trozos de carne. Reducir la salsa y pasarla.

Colocar el rabo en una cazuela, volcar la salsa por encima y calentar.

Servir bien caliente.


Aquí os dejo el video para que veáis que he usado la olla de marras, torera que es una...